Bajo presión
Estar listo y estar preparado no necesariamente significan lo mismo. La diferencia parece menor, pero puede decidir una elección. Listo está quien madruga para aparecer en la fotografía, quien llena de propaganda las avenidas y presume las encuestas que lo favorecen. Preparado está quien entiende el momento político y sabe leer el tablero antes de mover las piezas.
A juzgar por la ansiedad que muestran quienes aspiran a suceder a Leonardo Montañez en la presidencia municipal de Aguascalientes, son muchos los que están convencidos de que basta con ser visibles para convertirse en inevitables. Bardas, espectaculares, entrevistas, reuniones y recorridos forman parte de una competencia adelantada que todavía no tiene reglas definitivas, pero ya exhibe un error de origen: los aspirantes están corriendo una carrera distinta a la que probablemente terminará celebrándose.
Durante meses se dio por hecho que la capital sería reservada para una mujer como parte de las acciones afirmativas impulsadas por el Instituto Estatal Electoral. Todo indica que ese escenario difícilmente prosperará en los términos en que fue planteado. La obligación jurídica podría desaparecer. Lo interesante es que el escenario político cambió desde que comenzó la discusión y difícilmente volverá al punto de partida.
Las panistas que habían moderado sus aspiraciones regresaron a la competencia. No porque una resolución judicial vaya a favorecerlas, sino porque el contexto abrió nuevamente la posibilidad de disputar la candidatura en condiciones reales. La discusión dejó de ser legal para convertirse en política.
La pregunta no es si una sentencia obligará a postular a una mujer. La pregunta es qué mensaje enviaría el partido gobernante si, teniendo perfiles competitivos de ambos géneros, volviera a apostar por un hombre, por el simple hecho de presumir que están listos.
Paradójicamente, mientras varios de los aspirantes masculinos concentran sus esfuerzos en ganar la conversación dentro del PAN, el escenario comienza a favorecer a quienes pueden ofrecer algo distinto: continuidad sin desgaste, experiencia sin confrontación y renovación sin romper con el grupo gobernante. La competencia no la ganará quien acumule más espectaculares o bardas, sino quién represente un mejor proyecto para una Ciudad Estado que está pasando por uno de los momentos más complicados en cuanto a servicios y seguridad, sin contar que el gobierno estatal sólo deja promesas de obra e infraestructura.
Si el PAN quiere ganar la capital, ya sin recargarse en la figura de Teresa Jiménez (como se ha acostumbrado a hacer en los últimos procesos electorales), debería presentar un proyecto político panista, que haga suyas las posibles ventajas del largo mando teresista y, al mismo tiempo, tenga la capacidad de deslindarse de los errores de quienes ha estado al frente de la presidencia municipal y el gobierno estatal.
Para presentar ese proyecto, lo primero es que el PAN aprenda a nadar sin vejigas. De nuevo: unidad, un partido capaz de presentarse como opción por la marca misma, no ligado a una sola voluntad; recuperar la confianza de su militancia y simpatizantes en las siglas, hoy dependen de una estructura que se moviliza de acuerdo a la voluntad de la gobernadora y nadie más.
Las encuestas siguen colocando al PAN en una posición privilegiada frente a sus adversarios, pero algunos aspirantes confunden la costumbre de votar por la marca con la fortaleza de sus aspiraciones personales. Copian la estrategia de posicionamiento permanente que Morena ha convertido en costumbre nacional, sin detenerse a revisar por qué Aguascalientes ha sido una excepción.
Morena adelanta candidaturas porque espera que la exposición pública sustituya la construcción política, el PAN imita la fórmula. La diferencia es que Acción Nacional llega con una ventaja que no construyeron los espectaculares, sino años de gobiernos consecutivos. Desperdiciarla por una competencia interna desordenada es un error innecesario.
En Aguascalientes, Morena tampoco termina de comprender el tablero. En lugar de aprovechar el desgaste natural de quien gobierna, insiste en exhibirse como una franquicia atrapada en las disputas de sus tribus. Más que una oposición articulada, parece una cubeta de cangrejos donde cada grupo sólo trabaja para impedir el avance del otro, mientras todos esperan que, como ha ocurrido todas las veces, desde el centro llegue la mano que reparta candidaturas y posiciones.
En el PAN el reto tampoco es menor. Más allá del nombre que finalmente aparezca en la boleta, el partido necesita recuperar una narrativa propia. Durante demasiado tiempo la identidad panista ha quedado subordinada a la fuerza política de quienes han gobernado primero la capital y después el estado. Aguascalientes se ha vuelto más teresista que panista, y esa es una fortaleza mientras el liderazgo permanezca intacto, pero también una vulnerabilidad hacia el futuro.
La sucesión en la capital no debería reducirse a una competencia de egos ni a una medición semanal de encuestas. Lo que está en juego es la definición del proyecto que buscará gobernar la ciudad en la siguiente etapa.
Estar listo consiste en pintar bardas, contratar espectaculares y repetir que las encuestas favorecen a uno u otro aspirante. Estar preparado significa entender que el contexto político cambió y que la elección que muchos imaginan quizá nunca ocurra.
Mientras varios siguen compitiendo entre ellos para demostrar cuál hombre merece la candidatura, la coyuntura parece estar construyendo, silenciosamente, un escenario distinto: uno en el que la próxima presidenta municipal de Aguascalientes bien podría ser una mujer.
Si en el PAN respetaran sus propios perfiles, Alma Hilda Medina y Paloma Amézquita llegarían con ventajas que van más allá de cualquier encuesta. No sólo por trayectoria o capacidad, sino porque representan una respuesta política al momento que vive el partido. El problema es que, como ocurre con todos los aspirantes blanquiazules (hombres y mujeres), cargan con el mismo lastre: el temor a incomodar a la gobernadora.
Ahí está la diferencia entre estar listo y estar preparado. Lo primero consiste en convencer a un grupo político de que uno merece la candidatura; lo segundo, en entender qué necesita el electorado para refrendar su confianza. Si el PAN insiste en escoger al aspirante que más ruido haga, corre el riesgo de desperdiciar la ventaja que todavía conserva. Si, en cambio, comprende la elección que viene, descubrirá que la pregunta ya no es si una mujer puede gobernar la capital, sino si el partido tendrá la inteligencia para reconocer que, esta vez, la mejor candidatura podría ser una mujer.
Coda. El mayor riesgo para el PAN no es perder la elección; es ganar la candidatura equivocada.
@edilbertoaldan