Candidata prestada

Bajo presión

Durante mucho tiempo fueron los partidos quienes fabricaban candidatos. Los formaban, los impulsaban, los protegían y, llegado el momento, los postulaban. Hoy ocurre lo contrario: son los partidos los que buscan desesperadamente candidatos capaces de compensar sus propias debilidades.

La entrevista con Lorena Martínez deja esa impresión desde los primeros minutos. Más que una aspirante tocando puertas, aparece una política consciente de que su nombre tiene valor propio. Habla con Morena, con el Partido Verde, con el PT, con PAZ; mantiene una relación institucional con el gobierno panista y reconoce que el PAN es, aunque ha sostenido conversaciones con la gobernadora Teresa Jiménez, donde menos posibilidades tendría. No parece angustiada por encontrar partido. Sabe que alguno terminará necesitando lo que ella ofrece.

La lógica tradicional se invirtió. La pregunta ya no es quién postulará a Lorena Martínez. La pregunta es qué partido está dispuesto a admitir que necesita una candidata ajena para ser competitivo.

Ahí está el verdadero mensaje de esta etapa política.

Porque si una sola figura puede recorrer prácticamente todo el espectro partidista sin modificar de manera sustancial su discurso, el problema ya no es esa figura. El problema son los partidos.

Hace tiempo dejaron de competir por sus ideas y comenzaron a competir por sus activos electorales. La identidad ideológica se volvió secundaria frente a la rentabilidad de los nombres. Da lo mismo si alguien se declara socialdemócrata, priista de formación o defensora de determinadas instituciones democráticas; lo relevante es cuánto aporta en las encuestas.

Los partidos se han convertido en franquicias electorales. Conservan colores, logotipos, himnos y estructuras territoriales, pero cada vez les cuesta más producir liderazgos propios. Ya no forman candidatos; los reclutan.

Por eso la eventual candidatura de Lorena Martínez revela más sobre los partidos que sobre ella.

En el PAN su incorporación tendría un costo interno difícil de administrar. Una expriista encabezando la candidatura obligaría a muchos panistas a aceptar que, después de décadas gobernando Aguascalientes, su partido necesita recurrir a una figura formada en otra casa política. No es una decisión sencilla, aunque electoralmente pudiera parecer rentable.

En Morena la situación tampoco es sencilla. Abrirle la puerta implicaría reconocer que, pese al crecimiento nacional del movimiento, todavía necesita importar perfiles con trayectoria para competir en la capital. También ahí surgirían resistencias entre quienes llevan años esperando que les llegue su turno.

En ambos casos la paradoja es la misma: mientras más votos aporta una candidatura externa, mayor es el malestar que provoca entre los militantes propios.

Lorena Martínez parece entender perfectamente esa ecuación. Por eso insiste en que no busca afiliarse a ningún partido y habla de construir un gobierno integrado por perfiles técnicos antes que por cuotas partidistas. Es una propuesta atractiva para el ciudadano, pero profundamente incómoda para cualquier dirigencia política. Los partidos no invierten en campañas únicamente para ganar elecciones; también esperan participar en el ejercicio del poder. Pedirles que renuncien a esa lógica equivale a pedirles que renuncien a una de las razones por las que existen.

Quizá por eso el verdadero examen de Lorena Martínez no será convencer al electorado. Las encuestas irán y vendrán. Su desafío consiste en persuadir a un partido de aceptar una candidata que pretende conservar buena parte de su autonomía política.

Y ese desafío también exhibe otra realidad.

Si todos hablan de quién llevará a Lorena Martínez y casi nadie discute quién será capaz de enfrentarla con un liderazgo construido desde las propias filas, entonces el problema ya dejó de ser una candidatura.

Es la pobreza de los partidos.

 

Coda. Los partidos todavía repartirán las candidaturas del 2027, pero cada vez producen menos candidatos. Cuando una organización política necesita pedir prestado el liderazgo para competir, quizá todavía conserve el registro, pero hace tiempo perdió la capacidad de representar.

 

 

@edilbertoaldan

 

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