A principios de los 1960s Hannes Alfvén, un físico sueco que participó en la construcción de las primeras computadoras modernas en EUA, escribió una novelita, The Tale of the Big Computer, donde describió su visión del futuro de la sociedad con las nuevas máquinas. Un cambio importante, vislumbraba Alfvén, iba a ocurrir cuando todo el conocimiento estuviera almacenado en una computadora central accesible para todos: el cierre de las escuelas. Además, y como ya vimos en los dos artículos anteriores de esta serie dedicada a la naciente sociedad digital, más o menos al mismo tiempo varios pioneros de las computadoras argumentaban que la “revolución de las computadoras” no iba a empezar sino hasta que llegaran los “nativos digitales”, generaciones desenvueltas entre computadoras desde su nacimiento. Bien, los nativos digitales no sólo ya nacieron, sino que además ya llegaron a las universidades, y en este artículo, el tercero y último de la serie, nos ocuparemos del presente y futuro de las universidades según Alan Garber, de la Universidad de Harvard, y José Antonio Lozano, de la Universidad Panamericana y del Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresa. (Aclaración: no estamos promocionando nada).En 2012 Harvard y el Tecnológico de Massachusetts, ambos en Boston, lanzaron edX (hoy llamado Axim Collaborative), un archivo digital abierto a cualquiera con conexión a internet, con todos los materiales de una infinidad de sus cursos. La profecía de Alfvén de un acceso universal al conocimiento nos había alcanzado. Pero al menos hasta hoy, 15 años más tarde, la parte de la profecía del cierre de escuelas no se ha cumplido. Las razones son al menos dos: (1) la generación y la transmisión de conocimiento no es el único “negocio” de las universidades; y (2) las universidades no echaron en saco roto el aforismo del matemático Alan Kay, uno de los creadores de la Apple moderna, “la mejor manera de predecir el futuro es inventarlo”.Las universidades tienen, como las mesas, 4 patas: (1) generación y transmisión de conocimiento, (2) desarrollo de competencias, (3) entrenamiento en inteligencia emocional, y (4) transmisión de valores.Las computadoras están poniendo en jaque a las universidades como generadoras y transmisoras de conocimiento. Pero además de que sólo ha sido de manera parcial, no es la primera vez que ocurre algo así, tenemos experiencia. Cuando pasamos de la Edad Media a la Modernidad hace 500 años, la astrología medieval cedió el lugar a la Física newtoniana. Además, la invención de la imprenta de Gutenberg, otro logro importante del hombre Moderno, aceleró significativamente la transmisión de conocimiento. Similarmente, hoy las computadoras están mejorando la manera de hacer ciencia en varias disciplinas, como en Física y en Química, que apenas en 2024 premiaron con Nobeles a computólogos. Por el lado de la difusión de conocimiento, las computadoras no están más que acelerándola todavía más (al parecer GPT-4 fue entrenado con 13 billones de tokens, equivalentes a 90 millones de libros. Como referencia, la Biblioteca del Congreso de EUA, la más grande del mundo, tiene catalogados 25 millones). Ni siquiera las fake news, tan populares en las redes sociales y las apps para el envío de mensajes, son un fenómeno nuevo: Los Protocolos de los Sabios de Sion, por ejemplo, el infame y efectivo libelo que justificó los pogromos contra los judíos en la Rusia zarista, ya tiene más de 100 años.Lozano explica la diferencia entre conocimiento y competencias preguntando cuál es la utilidad de conocer la ley si no sabes aplicarla de manera efectiva. GPT ha mejorado significativamente “nuestras” habilidades de redacción, pero las de expresión oral no… al menos no todavía. A propósito, el pasado 29 de junio el semanario The Economist publicó el artículo “The Rise of Vibe Lawyering” (“El Ascenso de la Aplicación de la Ley por Vibras”, sería una traducción literal) sobre la creciente popularidad en Inglaterra de auto-representarse en las cortes envalentonados por GPT… con resultados mixtos… al menos todavía.Yo tendría dificultades para seleccionar entre tantos casos de explotación de debilidades emocionales empoderada por GPT. ¿Qué tal Mi Marido es una IA de Alicia Framis, crónicas de una mujer que se casó con GPT? En contraste, no creo conocer ningún caso de inteligencia emocional empoderada por GPT. Lozano argumenta que la inteligencia emocional, tan necesaria en nuestra sociedad tan polarizada, es desarrollable.Jesús decía “hagan caso de todo lo que dicen los escribas y los fariseos, pero no sigan su ejemplo”. Como las competencias, si bien GPT ha mejorado significativamente “nuestras” habilidades para redactar declaraciones de valores, para vivirlos no, empezando porque no da ejemplos de nada… al menos no todavía. Lozano explicó la importancia perenne de las universidades como lugares de transmisión de valores como sigue: “quien no vive como piensa, termina pensando como vive”.En síntesis, con tres de las cuatro funciones de las funciones de las universidades todavía razonablemente a salvo de GPT, no vislumbramos su cierre… al menos no todavía. Pero, continuando con la analogía de las universidades y las mesas, una buena mesa necesita 4 patas buenas. ¿Cómo proteger contra GPT la pata de generación y transmisión de conocimiento? GPT no sólo es tan bueno como las preguntas que recibe, sino que además todavía alucina. Así, Garber alienta su uso armados de una formación humanística sólida, especialmente en Filosofía: no sólo su preocupación central son las verdades eternas, sino, y más importante, antes que conocimiento, es ejercitación de la mente para pensar críticamente. ¿Plagado de retos revivir el interés de los nativos digitales en la Filosofía en estos tiempos de vacas flacas para las Humanidades? Sin duda, pero como decía Jorge Luis Borges, “los caballeros sólo peleamos causas perdidas, las otras se defienden solas”.PD: la conversación de Lozano de junio de 2026 está disponible, al menos hasta el 9 de julio de 2026, en https://youtu.be/ZJ0aSZVbmQk; y la de Garber de abril de 2026 en https://www.youtube.com/watch?v=voI9g2oldBE&t=411s