¿'La Chuya' es el PAN de hoy?

Desde el Lunar Azul

Pues nada, estimados lectores y lectoras de este rincón azulado, terminamos la semana con una pregunta incómoda, pero necesaria.

 

¿Qué queda del Partido Acción Nacional que fundaron Manuel Gómez Morín y Efraín González Luna?

 

Vale la pena recordarlo. El PAN no nació como una simple oposición al partido oficial. Surgió en 1939 como una propuesta ética frente al presidencialismo dominante. Sus pilares eran claros: la dignidad de la persona, el bien común, el Estado de derecho, la subsidiariedad, la democracia representativa y la convicción de que el poder debía estar limitado por instituciones, no por caudillos.

Durante décadas, Acción Nacional presumió algo que ningún otro partido podía reclamar con tanta fuerza: una doctrina.

Mientras otros construían clientelas, el PAN decía formar ciudadanos. Mientras otros repartían cargos, el PAN hablaba de mérito. Mientras otros justificaban los excesos del poder, el PAN ofrecía una autoridad moral distinta.

Esa fue, precisamente, su mayor fortaleza.

Pero la política también desgasta las identidades.

Hoy resulta difícil encontrar, en las dirigencias panistas, figuras reconocidas por su pensamiento político. Los grandes ideólogos fueron sustituidos por operadores electorales; la discusión doctrinaria cedió su lugar al control de estructuras; la formación de cuadros fue desplazada por la administración de grupos internos.

 

Los ejemplos abundan.

Marko Cortés terminó por exhibir públicamente, en Coahuila, un acuerdo político donde se negociaban posiciones administrativas y espacios institucionales como parte de una alianza electoral. Más allá de cualquier responsabilidad jurídica, el episodio dejó ver una lógica que el viejo PAN habría condenado: convertir al Estado en moneda de negociación entre partidos.

Jorge Romero enfrenta un desafío distinto. Su liderazgo se explica por el control organizativo y territorial del partido, mientras las acusaciones políticas relacionadas con el llamado "Cártel Inmobiliario" siguen acompañando su trayectoria. No existe una sentencia en su contra, pero tampoco puede ignorarse el costo político de dirigir un partido cuya principal bandera histórica fue, precisamente, la honestidad pública.

 

En los estados gobernados por Acción Nacional tampoco faltan las contradicciones. Chihuahua, Aguascalientes, Querétaro y Guanajuato han enfrentado controversias por contratos públicos, investigaciones, cuestionamientos patrimoniales o decisiones administrativas que difícilmente armonizan con el discurso de transparencia y buen gobierno que por años distinguió al panismo.

No significa que todos hayan cometido delitos. Significa algo quizá más delicado: que el PAN ya no exige a sus propios cuadros el estándar ético superior que durante años exigió a sus adversarios.

Y cuando un partido deja de medir a los suyos con la vara de sus principios, inevitablemente comienza a parecerse a aquello que juró combatir.

Toda esta reflexión termina por aterrizar en Aguascalientes, en la figura de la senadora conocida como "La Chuya".

No porque ella sea la responsable de la crisis doctrinaria del PAN, sino porque representa una pregunta incómoda para la militancia panista.

¿Es ese el perfil que mejor expresa el humanismo político del partido?

¿Es ese el liderazgo que imaginaron Gómez Morín y González Luna cuando hablaban de ciudadanos ejemplares, responsabilidad pública y autoridad moral?

 

Quizá el problema no sea "La Chuya".

Quizá el problema sea que hoy, dentro del PAN, pocos parecen hacerse esa pregunta.

Porque los partidos cambian. Sus dirigentes también. Lo verdaderamente preocupante es cuando dejan de reconocer la distancia entre lo que alguna vez dijeron ser y aquello en lo que terminaron convirtiéndose.

El PAN conserva sus documentos básicos. Conserva su historia. Conserva sus principios escritos. Lo que parece haber perdido es la capacidad de convertirlos en criterio para elegir a quienes lo representan.

 

Y ahí está la verdadera crisis. No la jurídica. No la electoral. La moral.

Por eso la pregunta queda sobre la mesa: si hoy un ciudadano observa a los dirigentes nacionales, a sus gobernadores y a personajes como "La Chuya", ¿está viendo una excepción... o está viendo el retrato más fiel del PAN de 2026?

 

Ahí dejo esta roca.

 

Empújela usted.

Yo vuelvo, como siempre.

 

 

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