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SanArte: Máscara

¿Quién vive detrás de la máscara creada a partir de las demandas del otro, de las heridas, los mecanismos de defensa, los roles, el deber ser y las corazas? ¿Quién habita palpitante y luminoso(a) detrás de ese, a veces, barroco recubrimiento de nuestro rostro, lleno de brillos y con una mueca de enojo, de tristeza o incluso de alegría?   Nacemos instintivos, intuitivos e inocentes y conforme nos anudamos y nos conectamos con el colectivo, la sociedad y nuestros grupos vamos poniendo capas a la máscara que servirá en todo momento como un aliado, pero que, sin embargo, también esconderá a nuestra esencia en el carnaval de la existencia humana.   Detrás del cartón o en algunos casos el metal simbólico de nuestra máscara se escuchan ahogados nuestros sentimientos, la voz poética de nuestro Espíritu y la verdad de nuestro corazón.   Y es que, en la vida, vamos experimentando escenas claramente injustas, violentas, tristes y que rasgan el Alma, así que camuflajearse nos viene bastante bien. Porque de esa forma es mucho más probable que estemos a salvo.   La máscara nos ha sido de gran ayuda y utilidad. Pero ¿Quién entonces conoce a profundidad e íntimamente a quién? ¿Quién se comunica con la verdad, el corazón, la emoción, el intelecto y el espíritu por completo, sinceramente, abiertamente con otra persona?   Las frases sociales ya creadas como recetario, nos convierten en robots que repiten burdamente sonidos guturales que no tienen esencia, ni alma, ni sentido y muchas veces es hasta ridículo. Se convierte en una dramaturgia de la vida insulsa, sin vida, eso, básicamente muerta.   Nos sabemos el guion acartonado que nuestros personajes emiten detrás de sus cartones o metales ya pegados a la piel. Y lanzamos las frases sin pensar, sin realmente poner atención al Alma que tenemos enfrente, sin mirarle a los ojos y sentir su presencia regalando con honra y con respeto nuestra propia presencia. No.   Simplemente le preguntamos cómo se encuentra, cuando en realidad esa frase hecha que podría ser tan hermosa si fuera real y un portal abierto a la verdadera amistad o conexión álmica, se convierte en un sonido sin vida.  –“¿Cómo te ha ido? – Bien gracias ¿Y a ti? –Bien gracias. Decimos los personajes de la obra que hace mucho tiempo ya, se sigue representando con el telón cerrado y sin público, porque tal vez y ya estamos solamente soñando, solamente dormidos, solamente fingiendo, o simplemente sobreviviendo.   ¿Qué hay detrás de esa falsa piel? ¿Cómo es tú máscara? ¿A qué personaje representas? ¿A la víctima, el mártir, el iracundo, la rescatadora, el niño bueno, la fantasma, el perfecto, la justiciera, el grandioso? ¿Cómo eres cuando estás en solitud? ¿Cómo es el rostro de tu esencia pura? ¿Está lastimado, escondido, dormido, mirando al vacío, reprimido o tal vez esperando? ¿Cómo es el rostro que tal vez, solo tal vez surge cuando te duchas, cuando nadie te mira? Qué lindo sería poder mostrar vulnerabilidad en todo momento y en todo lugar.   Sabemos que no es posible, que las máscaras están allí para adaptarnos y sobrevivir, pero el problema angustiante es que la máscara se haya adherido a la piel de la esencia tan rígida y desesperadamente que se nos ha olvidado que nosotros no somos eso. Si no hemos ahondado en lo que hay detrás de las actuaciones del ego, entonces, ni siquiera nos conocemos a nosotros mismos.   ¿Y qué sentido tiene entonces esta existencia si no sabemos cerrar los ojos y tener la certeza de habitar estos cuerpos animados por el ser esencial que está tejido al universo?    Cuando vivimos pensando que somos la máscara, que nos identifica un rol, los logros, de quienes somos consanguíneos, nuestras profesiones o lo que nos hemos contado a nosotros mismos que representamos, entonces no estamos siendo más que personajes de una obra de teatro colectiva que han escrito en ocasiones perversamente guionistas sin madurez alquímica.   Nos ponemos la máscara churrigueresca cuando la profunda necesidad de pertenencia es imperante y nos adaptamos a perder la autenticidad, la integridad y la coherencia. ¿Qué pasa si hoy tocas la piel de tu cara y le preguntas a tu Alma, qué hay detrás de tus personajes? ¿Cuál es tu verdadero rostro? Y siempre protegiéndote y amándote sales al mundo dejando que hable, se mueva, se exprese, pida, juegue, opine, cree e ilumine al entorno tu verdadero rostro.   No digo que no pueda existir un colapso, pero será uno que te hará crecer unas alas adentro de la tumba-jaula, para que tu verdadera esencia, la voz de la verdad, de la dulzura, de la sabiduría, del orden, del amor y la conciencia sean las que se escuchen como trinos, como olas, como viento. ¿Quién eres querido(a) amigo(a) detrás de tus personajes? Al Universo entero que ya te ama exactamente tal y como eres le fascinará mirar tu faz que es la imagen misma de la Divina presencia de luz. Gracias por caminar juntos.   Tu terapeuta.   Claudia Guadalupe Martínez Jasso.
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