MEJOR CREA LOS TUYOS

Libertad de opinión

Les voy a contar algo que nadie me contó. Yo lo escuché.
Hace once años, cuando Jaime Rodríguez Calderón, mejor conocido como “El Bronco”, acababa de ganar la gubernatura de Nuevo León por la vía independiente, fue invitado a San Luis Potosí para ofrecer una charla y compartir la fórmula de su triunfo. Por alguna razón, también fui invitado.
Antes de que comenzara el evento llegó Ricardo Gallardo Juárez, quien recién había ganado la presidencia municipal de San Luis Potosí. Se saludaron, intercambiaron unas palabras y, justo cuando pasaba cerca de ellos, alcancé a escuchar el consejo que “El Bronco” le dio:
“¡No batalles con los medios! Hazle como yo: mejor crea los tuyos. Así le estamos haciendo en Nuevo León y nos quitamos de broncas”.
La frase fue breve, pero resultó profética.
Lo que en aquel momento parecía una simple recomendación entre políticos terminó convirtiéndose en una especie de manual de supervivencia para el poder. Primero aparecieron algunos medios “propios”, después fueron decenas, luego cientos y hoy existen miles de páginas, cuentas, portales y membretes digitales que se presentan como medios de comunicación, aunque en realidad operan como oficinas de propaganda con foto de perfil.
Gallardo Juárez, por lo visto, tomó nota. Y no fue el único.
Actualmente, este fenómeno inunda las redes sociales con noticias falsas, información sesgada, campañas de lodo y guerras de dolo. Aunque, siendo honestos, algunas no son guerras: son auténticos drenajes electorales.
El problema no termina en la manipulación informativa. También aparece el posible “huachicoleo” de recursos públicos. Basta revisar los egresos de ayuntamientos, gobiernos y congresos para encontrar cuentas desconocidas, portales improvisados y supuestos medios que reciben una buena cantidad de dinero cada mes. Algunos tienen más convenios que lectores, más facturas que reportajes y más cercanía con el poder que con el periodismo.
Este mal, desde luego, no es exclusivo de San Luis Potosí. Se ha extendido por todo el país porque los políticos entendieron perfectamente el mensaje: resulta más cómodo crear sus propios medios, financiarlos con dinero público o incluso con recursos de procedencia poco clara, y controlar desde ahí la conversación cotidiana.
Así deciden qué se publica, qué se oculta, quién es presentado como héroe y quién debe ser arrastrado por el lodo digital. ¿Para qué depender de medios serios, incómodos o con prestigio, cuando se puede fabricar un ejército de páginas obedientes?
Además, estas cuentas funcionan de maravilla en tiempos electorales. Permiten promover candidatos, golpear adversarios y mover cantidades millonarias en publicidad que difícilmente pueden ser rastreadas por las autoridades electorales. Cuando alguna página queda demasiado expuesta, basta eliminarla. Al día siguiente aparece otra, con diferente nombre, nuevo logotipo y la misma nómina.
En el Congreso del Estado ya comenzaron con la cantaleta de regular a los medios de comunicación. En teoría, podría parecer una buena intención. El problema es que, conociendo las mañas de algunos diputados, existe el riesgo de que la regulación termine convertida en una herramienta de persecución.
No sería la primera vez.
Ya ocurrió con la iniciativa para regular la inteligencia artificial: bajo el discurso de proteger a la ciudadanía, se pueden construir mecanismos que terminen limitando la crítica, intimidando periodistas o castigando a quien resulte incómodo para el gobierno.
Por eso la pregunta va dirigida a los 27 diputados locales:
¿Van a entrarle en serio al problema, con responsabilidad, criterios técnicos y sin sesgos políticos?
¿O van a inventar otro método represivo para atacar a unos, proteger a los propios y garantizar que los medios del poder sigan cobrando, publicando y obedeciendo?
Porque regular el periodismo incómodo mientras se financia la propaganda disfrazada de noticia no es poner orden.
Es simplemente crear los tuyos… y callar a los demás.

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