Bajo presión
Concluyó el registro de los aspirantes de Morena a convertirse en candidatos a las 17 gubernaturas que se disputarán en el 2027. Esa misma semana el Instituto Nacional Electoral aprobó la solicitud de registro de dos partidos políticos: Somos México y Construyendo Sociedades de Paz. La elección del 2027 ya arrancó, más allá de las fechas oficiales establecidas por la autoridad electoral.
En el país, la oposición se ofende y denuncia en medios que Morena se está adelantando, al mismo tiempo que anuncia métodos similares para la elección de sus posibles candidatos, si Morena violenta los tiempos registrando a cientos de Coordinadores Estatales en Defensa de la Transformación y la Soberanía Nacional, el PAN y el PRI nombran defensores de México o de la Familia, Patria y Libertad, dejando atrás sus quejas.
Morena informó que se registraron 277 aspirantes, 123 de ellos acudieron de manera presencial al World Trade Center Ciudad de México y 154 lo hicieron de manera digital. El mensaje de la dirigencia nacional ha sido muy claro, se trata de unir al movimiento, no de fragmentarlo, Ariadna Montiel lo señaló en su mensaje, tras agradecer la confianza de los militantes de base, quienes se registraron a “un proceso transparente, horizontal, democrático, pero sobre todo que tiene como eje fundamental fortalecer a nuestro Movimiento”.
La dirigencia tiene claro que 2027 es un punto de quiebre y le urge salir a las calles a recuperar un liderazgo y representación que el ejercicio del poder ha desgastado, los malos resultados de varios gobiernos estatales, los escándalos de los gobernadores morenitas, las acusaciones por presuntos vínculos con el crimen organizado y una serie de comportamientos inadecuados (por no decir criminales) de consentidos del gobierno consiguen que la fe ciega en Morena se transforme en rechazo.
Todo indica que esta urgencia de Morena por unificar no está siendo tomada en cuenta por los suspirantes, al menos no en Aguascalientes.
En esta farsa de elegir defensores, en Aguascalientes se registraron: Nora Ruvalcaba, Salma Luévano, Genny López Valenzuela y Ricardo Rodríguez, los cuatro estarán en la encuesta que se levantará después del Mundial, los perdedores, desde ahora, se estarán quejando de que no hubo piso parejo, que ya todo estaba decidido y, una vez más, habrá expresiones de la militancia morenita para señalar que en Aguascalientes el partido está en manos de unos cuantos.
Tras las elecciones, si todo ocurre como indican las encuestas y Acción Nacional le gana a Morena, el partido festejará el increíble crecimiento del movimiento y acusará al gobierno estatal de algún fraude, el consabido complot.
La prueba de que el discurso de la unidad termina donde comienzan los intereses de grupo está en las declaraciones de los propios aspirantes. Arturo Ávila no anunció que buscaría encabezar un proyecto para defender la Cuarta Transformación desde la alcaldía Cuauhtémoc; dijo que va por Morena para recuperar esa demarcación. El verbo importa. Recuperar un territorio no es lo mismo que construir un gobierno. La lógica es electoral, no política; patrimonial, no programática.
Esa misma lógica domina en Aguascalientes. Cada cabezas de grupo está ocupada en preservar su parcela de poder, colocar a los suyos y desplazar al adversario interno. La discusión no gira en torno a cómo convencer a una ciudadanía desencantada ni a qué proyecto ofrecer para el estado; gira alrededor de quién controlará las candidaturas.
Afuera de Morena existe una ciudad que reclama representación. Una ciudad donde el deterioro de los servicios públicos es evidente, donde la movilidad empeora, donde la infraestructura envejece, donde la inseguridad deja de ser una percepción para convertirse en experiencia cotidiana. Existe un malestar social que ningún liderazgo opositor ha conseguido interpretar, mucho menos encabezar.
Paradójicamente, el gobierno estatal enfrenta uno de sus momentos de mayor desgaste, pero Morena no logra convertir ese desgaste en una alternativa competitiva. No porque le falten figuras conocidas, sino porque le sobra guerra interna. Cada grupo está tan concentrado en derrotar al compañero que olvida enfrentar al adversario político.
La dirigencia nacional insiste en hablar de unidad porque entiende que sin ella será imposible conservar la fuerza electoral que llevó a Morena al poder. En Aguascalientes, en cambio, los liderazgos parecen convencidos de que primero deben ganar la disputa entre ellos y después pensar en los ciudadanos. Es una apuesta peligrosa.
Las elecciones no las gana quien acumula más corrientes internas, sino quien consigue representar el ánimo de la sociedad. Hoy, el enojo de miles de aguascalentenses por el estado de una ciudad que funciona cada vez más como una Ciudad-Estado, aislada de las decisiones nacionales y atrapada en sus propios problemas, sigue sin encontrar una oposición capaz de darle voz.
Morena puede organizar todas las encuestas que quiera y registrar a cientos de “coordinadores”. Pero mientras sus dirigentes locales sigan peleando por el control del partido en lugar de disputar la representación del descontento ciudadano, el principal beneficiario de sus divisiones seguirá siendo Acción Nacional. No porque gobierne mejor, sino porque enfrente todavía no aparece alguien dispuesto a hacer política fuera de la lógica de las tribus.
Coda. Quien conquista un partido obtiene una candidatura. Quien representa un descontento puede conquistar un gobierno.
@edilbertoaldan