Este domingo el "Torito" Isaac del Toro Romero, el joven de 22 años nacido en Ensenada, se estará subiendo por primera vez en la historia al podio final de la carrera más importante del ciclismo mundial, tercer lugar en la clasificación general y campeón juvenil del Tour de Francia. Hasta esta edición, la mejor posición de un mexicano en el Tour pertenecía a Raúl Alcalá, quien terminó octavo en 1989 y 1990, así que lo de Del Toro no es una hazaña más; es un salto de casi cuatro décadas en el techo de lo que un ciclista mexicano había logrado en la vuelta gala.
Hace apenas unas semanas la euforia por la selección mexicana nos regaló un respiro de la polarización política y electoral. Hoy este suceso, protagonizado por un solo joven ciclista, vuelve a poner la atención nacional sobre el deporte. Y no es un dato menor, México recibió 13 de los 104 partidos del Mundial 2026, repartidos en el Azteca, el Akron de Guadalajara y el BBVA de Monterrey, y aun así, ante los ojos del mundo, pareciera que la totalidad de la fiesta y la ebullición ocurrió en México.
Hoy la noticia de ese garbanzo de a libra, con apellido y apodo como mandados hacer para el marketing, vuelve a poner a México en el foco mediático internacional.
Hacia donde quiero llevar la reflexión es a si el deporte, así sea de manera aislada y momentánea, ha demostrado que puede unirnos primero como mexicanos y después ayudar a que mejore la percepción de nuestro país en el mundo, más allá de tierra de conflictos e inseguridad. Y esto sin que exista una política pública, en ningún nivel de gobierno, que encauce a nuestra juventud y niñez hacia las rutas que el deporte puede ofrecerles.
Hasta hace poco, los personajes cultivados desde el entretenimiento y la música habían sido los "buchones", esos ídolos de series y narcocorridos. En el Mundial nos entusiasmó un joven de 17 años, Gilberto Mora, el "Morita"; hoy nos entusiasma Isaac, el "Torito". Sin duda el deporte puede ser el reflejo de un país. Estos jóvenes, sin infraestructura ni políticas sociales que los respalden, han logrado sobresalir gracias, en buena parte, a su contexto y entorno personal.
¿Qué pasaría si la Liga MX dejara de ser esa cueva donde un grupo de millonarios hace y deshace a su antojo, sin importarle la afición ni el impacto social que el futbol profesional genera en el país? El Mundial ya lo demostró. Se entiende y se justifica que son negocios, pero así como se le exige ética y probidad al gobierno, ¿por qué no exigírsela también a esos empresarios que lucran, al final, con el clima social y las aficiones?
Tenemos al lado a los estadounidenses, que nos han demostrado cómo se hacen negocios multimillonarios con el deporte sin descuidar la materia prima. Sus universidades tienen un complejo sistema formativo donde el deporte les rinde de muchas maneras, y en su sistema escolar en general es un componente formativo esencial, al igual que las artes. No son perfectos, pero al menos permiten y detectan que los jóvenes con talento o deseo de practicar algún deporte lo hagan.
Hoy que vivimos el momentum de la mujer con muchas mujeres en el poder, incluyendo por primera vez en la historia, a una mujer como Presidenta de la República, quizá deberíamos tomar como ejemplo esas ligas deportivas escolares que han llevado a Estados Unidos a ser potencia mundial del futbol femenil.
¿Qué es, entonces, lo que no nos permite construir como nación una sociedad más justa y equilibrada? ¿Puede el deporte convertirse en ese "pegamento social" que nos permita salir de este clima de inseguridad y desconfianza? ¿Cuántos jóvenes se podrían rescatar de las filas del crimen organizado si, por medio de una política pública (no de ocurrencias) bien instrumentada desde el sistema escolar, los mantuviéramos con mente sana en cuerpo sano?
No se trata de que el deporte, o su práctica, sea una varita mágica que resuelva todos los problemas estructurales pendientes. Sin embargo, sin duda podría ser una salida, un lugar donde nuestros niños, jóvenes y los no tan jóvenes soñaran más con ser un delantero goleador o un ciclista recorriendo los Pirineos, que un señor de los cielos con buchonas, “guiscoles” y narcocorridos en ferias de pueblo pagadas con nuestros impuestos. Y más ahora, cuando seguramente nos montaremos en la moda de prohibirles los celulares y las redes sociales a nuestros niños y jóvenes.
Autor: Ricardo Heredia Duarte