Hace unos días nos enteramos por las noticias que Bryan Giovanni Jáuregui Delgado, joven estudiante, trabajador y ciclista había perdido la vida cerca a la UAA, al no poder circular por la ciclo-vía debido a una reparación en la alcantarilla de ese lugar.
Las autoridades respondieron que la señalización estaba debidamente marcada, y que Bryan circulaba en sentido contrario, como si con ello buscara deslindarse de cualquier responsabilidad, y no sólo ello, que la crítica y los ojos de la opinión pública voltearan a ver al ciudadano como el culpable de su propia desgracia.
Este no es un caso aislado, es el resultado de años y años de una política hidrocálida que discrimina a los sectores vulnerables, entre ellos a trabajadores, colonias populares, ciclistas y ciudadanos que todos los días salen a buscarse el porvenir.
Son años de una ciudad deteriorada, olvidada, echada a la suerte de tener que esquivar agujeros, brincar hoyos, evitar caminos y calles que dicho sea de paso nos pertenecen.
Los olvidados son siempre los que se llevan las peores consecuencias, los que sufren la calamidad de un Municipio que ya dejó de distinguirse como el más limpio, el más ordenado, las últimas lluvias y el accidente de este ciclista sólo evidenciaron el descuido, la precariedad y el abandono.
Estimados lectores, ustedes son los mejores testigos de mis palabras, la ciudad está intransitable, la insuficiente señaletica de una obra inconclusa hoy le costó la vida a un pobre señor ciclista que regresaba a casa, que iba al trabajo, que iba a visitar a un amigo, no lo sabemos pero hoy tenemos que nombrarlo, porque él solito nos representa a todos.
La ciudad nos pertenece, la ciudad es nuestro derecho, las calles, el alumbrado, las banquetas, los árboles, los parques, todo eso forma parte de nuestro derecho a la ciudad, y lo vamos a recuperar sólo cuando seamos conscientes de que existe.