Hoy se juega el último partido de este inédito Mundial. Escribimos esta colaboración el viernes por la noche, al saber que la presidenta con "A" asistirá al MetLife Stadium, en East Rutherford, Nueva Jersey, por invitación directa de Donald Trump.
Se agradece que la presidenta esté presente en el partido 104 del primer Mundial organizado simultáneamente por tres países: los del satanizado T-MEC.
Además de los 82,500 espectadores en el estadio, se espera que la final entre España y Argentina alcance una audiencia televisiva y digital global de entre 1,800 y 2,000 millones de personas. Esta cifra rompería un récord absoluto en la historia de la televisión y el streaming deportivo, superando los 1,500 millones que sintonizaron la final de Qatar 2022.
Es una lástima que la presidenta no haya asistido a ninguno de los partidos disputados en nuestro país. Pero seguramente tuvo sus razones, como ahora las tiene para asistir a este evento, que es mucho más que un partido de futbol.
De manera paradójica, llegan a la final dos selecciones de países hispanohablantes. España representa el paradigma de lo que debe ser un equipo: sin grandes figuras consagradas, pero con una asociación colectiva que, como demostró ante Francia, siempre puede vencer a las individualidades. Del otro lado está la hoy controvertida Argentina de Messi, quien a sus 39 años sigue sorprendiendo en la cancha. Más allá de las acusaciones de favoritismo de la FIFA e Infantino hacia la albiceleste, en la semifinal contra Inglaterra nadie les regaló nada: solo su hambre y la confianza de no darse nunca por vencidos.
Dejemos por un momento el análisis deportivo para hablar de lo político y lo social, y de lo paradójico y curioso que puede ser el destino: hace 17 años, un joven Messi sostenía en brazos a un bebé llamado Yamal, a quien este domingo enfrentará ya enfundado en la camiseta de España.
Sin duda será interesante ver cómo la presencia de la mandataria del país con mayor número de hispanohablantes le roba cámara a Trump. México tiene 130 millones de habitantes, y en el mundo hay más de 635 millones de personas que hablan español —cerca del 7.5% de la población mundial—, según el Instituto Cervantes. Estados Unidos cuenta con más de 45 millones de hablantes nativos, lo que lo ubica entre los diez primeros países hispanohablantes, por encima de varias naciones latinoamericanas, gracias a los flujos migratorios. España tiene una población de 49.7 millones y Argentina, de 46.5 millones.
El pasado Super Bowl LX también reflejó este peso cultural: el show de medio tiempo de Bad Bunny atrajo a 128.2 millones de televidentes en vivo en Estados Unidos y, al sumar plataformas digitales y televisión internacional, alcanzó un récord histórico de 4,157 millones de reproducciones globales, además de una marca en español de 4.8 millones de espectadores en Telemundo
Por otro lado entre la comunidad mexicana en Estados Unidos, la aprobación de Sheinbaum se ha mantenido entre el 65% y el 70% durante el primer semestre de 2026, lo que la posiciona como una de las mandatarias mejor evaluadas de América Latina.
Trump, en cambio, va en picada: su aprobación ronda el 37%, con una desaprobación de entre 59% y 61% a mediados de julio, arrastrada por el descontento con el manejo de la economía y el conflicto en Irán.
Como bien se dice, Trump no da paso sin huarache, al invitar a la presidenta seguramente espera que la diáspora mexicana lo vea con buenos ojos y eso ayude a mejorar su imagen entre la población de origen mexicano y latino en general.
El Mundial le ha dejado a México una imagen positiva en prácticamente todo el mundo. Ojalá la presidenta y el servicio exterior la aprovechen para consolidar el papel de México en el concierto internacional de naciones. Por más que la oposición la critique y sin duda enfrenta retos importantes, buena parte del mundo la ve como una estadista que, sin estridencias ni bravatas, ha sabido hacerle frente a un presidente tan locuaz para comunicar como limitado para gobernar.
Trump está a unos meses de enfrentar quizá su más difícil aduana electoral. Le vendría bien aprender un poco de español para pasar esa "border"; quizá la Dra. Que estudio en Stanford y Berkeley le pueda dar unas clases intensivas en esos 90 minutos, de cómo sobrevivir al ogro de la opinión y preferencia ciudadana.
Esperemos que la Furia Roja y la tropa de Messi no nos defrauden y regalen un buen espectáculo de futbol en el idioma de Cervantes. Que la jueguen bonito, que gane el mejor, y que la comunidad hispanohablante incluida la afición campeona del mundo, la mexicana, le muestre a Trump cómo se mueve la bola.