Bajo presión
El triunfo se puede convertir en la misma piedra con que tropiezan los ineptos, el ladrillo al que se suben para marearse los políticos que únicamente participan en la vida pública en búsqueda del poder. La elección en Coahuila se está convirtiendo ya en esa roca que nubla la vista de los dirigentes nacionales de partido, obnubilados con la elección del 2027.
Los resultados en Coahuila son ya analizados desde la misma óptica centralista en que se deja de considerar los muchos Méxicos que somos, el análisis político se vuelve futurología y la política un intercambio de amenazas.
El Revolucionario Institucional arrasó en Coahuila, los resultados preliminares de la elección para renovar el Congreso local indican que el PRI ganó en los 16 distritos electorales de la entidad. Le gana a Morena 2 a 1, emerge un partido local para establecerse como tercera fuerza: Nuevas Ideas; mientras que Movimiento Ciudadano, el Partido Acción Nacional, el Verde Ecologista de México y México Avante no alcanzaron el 3% mínimo de la votación.
Con el 96% de las actas capturadas y una participación de más del 50% de los electores, en Coahuila el PRI registró 54.98 por ciento de los votos, Morena se queda con el 26.15 por ciento de la votación y se multiplican los análisis que indican que el mensaje principal de esos comicios es que al partido de la Cuarta Transformación se le puede ganar.
“¡Barrimos a los narcopolíticos de Morena!”, celebró Alejandro Moreno estos resultados preliminares de la elección en Coahuila, frente a las quejas son las de siempre y de cualquier partido derrotado: hubo retraso e irregularidades en la instalación de las casillas, se compraron votos (en esta ocasión a través de QR) y violencia institucional en contra de los perdedores.
La atención en Coahuila se concentra porque es el último bastión del Revolucionario Institucional, fuerza política que ha gobernado la entidad por un siglo, pero antes que entender qué sucedió en esa entidad, cómo es la relación de fuerzas, los errores y éxitos de los gobiernos estatales o el comportamiento del tricolor en relación con los comicios, el análisis se realiza desde una visión centralista, una que en nada ayuda a establecer una estrategia rumbo al 2027 porque se concentra en repetir los errores del modelo polarizador.
Alejandro Moreno, dirigente nacional del tricolor es quien más ha aprovechado los resultados de Coahuila para vender que 2027 es el año en que el PRI puede resurgir “como el ave fénix” (de acuerdo a una publicación de Vicente Fox); sí, primero señala que el mensaje poderosísimo de la elección es que si hay un buen gobierno se logra la victoria, para enseguida subrayar que sólo en alianza se puede vencer a Morena, incluso augura que de ir juntos se podrían ganar 12 de las 17 entidades en disputa, ha mencionado Aguascalientes, Chihuahua, Colima, Guanajuato, Nuevo León, Querétaro, Sinaloa, Sonora y Zacatecas.
El dirigente diluye la victoria alcanzada en Coahuila indicando que el triunfo es un mensaje para todo el país con mira en el 2027, que la gente ha vuelto a darle la confianza al PRI y que la corrupción, la impunidad y el cobro de piso llegó con Morena, por lo que, unidos, se podrá vencer a Morena.
Del otro lado, los mensajes no podían ser más simples: el PRI no le gana a Morena, sólo conserva lo que ya tenía; Coahuila representa muy poco en relación a lo que se disputará en la siguiente elección; el Revolucionario Institucional ganó con trampas y se llevarán los comicios a los tribunales para ahí ganarlos; se minimiza la victoria tricolor y se resalta que el PAN y MC están a punto de perder el registro.
Quienes se confiesan apartidistas, a estas visiones simplistas de lo ocurrido en Coahuila, añaden elementos muy secundarios en lo local, como que más que una derrota para Morena, es la exhibición de la nula capacidad del hijo de Andrés Manuel López Obrador para operar una elección, razón por la que Andy López salió del partido y ahora busca ser diputado federal por Tabasco bajo el ala protectora de su padre.
Sí, todos esos elementos pueden dar pistas acerca de lo ocurrido en Coahuila, pero más que sumar al análisis funcionan como distractores, estamos acostumbrados a leer el ambiente político como si todo se decidiera desde el centro, como si todos los electores del país se concentraran y comportaran como votantes de una alcaldía de la Ciudad de México; incluso desde otras partes de la República, se aplican criterios centralistas que no se relacionan con lo que ocurre en un territorio tan vasto y un electorado tan diverso como el mexicano.
La elección en Coahuila ya está, prácticamente, resuelta, lo que sigue (lo que debería seguir) es una explicación de lo ocurrido con base en indicadores regionales, el estudio de las estrategias de los partidos, los perfiles de los candidatos que participaron en la contienda y el traslado de esas experiencias a cada una de las elecciones del próximo año; pero nos obstinamos en la simplificación, no nos damos tiempo para la ponderación multifactorial, hemos caído en el engaño de la explicación obvia que sólo agrega a la polarización.
Rumbo al 2027 pareciera que sólo hay de dos sopas: la oferta de la oposición de sacar a Morena del poder y la oferta de Morena de no permitir que regresen los de antes a ejercer los privilegios del poder. Entre esos dos discursos se pierde todo. Se pierde la discusión sobre seguridad, desarrollo económico, agua, salud, educación o medio ambiente. Se pierde la evaluación de los gobiernos locales y se pierde la posibilidad de entender por qué una fuerza política gana en un estado y fracasa en otro. Todo queda reducido a una guerra de consignas donde lo importante no es comprender la realidad sino acomodarla al relato propio.
La elección de Coahuila ya comenzó a ser utilizada como profecía. Unos ven en ella el anuncio del regreso triunfal del PRI; otros, un accidente menor que no altera el rumbo de la Cuarta Transformación. Ninguna de las dos lecturas ayuda demasiado. Más que una bola de cristal, Coahuila debería ser una invitación al análisis. Pero analizar exige algo que la política contemporánea desprecia cada vez más: paciencia y desarrollo de liderazgos locales.
Mientras los dirigentes nacionales convierten cada elección local en una batalla épica por el destino de la República, pasan por alto lo más importante: los ciudadanos no votan por narrativas nacionales, votan desde realidades concretas. La política mexicana insiste en mirar al país desde el centro; los electores, en cambio, siguen viviendo en los muchos Méxicos que los partidos se niegan a ver.
Coda. La lección principal de Coahuila no es cómo ganar una elección, es algo mucho más simple: los partidos que dejan de construir liderazgos locales terminan dependiendo de narrativas nacionales; y las narrativas no gobiernan.
@aldan