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Cinco mediciones sencillas pueden anticipar el riesgo futuro de enfermedad cardíaca

Presión arterial, colesterol no-HDL, glucosa, tabaquismo e índice de masa corporal permiten estimar con notable precisión el riesgo cardiovascular a largo plazo.

Un gran análisis internacional con más de dos millones de personas, procedentes de 133 cohortes en 39 países y seis continentes, concluye que cinco mediciones sencillas permiten anticipar buena parte del riesgo futuro de enfermedad cardiovascular y de muerte prematura.   La idea es muy simple. En muchos casos, el futuro del corazón ya está escrito -al menos en parte-, en cifras que aparecen en una revisión bastante corriente. Esas cinco variables son la hipertensión arterial, el colesterol no-HDL elevado, la diabetes o alteración de la glucosa, el tabaquismo y un índice de masa corporal fuera de rango. En el estudio, publicado en la revista New England Journal of Medicine, los investigadores evaluaron esos factores a los 50 años y estimaron cómo afectaban al riesgo acumulado hasta los 90.   Los resultados son difíciles de ignorar. Las mujeres que llegaban a los 50 con los cinco factores de riesgo presentaban un riesgo acumulado de enfermedad cardiovascular del 24%, frente al 13% en quienes no tenían ninguno. En hombres, la diferencia iba del 38% al 21%. Además, no tener esos cinco factores se asociaba con 13,3 años más de vida libre de enfermedad cardiovascular y 14,5 años más de vida total en mujeres; en hombres, la ganancia era de 10,6 años sin enfermedad cardiovascular y 11,8 años de vida total.   La primera es la presión arterial, y en particular la sistólica, el número alto de la tensión. El estudio la señala como uno de los factores con más peso en el riesgo cardiovascular futuro. De hecho, controlar la hipertensión entre los 55 y 60 años fue una de las modificaciones más rentables en años de vida saludable ganados.   La segunda es el colesterol no-HDL, una medida menos popular que el LDL (conocido como colesterol 'malo') pero muy útil porque agrupa el conjunto de lipoproteínas aterogénicas, es decir, las que favorecen la obstrucción arterial. En este análisis, se consideró factor de riesgo un valor igual o superior a 130 mg/dL.   La tercera es la glucosa alta o la presencia de diabetes, que aparece como uno de los grandes aceleradores del riesgo. En el trabajo, la ausencia de diabetes a los 50 años se asoció con varios años extra de vida libre de enfermedad cardiovascular y de muerte por cualquier causa.   La cuarta es el tabaco, que sigue siendo una de las variables más devastadoras y, al mismo tiempo, más claramente modificables. Dejar de fumar entre los 55 y 60 años se asoció con las mayores ganancias en años de vida total entre los cambios analizados en la mediana edad.   La quinta es el índice de masa corporal. Aquí hay un matiz importante: el riesgo no aumentó solo con sobrepeso u obesidad, sino también con bajo peso. En este estudio, un IMC inferior a 20 o igual o superior a 25 también se consideró desfavorable. Es un recordatorio de que el corazón tampoco se beneficia de los extremos.   Una de las conclusiones más esperanzadoras del estudio es que nunca es demasiado tarde para mejorar algo. Aunque llegar a los 50 sin esos factores ofrece la mejor perspectiva, modificar algunos de ellos entre los 55 y 60 años también se tradujo en beneficios reales. Controlar la tensión arterial aportó la mayor ganancia en años libres de enfermedad cardiovascular, mientras que dejar de fumar ofreció la mayor ganancia en esperanza de vida total.   Este trabajo es observacional, no un ensayo clínico, por lo que detecta asociaciones robustas, pero no puede demostrar causalidad absoluta. Además, no incluye todos los determinantes posibles, como dieta, actividad física o factores sociales. Aun así, por su tamaño, diversidad geográfica y consistencia, refuerza el valor de la prevención cardiovascular clásica.  
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