Desde el Norte
Nació en San Pedro, Coahuila, en la Comarca Lagunera, y fue hijo de su tiempo: el de la Revolución y el México del siglo XX. Sus restos descansan en la Rotonda de las Personas Ilustres, en el Panteón de Dolores, muy cerca de las tumbas de Cesáreo Castro y Miguel Ramos Arizpe. Fue, además, dos veces titular de la dependencia encargada de la defensa de la patria.
Era soldado, pero también un escritor excepcional. Dueño de una pluma privilegiada y de una disciplina extraordinaria, a su regreso del exilio se estableció en Pachuca para vivir y trabajar, siempre acompañado de una máquina de escribir. Cuenta el sabio Menes Llaguno que pronto se integró a la vida intelectual de la ciudad y que, junto con otros escritores, asumió el compromiso de entregar un texto cada semana.
Fue el único que cumplió su palabra. A mí me correspondió autorizar la publicación de esos trabajos en un libro que, bajo el patrocinio del Gobierno del Estado de Coahuila, apareció con el título Un hidalgo coahuilense.
Buena parte de la vida de Urquizo puede conocerse a través de sus obras. Algunas son autobiográficas o de carácter testimonial; en otras incorpora experiencias personales y resulta evidente que él mismo es uno de los protagonistas.
Su curiosidad intelectual lo llevó a rescatar historias y episodios de gran interés. El capitán Arnaud, por ejemplo, narra la vida de un hombre marcado por el cumplimiento del deber y por la pérdida de una parte del territorio nacional. Con Mi tío Juan incursionó en el surrealismo; con 3 de Diana, en la historia militar.
Revolucionario desde los primeros días, tras la muerte de Madero se unió a Carranza y permaneció en ese bando hasta Tlaxcalantongo. La llegada de los sonorenses estuvo a punto de costarle la vida y lo condujo al exilio, al otro lado del Atlántico. En la rueda de la fortuna que representó la Revolución, la caída política de Calles significó la rehabilitación del sanpetrino. De una modesta oficina de Hacienda en la capital hidalguense pasó, durante el gobierno de Ávila Camacho, a ocupar la Subsecretaría de la Defensa y, posteriormente, la titularidad de esa dependencia.
3 de Diana es el relato de aquella época, marcada por el estallido de la Segunda Guerra Mundial y por la compleja posición geopolítica de México. El país enfrentaba, por un lado, a unos vecinos con la disposición de intervenir, por las buenas o por las malas, en nuestro territorio; y, por otro, a alemanes y japoneses que buscaban capitalizar el resentimiento provocado por los agravios que Estados Unidos había infligido a México durante el siglo XIX.
Hace unos días salió a la venta La seguridad nacional de México. Reflexiones y propuestas desde la experiencia, obra firmada por Jorge Tello, Guillermo Valdés, Eduardo Medina, Jorge Carrillo, Alejandro Alegre y Luis Herrera Lasso, todos ellos protagonistas de la inteligencia civil mexicana y responsables, en distintos momentos, de las tareas de seguridad nacional desde el CISEN. Bajo el sello editorial Pluma de Bambú, los autores ofrecen una reflexión sobre los desafíos que hoy enfrenta el país en esta materia.
Asistí a una de las presentaciones y leí el libro de un tirón. Al concluirlo, llegué a una conclusión contundente: Morena tiró el agua de la bañera con todo y niño.
En uno de sus capítulos se desarrolla una reflexión particularmente interesante sobre 3 de Diana y su importancia para comprender tanto la historia de la relación entre México y Estados Unidos como los desafíos permanentes de la seguridad nacional. La lectura de Urquizo permite entender que la defensa del país no depende únicamente de las armas o de los ejércitos, sino también de la inteligencia estratégica, la comprensión del entorno internacional y la capacidad del Estado para anticipar riesgos, peligros y amenazas.