La política del reciclaje y la deuda con el oriente

Transeúnte.

Poco a poco nos acercamos a la temporada en la que el ruido electoral lo inundará todo; volveremos a escuchar de personajes que aspiran a contender por presidencias municipales y la gubernatura del Estado. Llama poderosamente la atención que, quienes hoy levantan la mano, son exactamente los mismos de hace años. Para una sociedad que enarbola la bandera de la democracia, ver los mismos rostros cada temporada es un auténtico fracaso. Quizá estos contendientes de siempre hallaron en la administración pública una manera cómoda y holgada de vivir; o tal vez habitamos una sociedad que se ha resignado a creer que ellos son los únicos líderes capaces y cualificados para el servicio público. ¿Por qué no hay rostros nuevos que impacten y atraigan? Las respuestas son variadas, pero es evidente que algo le pasó a la política mexicana que dejó de inspirar a las nuevas generaciones. ¿En qué momento la gestión pública en México y en nuestro Estado se convirtió en una élite donde solo unos cuantos caben? ¿Será que únicamente los políticos de siempre están capacitados para sacar adelante un proyecto común? En lo local, si de algo estamos necesitados, es de nuevos liderazgos que aporten no solo novedad, sino auténticas formas de ser gobierno. Tanto la ciudad como el estado presentan urgencias que van más allá de un color partidista. Pienso en los servicios públicos que —no es ningún secreto— van de mal en peor. Mientras se promueven grandes y visibles obras estructurales, como las adecuaciones que se realizan en Colosio —cuyo impacto positivo no dudo—, en muchas zonas del oriente se vive una marginación que duele y da pena: ríos de aguas negras, basura por todos lados, colonias donde los parques y las zonas de recreación jamás llegaron, y una apremiante necesidad de hospitales. Esto no lo digo porque alguien me lo cuente. Desde hace años tengo la experiencia de servir en una parroquia de la zona oriente de nuestra ciudad de Aguascalientes, y es desde este servicio donde palpo diariamente la brecha enorme de la desigualdad, quizá los gobiernos podrían justificarse de muchas maneras pero la realidad simplemente se impone. Y desde el evangelio y nuestro ser de ciudadanos nos toca alzar nuestra voz de manera pacífica pero siempre clara, señalando lo que creemos que podría estar mejor. A los gobernantes y a quienes pretenden serlo les vendría bien una verdadera experiencia de inserción en estas realidades. No dudo que conozcan estas colonias, pero muchos lo hacen como meros turistas. Usan a las personas del oriente para sus fines particulares; están con ellos en la medida en que pueden arrancarles el voto a cambio de algún apoyo temporal. Una vez obtenido el favor en las urnas, al político se le deja de ver. Necesitamos nuevos liderazgos con el deseo genuino de sumar al bien de la sociedad. De lo contrario, los "nuevos gobernantes" solo serán personas con logotipos nuevos y oficinas recién pintadas, pero arrastrando las viejas ideas de siempre. Feliz domingo a todos.  
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