¿Quién le teme a Lorena Martínez? Los políticos que llegan por imposición de cúpulas, sin experiencia, sin formación, sin logros. Los que saben de su carrera profesional y leen las encuestas que, sin importar el partido por el que vaya, la colocan en los primeros lugares, por arriba de los mismos nombres de siempre o los nuevos aspirantes que se consideran listos para ocupar un cargo por el simple hecho de que les guiñaron el ojo en un acto público.
Otra vez, Lorena Martínez confirmó que busca estar en la boleta electoral del 2027, subrayo: de nuevo, esa declaración se repite cada tanto, y cada ocasión en que la realiza levanta ámpula entre la clase política local desatando reacciones en contra de su posible postulación, siempre por conducto de memes, chistes y comentarios en las columnas, no se abre un diálogo público sobre la pertinencia de sus aspiraciones.
Lo que hace diferente esta revelación de sus aspiraciones a otras ocasiones, es que Lorena Martínez le puso nombre al cargo que buscará (la presidencia municipal); señaló que está en busca del partido que mejor se acople a un proyecto que ya tiene y está enfocado a resolver los problemas principales de la capital, sin indicar nombres, mencionó que siempre ha contado con dos partidos y descartó ir por el Revolucionario Institucional porque tiene diferencias con la dirigencia, “Amo al PRI como partido, pero no a la dirigencia” y remató con la posibilidad de una tercera vía: ser candidata independiente.
A este entorno hay que sumar las declaraciones de Nora Ruvalcaba, quien abrió las puertas de Morena a Lorena Martínez señalando que cualquiera puede estar en la encuesta, no sólo eso, reconoció las obras impulsadas durante la administración lorenista y dijo que habría que darles continuidad. Además de referirse con simpatía al trabajo de la exalcaldesa, vio con agrado sumarla a los aspirantes morenitas y amplió las opciones partidistas a las que Lorena Martínez se puede sumar.
Las aspiraciones y el modo de anunciarlas de Lorena Martínez es una carambola a múltiples bandas que, a pesar de no ser novedosa, agarra mal parada a la clase política local, acostumbrada a la entrevista cómoda, el comentario por debajo del agua, el chismecito en los chats, jamás al debate con argumentos e ideas y que confunde la estrategia con repartir dinero.
La gubernatura de Aguascalientes la va a ganar Antonio Martín del Campo o Leonardo Montañez Castro, cualquiera de los dos, al menos eso dicen todas las encuestas serias: el candidato que Acción Nacional ponga en la boleta se llevará las elecciones del 2027. Las mismas encuestas señalan una ventaja similar para el panismo en la elección de presidente municipal de la capital. Con esa información en la mano resulta increíble que la declaración de Lorena Martínez sea recibida de manera tan agresiva.
El panismo no tendría que preocuparse por la postulación de Lorena Martínez, pero todos los candidatos blanquiazules viven en la comodidad de esas encuestas y les basta declararse listos para ocupar la candidatura, sin necesidad de demostrar a nadie que cuentan con un proyecto o que tienen el respaldo popular; lo que le da ventaja a la exalcaldesa.
A Lorena Martínez se le acusa de traidora por dos razones: su rechazo a ir por el PRI. No es necesario explicar que el Revolucionario Institucional le ha dado la espalda a sus militantes, que la actitud de la cúpula, de una dirigencia sin rumbo ni propósito ha alejado a sus mejores cuadros y que en el electorado, el reconocimiento que tiene Lorena Martínez es más por su desempeño en la presidencia municipal que por ser tricolor. El rechazo al PRI se lo ganó a pulso el partido político y si algo tiene la exalcaldesa es simpatía por su persona, no por la marca partidista.
También se le dice traidora porque trabaja para el gobierno de Teresa Jiménez. Bajo esa lógica, no solo Lorena Martínez, todos los aspirantes panistas son traidores. Ese argumento se rompe fácilmente porque la exalcaldesa no ha descartado buscar un lugar en el PAN; hay que agregar que el nuevo partido blanquiazul se obligó a abrir sus puertas a candidatos ciudadanos y ponerlos a competir en una encuesta, ¿a eso es a lo que le tienen miedo los que juran estar listos?
Cuando se señala que la candidatura de Lorena Martínez va a molestar a la gobernadora, porque le está jugando en contra, se deja de pensar en que la multiplicación de las aspiraciones de los blanquiazules es una de las manos de Teresa Jiménez, quien al mismo tiempo que negocia con la dirigencia central panista el futuro de todas las candidaturas y su posibilidad real de incidir, permite que sus empleados y miembros del partido se lancen al vacío, hagan su esfuerzo y gasten sus recursos para simular una competencia brutal, cuando todos los peones saben que el juego está en la protección de la reina y mantener vivo al rey.
La gobernadora no tiene razón alguna para, en este momento, manifestar públicamente su disgusto o aprecio por alguna de las candidaturas y a medida que avance el proceso deberá cuidar todavía más cualquier comentario, so pena de que se le acuse de injerencia en la elección. Ante la discreción de Lorena Martínez y la no mención de partido alguno, Teresa Jiménez puede guardar silencio y no tomar ninguna medida en contra de la exalcaldesa, porque no hay motivo para hacerlo, además, mete presión a todos los candidatos que ya se sienten seguros en la candidatura.
Queda por analizar lo que implica esta declaración de Lorena Martínez para los otros partidos, la cachetada con guante blanco que le da a Jorge Álvarez Maynez por pensar en ella sólo en términos de amistad, cuando es una política con que Movimiento Ciudadano ganaría en presencia con tan solo nominarla; el aire que le da al Partido del Trabajo, organización que podría postularla a la encuesta y con la que ganaría visibilidad.
Al final, la pregunta no es si Lorena Martínez será candidata, por qué partido competirá o si logrará regresar a la presidencia municipal. La pregunta es por qué una parte de la clase política reacciona con tanta ansiedad cada vez que anuncia sus aspiraciones.
Quizá porque, a diferencia de muchos de quienes hoy se sienten herederos naturales de una candidatura, Lorena Martínez obliga a comparar trayectorias, resultados y proyectos. Obliga a discutir algo más incómodo que las lealtades de grupo o los acuerdos de cúpula: la capacidad para gobernar.
No le temen a Lorena Martínez. Le temen a la competencia. Le temen a tener que explicar por qué merecen un cargo. Le temen a una elección donde no baste la bendición de un padrino político ni la protección de una estructura partidista.
Porque cuando una aspiración provoca tantos ataques antes siquiera de convertirse en candidatura, lo que queda exhibido no es la fortaleza de quienes la critican, sino la fragilidad de quienes se sienten amenazados.
Coda. Coda. Lorena Martínez no ha ganado nada todavía, pero ya consiguió algo importante: obligó a varios a dejar la comodidad de la candidatura heredada y enfrentar la posibilidad de una elección real, por eso una sola pregunta desata tanto nerviosismo: ¿y si la gente decide comparar?
@aldan