Una pregunta, una herida colectiva

Humanamente Hablando

Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar como jueza en un certamen de belleza. Durante las entrevistas privadas hice una pregunta sencilla:   “Si pudieras cambiar una sola cosa en el mundo, ¿qué cambiarías?”   Esperaba respuestas diversas. Pensé que escucharían hablar de la pobreza, la inseguridad, la violencia o la desigualdad. Sin embargo, ocurrió algo que me sorprendió profundamente. Una tras otra, sin haberse escuchado entre sí, respondieron practicamente lo mismo: cambiarían las críticas en redes sociales.   Aquella coincidencia me dejó pensando: esto es una preocupación compartida por toda una generación.   Las redes sociales nacieron como espacios para conectar personas, compartir ideas y acercarnos. Sin embargo, para muchos se han convertido en escenarios permanentes de evaluación, comparación y juicio. Hoy, una fotografía, una opinión o incluso el silencio pueden convertirse en motivo de inseguridad, crítica o acoso.   Y las cifras confirman que no se trata de una percepción aislada. En México, cerca de 19 millones de personas han sido víctimas de ciberacoso.   Cómo ociosas hemos olvidado algo importante:    Las heridas emocionales no siempre son visibles, se esconden detrás de una sonrisa, de una fotografía perfectamente editada o de una publicación aparentemente feliz, y a pesar de saber esto, es más fácil emitir una “opinión” en vez de comprender y respetar al otro.   Quizá por eso resulta tan preocupante que el suicidio se haya convertido en una de las principales causas de muerte entre jóvenes en nuestro país.   Hemos normalizado juzgar vidas que no conocemos, criticar decisiones que no entendemos y emitir sentencias sobre historias que jamás hemos vivido.   Pensemos más en la empatía, justamente comienza donde terminan nuestras certezas. Porque no existe una verdad absoluta. Cada persona enfrenta batallas invisibles, cargas emocionales y circunstancias que desconocemos.   Aquellas jóvenes no se habían puesto de acuerdo. Sin embargo, todas señalaron la misma herida. Presta atención.   Porque el mundo necesita menos jueces detrás de una pantalla y más seres humanos capaces de mirar con comprensión. Tal vez no podamos cambiar la manera en la que interactúa el mundo virtual, pero sí podemos cambiar la manera en que nosotros habitamos esos espacios.   Y, en tiempos donde abundan las opiniones, la empatía sigue siendo un acto profundamente revolucionario.  
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