El oncólogo Antonio Cubillo Gracián asegura que la detección temprana, la medicina personalizada, la inmunoterapia y la inteligencia artificial están transformando la forma de diagnosticar y tratar distintos tumores.
La oncología vive una etapa muy distinta a la de hace 20 años. Tumores que antes tenían pocas alternativas hoy pueden controlarse durante años e incluso, en algunos casos, curarse aun cuando se encuentran en etapas avanzadas.
Así lo explica el doctor Antonio Cubillo Gracián, director del Centro Integral Oncológico Clara Campal, jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario HM Sanchinarro y uno de los especialistas más reconocidos de España.
El médico sostiene que el gran cambio no se debe a un solo descubrimiento, sino a la suma de varios avances: diagnósticos más tempranos, pruebas moleculares más precisas, mejores estudios de imagen, inmunoterapia y tratamientos diseñados según las características de cada paciente.
“Hoy hay situaciones clínicas con enfermedad metastásica que antes no eran curables y ahora sí lo son”, afirma el especialista.
Uno de los puntos centrales para Cubillo es el diagnóstico hipertemprano, es decir, la posibilidad de encontrar señales de cáncer antes de que la enfermedad avance o dé síntomas claros.
Este tipo de detección permite iniciar tratamientos menos agresivos, con mayores posibilidades de éxito y con una recuperación más rápida para el paciente.
El oncólogo destaca que cánceres frecuentes como el de colon, mama, pulmón, vejiga, ovario, melanoma y páncreas ya no se enfrentan de la misma manera que hace dos décadas. Hoy existen más herramientas para conocer el comportamiento del tumor y elegir una ruta terapéutica más precisa.
La llamada medicina de precisión dejó de ser una promesa para convertirse en una práctica cada vez más común. Consiste en analizar las características moleculares del tumor y del propio paciente para seleccionar el tratamiento con mayores probabilidades de funcionar.
Esto incluye estudios genéticos, pruebas sobre la capacidad del organismo para metabolizar ciertos medicamentos, análisis de compatibilidad inmunológica y detección de biomarcadores.
En algunos casos, también se emplea la biopsia líquida, una prueba realizada a partir de una muestra de sangre que permite identificar rastros moleculares del tumor sin necesidad de procedimientos más invasivos.
Para Cubillo, el objetivo es claro: llegar al punto en que cada persona reciba desde el inicio el tratamiento más adecuado para su tipo de cáncer.
La inmunoterapia ha sido uno de los avances más importantes contra ciertos tipos de cáncer, pero no todos los pacientes responden de la misma forma.
Por eso, los especialistas buscan biomarcadores que permitan anticipar si una persona puede beneficiarse de este tipo de tratamiento. En el cáncer colorrectal, por ejemplo, la inmunoterapia puede ser especialmente útil en tumores con alta inestabilidad de microsatélites o con alteraciones en los mecanismos de reparación del ADN.
Estos estudios permiten evitar tratamientos innecesarios y enfocar los esfuerzos en terapias con mayor posibilidad de éxito.
Otro cambio relevante, de acuerdo con Cubillo, es la forma en que se decide el tratamiento en personas mayores. Aunque la edad importa, no debe ser el único factor.
El estado general de salud, las características del tumor, la capacidad del paciente para tolerar ciertos medicamentos y los resultados de pruebas moleculares pueden ser más importantes que el número de años cumplidos.
Esto significa que dos personas de la misma edad pueden tener opciones médicas muy diferentes.
El especialista también señala que algunos tipos de cáncer se están convirtiendo en enfermedades crónicas. Es decir, aunque no siempre se logra una curación completa, sí es posible mantener el tumor bajo control durante largos periodos.
Gracias a los nuevos tratamientos, cada vez más pacientes pueden continuar con sus actividades, proyectos personales y vínculos familiares mientras reciben seguimiento médico.
La inteligencia artificial también comienza a tener un papel importante en la oncología. Su uso podría ayudar a identificar personas con riesgo de cáncer aunque no cumplan con los criterios tradicionales de alerta.
Un ejemplo son los posibles casos de cáncer de pulmón en personas que nunca han fumado. Con herramientas más avanzadas, los médicos podrían detectar patrones de riesgo y decidir qué estudios realizar antes de que la enfermedad avance.
Además, la IA puede mejorar la precisión en estudios radiológicos, procedimientos quirúrgicos y seguimiento posterior al tratamiento.
Después de hablar de tecnología, genética e inmunoterapia, Cubillo menciona una recomendación que parece sencilla, pero que considera fundamental: mantener vínculos afectivos.
De acuerdo con su experiencia con miles de pacientes, las personas que se sienten acompañadas por familiares, amigos y personal médico suelen enfrentar mejor la enfermedad.
Para el oncólogo, la calidad de vida no depende únicamente del tratamiento técnico, sino también del apoyo emocional. Por eso resume una de sus principales lecciones con una idea poco habitual en medicina: además de buenos hábitos y revisiones médicas, también es importante “tener muchos amigos”.
Aunque los avances médicos han abierto nuevas posibilidades frente al cáncer, los especialistas recuerdan que la detección oportuna sigue siendo clave. Ante cualquier síntoma, antecedente familiar o duda sobre la salud, lo recomendable es acudir con personal médico y evitar el autodiagnóstico.