La sucesión adelantada

Bajo presión

Marina del Pilar cambió su defensa. Después de varios días de minimizar las filtraciones de las conversaciones en las que ofrecía “hablar de todo lo que yo pueda saber” y compartir “lo que he escuchado en las mesas de seguridad”, la gobernadora de Baja California señaló directamente a su antecesor. Asegura que le tendió una trampa.

La gobernadora agregó que Jaime Bonilla la contactó vía WhatsApp y le ofreció la reunión sobre la cual rechazó a ver haber comprometido información sensible sobre seguridad nacional, “jamás he traicionado ni traicionaría a nuestra patria, nunca he entregado ni entregaría Información que comprometa la seguridad nacional, la soberanía de nuestro país o la integridad de nuestras instituciones, inclusive como gobernadora no tengo acceso a información de seguridad nacional”

Bonilla respondió calificando esa versión como una novela y negó cualquier participación en las grabaciones; sin embargo, el comunicado del Partido del Trabajo que difundió su postura dedica su primer párrafo no a desmentir a Marina del Pilar, sino a afirmar que la gobernadora enfrenta investigaciones por narcoterrorismo en Estados Unidos y que Monserrat Caballero será la próxima gobernadora de Baja California. Si el propósito era únicamente deslindarse, resulta difícil entender por qué introducir desde el principio una candidatura para 2027. La respuesta parece política antes que jurídica. El exgobernador de Baja California está acusado de peculado, abuso de autoridad y uso ilícito de funciones por el caso Next Energy; en ese personaje, en ese enemigo político confió la gobernadora Marina del Pilar.

Durante los últimos días diversos analistas han sostenido que las filtraciones de estos audios son una operación de inteligencia de los Estados Unidos. La hipótesis supone que Washington busca incrementar la presión sobre Claudia Sheinbaum mediante una sucesión calculada de revelaciones para obligarla a actuar contra gobernadores, funcionarios o grupos vinculados con el crimen organizado. Bajo esa lógica, el gobierno mexicano tendría que responder con un golpe espectacular: capturas de alto perfil, detenciones de narcopolíticos o una demostración pública de fuerza que acredite que el Estado mexicano conserva el control de su territorio y se distingue de los grupos del crimen organizado, a diferencia de lo que asegura la DEA.

La hipótesis resulta atractiva porque ofrece un antagonista claro, desplaza la atención hacia un enemigo externo. Sin embargo, Estados Unidos difícilmente necesita construir una estrategia tan sofisticada para presionar al gobierno mexicano. Tiene instrumentos diplomáticos, comerciales, financieros, judiciales y de cooperación en materia de seguridad mucho más eficaces que una filtración anónima. Pensar que los Estados Unidos depende de audios difundidos en redes sociales para influir sobre México supone desconocer el tamaño de la asimetría entre ambos países; en especial olvida que Donald Trump no requiere ningún instrumento legal para colocar contra la pared a la presidenta.

Las nuevas justificaciones de Marina del Pilar apuntan a una dirección distinta a la explicación de los analistas que señalan a Estados Unidos. Su versión no sólo busca deslindarla de cualquier responsabilidad; también fortalece la narrativa del oficialismo al presentar las filtraciones como parte de una conspiración política y, al mismo tiempo, exhibe algo más importante: las disputas internas dentro de Morena. El señalamiento contra Jaime Bonilla, su respuesta desde el Partido del Trabajo y la aparición anticipada de nombres ligados a la sucesión de Baja California revelan que la conversación ya no gira únicamente alrededor de la relación entre México y Estados Unidos, habla de una lucha por el control político rumbo a las elecciones de 2027.

Cuando era oposición Morena concentraba toda su energía en enfrentar a sus adversarios, hoy en el poder, la oposición atraviesa una de sus etapas de mayor debilidad y los contrincantes comienzan a aparecer dentro del propio movimiento. Cuando desaparece el enemigo externo, la competencia por el poder suele trasladarse hacia el interior. Las filtraciones, los expedientes y las acusaciones cruzadas adquieren entonces otro significado: dejan de ser únicamente herramientas de presión y se convierten en armas para disputar candidaturas, gobiernos estatales y posiciones de influencia.

El exigirle al gobierno golpes definitorios contra el crimen organizado, la captura de gobernadores o alcaldes presuntamente vinculados al narco, una demostración de fuerza que calme las presiones nacionales e internacionales vuelve todavía más delicada la situación del gobierno federal. En una columna anterior sostuve que Claudia Sheinbaum enfrenta un problema de narrativa y, por tanto, de gobernabilidad. Si además las filtraciones son producto de una guerra interna, el desafío se multiplica. Ya no se trata solamente de recuperar el discurso frente a la oposición o frente a quienes difunden nuevos audios, se trata de administrar un movimiento político que comienza a disputar el poder antes de tiempo y, así, aumentar los problemas de gobernabilidad.

Una estrategia de esa naturaleza difícilmente logrará desmantelaría las redes de complicidad construidas durante décadas; en cambio, podría acelerar los reacomodos entre organizaciones criminales, provocar nuevas disputas por el control territorial y desatar una escalada de violencia en distintos puntos del país. En busca de una victoria mediática se pone en riesgo a la población sin ninguna garantía de gobernabilidad.

Las filtraciones dejan entonces de ser únicamente un instrumento para desgastar a Claudia Sheinbaum. También funcionan como un mecanismo para reposicionar actores, desacreditar adversarios internos y modificar el equilibrio de fuerzas dentro del oficialismo. Cada audio, cada expediente y cada fotografía pueden leerse como un episodio de una disputa mayor: la definición anticipada de quiénes buscan fortalecerse rumbo a las candidaturas de 2027. La confrontación ya no ocurre entre Morena y la oposición, está completamente instalada dentro del propio movimiento.

Quizá por eso conviene mirar menos las grabaciones y más las reacciones que buscan provocar. El contenido del siguiente audio importa, por supuesto, pero resulta todavía más revelador identificar a quién beneficia políticamente cada filtración. La verdadera pregunta ya no es quién grabó a Marina del Pilar ni quién difundió la conversación. La pregunta es por qué adelantar la sucesión, porque las sucesiones nunca empiezan cuando lo marca el calendario electoral, empiezan el día en que los aliados descubren que el verdadero adversario ya no está enfrente, sino sentado a su lado.

 

Coda. La salida de Ulises Lara de la Fiscalía General de la República por "motivos personales" puede ser otro movimiento de un tablero que empieza a reacomodarse. En ajedrez, las piezas cambian de valor conforme avanza la partida. En política ocurre algo parecido: cuando la sucesión se adelanta, cada movimiento deja de pensarse para gobernar y comienza a calcularse para heredar el poder.

 

@edilbertoaldan

 

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