Bajo presión
Gracias a que Morena perdió en la elección de Coahuila, he alcanzado la iluminación. Por fin he encontrado la respuesta al koan: “Cuando cae un árbol en medio del bosque sin que nadie lo escuche, ¿qué ruido hace?”
Ahora lo sé: es la voz de Arturo Ávila, el vocero de los diputados federales de Morena, preguntando con absoluta certeza: “¿Se puede perder lo que no se tuvo?”
No todos tenemos la fortuna de alcanzar la iluminación a través de años de meditación. Algunos tenemos suerte y nos basta con una elección en Coahuila. Gracias a Morena he descubierto que el camino del zen pasa por perder 16 diputaciones y, acto seguido, negar la existencia misma de la derrota. ¿Cómo no agradecer a quien te enseña que, si nunca ganaste nada, jamás podrás perderlo?
¿Cómo se agradece, si es que se hace, la iluminación que se alcanza a través de un koan?
La iluminación zen requiere años de meditación. La iluminación morenista requiere solo un día de elecciones en Coahuila: 16 de 16 diputaciones para el PRI, el doble de votos, y un vocero que nos invita a reflexionar sobre la física cuántica de la pérdida: si no tuviste, no puedes perder. Einstein nunca lo vio.
Aplausos para Morena, fanfarrias, luces bajas y gong zen. Que alguien les dé un premio a la innovación conceptual: mientras el PRI se queda con las 16 diputaciones, ellos se quedan con la frase. Han elevado la derrota al rango de enseñanza espiritual. De veras, gracias: uno escucha “¿se puede perder lo que no se tuvo?” y entiende que ya no está frente a un partido político, sino frente a la revolución de las conciencias.
Un koan es una pregunta de la tradición del budismo zen que parece ilógica, absurda o sin sentido, y que se usa como herramienta didáctica para romper el pensamiento lógico convencional y llevar a una conciencia de iluminación. La respuesta a un koan nunca se encuentra mediante la lógica, sino dejando brotar lo absurdo y lo irracional.
La declaración de Arturo Ávila “¿se puede perder lo que no se tuvo?” más que el verso fácil de un bolero etílico es el koan político morenita, porque es una pregunta que carece de sentido lógico ante la realidad factual: el PRI los arrastró en las elecciones Coahuila, sí, es cierto Morena no tenía diputaciones en ese estado, así que técnicamente no perdió... pero perder significa no conseguir lo que se buscaba: la victoria.
Si ayer me quejaba de cómo la simplificación de las causas por las que el PRI arrasó al resto de los partidos minimizaba la participación ciudadana, tras escuchar a Arturo Ávila no me queda más que agradecer, porque con esos argumentos exhiben lo poco que les importa la realidad ante la posibilidad de generar narrativas que muevan las emociones del beneficiario de un apoyo social. El abismo de distancia entre los partidos y los electores.
Porque no sólo Morena ha hecho el ridículo, el resto de los partidos, a través de sus voceros, antes que analizar las causas de su derrota, las razones por las que Movimiento Ciudadano, Acción Nacional y el Verde no alcanzaron el 3% mínimo de los votos para conservar el registro local, en las diferentes mesas en las que opinaron sobre la elección, se dejaron invadir por el discurso morenita para llorar como politiquillos lo que no supieron defender como estrategas.
Los naranjas y los blanquiazules se quejaron de la tiranía del PRI, señalaron flamígeros que la pobre gente de Coahuila son tan manipulables que jamás han votado por la alternancia en la gubernatura; patearon a la caída democracia rasgándose las vestiduras porque no es sano para ninguna sociedad que un partido se lleve el carro completo, el vocero de Movimiento Ciudadano, Juan Zavala, dijo asqueado que no se podía llamar democrática a una elección en la que una organización política se llevaba todos los distritos en disputa y lamentó los casi 100 años que lleva el PRI gobernando Coahuila, para así evitar cualquier crítica a la estrategia de los fosfo fosfo en la elección porque, como siempre, jamás es culpa de su estrategia (¡Dante Delgado nunca se equivoca!), siempre son los otros, los que no traen zapatos naranjas y no graban tiktoks quienes los afectan
Un disparatado Vicente Fox (perdón el oxímoron) desnudo a los voceros de Acción Nacional al escribir en X (transcribo con pena de manera textual):
FELICIDADES, @PRI_Nacional, COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS. ME DA GUSTO VERLOS RENACER CON TANTA FUERZA. AHORA SÍ, COMO EL AVE FÉNIX. QUE SEA PARA BIEN DE MÉXICO, DE NUESTRA DEMOCRACIA, DE LA LIBERTAD Y DE LA TRANSPARENCIA.
Santo Niño de la Vestida con botas, tanto que comentar sobre esas líneas, la felicidad que le provoca al expresidente el renacimiento del PRI, su referencia al ave fénix y la limitada idea de parabién que tiene; hasta que uno recuerda que es Vicente Fox y la deuda que tiene con la democracia mexicana el hombre en que se depositó toda la confianza para lograr un cambio y, bueno, todos conocemos el final de la historia.
En este concurso de iluminados nadie se salva, reitero Movimiento Ciudadano y Acción Nacional no se quedan atrás a la hora de defender su derrota como si fueran víctimas de una tragedia griega y no responsables de una campaña mal hecha: en lugar de revisar sus números, sus estructuras, su incapacidad para conectar con el electorado, prefieren instalarse en la comodidad del lamento y repetir que el PRI es una tiranía y que el pueblo de Coahuila es demasiado manipulable como para votar otra cosa. Lo suyo no es un koan, es una terapia de grupo donde todos se consuelan diciéndose que la culpa siempre es de alguien más.
Pero entre las quejas y pataleos hay niveles, y Morena decidió competir en la categoría de “mejor uso de la realidad alternativa”. Mientras unos se duelen porque el PRI se llevó el carro completo, otros niegan que haya carro, que haya pista y que haya carrera: si no se tuvo nada, no se perdió nada. Ese es el punto: lo escandaloso del koan morenista no es solo lo absurdo de la frase, sino el desdén que exhibe por la participación ciudadana, por los votos contados uno a uno, por las personas que sí salieron a votar para decirle algo a todos los partidos. Reducir esa jornada a un juego de palabras es decirle al elector que su decisión importa menos que la narrativa que después se pueda construir en una conferencia de prensa o en un video de redes sociales.
La iluminación que ofrece el morenaje no es la del budismo zen, sino la de un espectacular mal diseñado: mucha luz, poco contenido. En un verdadero koan, la pregunta absurda sirve para desmontar el autoengaño; en el koan morenita, la pregunta absurda sirve para reforzarlo. Tal vez por eso Coahuila terminó funcionando como espejo: PRI celebrando como si los viejos tiempos fueran virtud, PAN, MC y compañía llorando lo que no supieron ganar, y Morena preguntando si se puede perder lo que no se tuvo.
Desde el rechazo al sistema de partidos, la ciudadanía ya alcanzó su propia iluminación: sabe que todos están más ocupados en explicar la derrota que en escuchar lo que los votos llevan años diciéndoles.
Si de koans se trata, Coahuila ya nos dejó varios. ¿Qué ruido hace un árbol cuando cae si nadie lo escucha? El de los partidos explicando sus derrotas en cadena nacional. ¿Qué aspecto tiene la iluminación? El de un mapa pintado de un solo color y tres logotipos peleando por ver quién hace el ridículo con más elegancia. La pregunta de Morena, “¿se puede perder lo que no se tuvo?”, solo completa la colección: la respuesta es sí, siempre que se pierda el respeto por los votantes primero.
Coda. En el budismo zen la iluminación llega cuando se abandona el ego. En la política mexicana, el ego es lo único que nunca pierde una elección
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@aldan