Bajo presión
Aplausos para la clase política de Aguascalientes, una vez más lo consiguieron, todos están en boca de todos, sus publicaciones suman interacciones en redes sociales, el enjambre de reporteros entre los que reparten limosnas difunden sus declaraciones, están en la cima de la popularidad; tras ver sus números pueden sentirse satisfechos con sus logros al grado de justificar que gastan sus ahorros (como llaman a sus ingresos del erario) en parabuses y espectaculares, ya pueden sentarse a descansar después de las extenuantes jornadas de toca-toca en las colonias (como le dicen a los mítines que organizan para repartir playeras y tortilleros); con satisfacción pueden dar luz verde a la propaganda en que anuncien que están listos para que les asignen la candidatura por la que tanto han luchado.
Bravo para todos ellos que contratan jóvenes necesitados para que les llenen sus redes sociales con las tendencias que les marca el algoritmo; que le piden a su comadre les tome una foto con el filtro que los haga ver irresistibles; que le piden al ahijado que se piense una frase mamalona para utilizar de slogan; y van al café internet para pedir que dejen listo el archivo para imprimir una lona.
Fanfarrias, están listos. Eso sí, no olviden todo lo que han aprendido en las publicaciones de redes sociales con consejos prácticos para conseguir una campaña exitosa, los tips instantáneos acerca de cómo evitar las propuestas y las ideas complejas, porque el voto es emocional y no racional, porque a la gente le encantan las historias, nada que las haga pensar, el truco está en identificarse. Por supuesto, aproveche el momento que vive el mundo, con discursos polarizadores, si es necesario, asuma un lenguaje violento, radical, sin matices, como el Tío Richie, así que zurdos de mierda se debe integrar de manera natural a sus discursos, siempre emotivos, si se encuentra en el otro extremo del espectro político, afine la acusación, en primer lugar vendepatrias seguido con caracterizaciones como las de la carta reciente del expresidente: “rémoras, paleros, manipuladores, caciquillos, vividores, ladrones, polizontes, tinterillos, especuladores, filibusteros, potentados, trepadores o malvados”, para rematar con lo de los privilegios que quieren recuperar.
Albricias, están listos y pueden levantar la mano para la repartición de las múltiples candidaturas porque ya consiguieron el ingrediente principal para ocupar la plaza pública: banalizar la protesta, con su actitud le arrebataron a la ciudadanía uno de sus principales derechos y con publicidad buena o mala eso asegura que la atención se concentre en lo que la clase política dice, sin importar lo ridículo o vulgar que sea, antes que lo cuestionen por sus acciones o ideas.
Lo consiguieron y el ejemplo más reciente de su éxito está en la compra de La Pona por parte del municipio capital, azules, guindas, amarillos, naranjas y verdes, políticos de todos los colores, representantes de todos los niveles emitieron su comunicado acerca de la importantísima aportación al salvamento de esa área de Aguascalientes; sin importar si votaron a favor o en contra, se hicieron virales (con V) por su cartulina sobre el cartel inmobiliario (con B); fueron tendencia y motivo de múltiples notas porque soltaron un “zaz, cabrona” en plena sesión de Cabildo; en sesudas entrevistas justificaron su voto en contra sin explicar por qué dejaron de lado a las organizaciones de la sociedad civil, los verdaderos responsables del cuidado de La Pona…
La Asociación Civil Salvemos La Pona lo ha dejado muy claro: comprar un territorio no significa protegerlo, no se ha garantizado lo que realmente importa, que se requieren instrumentos jurídicos sólidos, programas de manejo, restauración ecológica y vigilancia permanente. La agrupación señala puntualmente que si la zona sigue en pie es gracias a la organización social, por lo que seguirán exigiendo justicia ambiental, protección jurídica efectiva y mecanismos reales de conservación… Un llamado que se pierde en la estridencia con que la clase política, de nuevo: de todos los colores, se coloca en el centro de la discusión, festejando o en berrinche, risueños o iracundos, qué más da, son los protagonistas, una clase política que ha convertido la conversación pública en espectáculo y ha desplazado a la ciudadanía del centro de los asuntos comunes.
Han convertido la política en una competencia por la atención. Da igual si se trata de la defensa del medio ambiente, la seguridad pública o los derechos humanos: todo termina reducido a una fotografía, una cartulina, un video de treinta segundos o una frase diseñada para provocar reacciones. Ya dominan el arte de posar frente a una cámara, de convertir cualquier tema en un pleito y de aparecer en todas las notas posibles. Aprendieron que la viralidad sustituye al trabajo, que la indignación genera más clics que las propuestas y que la mejor manera de ocultar la falta de resultados es el escándalo.
Banalizaron la protesta a costa de quienes todavía creen que participar sirve para transformar algo. Organizaciones ciudadanas, colectivos, activistas y vecinos terminan convertidos en escenografía de una representación donde otros se llevan los reflectores. Mientras ellos discuten quién ganó la nota, quién consiguió más aplausos y quién se volvió viral, las causas que dicen defender vuelven a quedar relegadas.
Qué más da. Sin importarles el ridículo, ya están listos, para la foto, el slogan, la cartulina, el video viralizable y para la siguiente candidatura. Gobernar puede esperar, ya tienen su ansiado like.
Coda. Han banalizado a tal grado el derecho a la protesta que el subsecretario de Gobierno estatal se presenta ante manifestantes que exigían agua para recordarles que “hay una pena por lo que están haciendo, hay un libro que se llama Código Penal que dice: de 6 meses a 4 años de prisión”. Ni amenaza ni advertencia, aclaró Manuel Cortina: información. Al cabo que la clase política no paga consecuencia alguna; ellos se quedan con los reflectores, la gente con el garrote.
@aldan