Espejo azul… partidos políticos sin rumbo

Desde el Lunar Azul

Bonito martes, estimadas lectoras y lectores de este rincón azulado.

Siguiendo con el episodio electoral de Coahuila de este fin de semana, si bien se trató de una elección local para renovar apenas 16 distritos electorales, nos sirvió como retrato perfecto del estado en que se encuentran las dirigencias nacionales de los partidos políticos.

De Máynez, pues inédito. Seguramente en algún bar tratando de ligarse a alguna morra junto a su compadre Samuelón —el abucheado fosfo—, preocupado por conseguir un boleto VIP para el partido inaugural del Mundial o, ya de perdida, disfrutando de Monterrey.

Del PT, ni qué decir. Escondido y agazapado. Esta vez ni Ricardo Mejía dio la cara.

Del PVEM, si alguien nos presenta a su dirigente nacional se lo agradeceríamos. Nadie la conoce ni la ha visto.

Y del campechano oportunista, mal mayor del PRI, ahí anda como quinceañera pasada de copas, presumiendo y gritando a todo pulmón el gran triunfo, como cuando un equipo chico de la Liga MX que navega en el sótano le gana al América.

La pregunta es si Alito tendrá la humildad suficiente para aprovechar esta bocanada de aire. Si será capaz de recorrer los estados, hacer un acto de contrición y abrirle las puertas a todos esos priistas que andan como alma en pena, viendo qué partido o personaje político los recoge.

Y para muestra, en nuestras Aguascachondas van algunos botones.

Ahí está el regreso de Otto Granados al edificio de López Mateos, bajo el pretexto del legado de los exgobernadores. También Lorena Martínez, que como quien intenta romper con una relación tóxica o codependiente, no termina de atreverse a iniciar una nueva historia porque la nostalgia priista todavía le brota del corazón.

A pesar de que los haya entregado o vendido a los panistas, producto de aquella animadversión con el buen gobernante, pero pésimo político, llamado Carlos Lozano.

Así es este negocio de la política, donde dicen que es de los pocos lugares en los que los muertos resucitan. Ahí está el PRI y sus entenados, que no caben ni en el PAN ni en Movimiento Ciudadano y que tampoco han tenido los arrestos suficientes para quemar las naves e irse con Morena, su hijo no reconocido.

De la llamada esperanza de México, Morena, poco hay que decir. No nos gusta hacer leña del árbol caído.

Mal inicio para Ariadna Montiel. Primero lo de Chihuahua y después esta paliza en Coahuila. Si bien ambos episodios deberían facturárselos a esa peculiar dupla integrada por Luisa y Andy, hoy la responsabilidad recae en ella.

Si tiene un poco de visión política, quizá le convenga darle vuelta rápidamente a la página de Coahuila y concentrarse en el nombramiento de los 17 coordinadores y coordinadoras que buscarán las gubernaturas en disputa.

Del PAN, por lo que se ve, nada cambiará. Un dirigente fifí, ajeno al territorio, pendiente de sus negocios chilangos y encabezando una dirigencia sin peso específico.

Dos factores influyeron en la debacle panista en Coahuila. El primero, la prostitución política regenteada por Marko Cortés. ¿Recuerdan aquellas hojitas que salieron a la luz cuando Riquelme y Manolo Jiménez prácticamente lo mandaron por las cocas?

El segundo, la chilanguización de la dirigencia con Jorge Romero.

Cortés no puede argumentar que, por el hecho de no tener notarías, no se documentó bien el proceso. Tampoco puede llamarse engañado ni posar como ingenua pareja sentimental después de haber entregado anticipadamente lo que tenía sin cobrar el precio de la pasada tratada.

Romero, seducido por la casa de las pluris, Döring y Gil, convocó a la sociedad a registrarse como candidata en un partido que cada vez tiene menos estructura y menos militancia. Se les olvida que para ser plurinominal se necesita un porcentaje mínimo de votación, y ese porcentaje se consigue con trabajo en la calle.

Ambos personajes (Romero y Marko) son, en gran medida, responsables de la circunstancia que vive hoy el PAN en Coahuila.

Se requiere más calle y menos pose; más barrio y menos bloff.

No se trata de hablar bonito en los “medios” ni de lucir un lenguaje que solamente entienden los perfumados o un sector minoritario.

Las causas sociales poco tienen que ver con uniformar brigadas de azul impecable cuando se está ayuno de mensaje social.

El futuro del PAN depende de una estrategia centrada en el ciudadano de a pie, con objetivos claros de sentido común y una solidaridad que no sea de discurso, sino de hechos; con proselitismo de calle, de foro y de contacto humano.Ahí está el reto.

 

Aquí dejo esta roca.

 

Empújela usted.

Yo vuelvo, como siempre.

 

 

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