Zaz, la culebra… de La Pona a Carlos Darío: agua, cartulinas y cárcel por protestar

Desde el Lunar Azul

Bonito y húmedo miércoles en estas Aguascachondas donde, milagro meteorológico mediante, por fin cayó agua del cielo… porque de la llave ya era mucho pedir.

La tormenta alivió el calor, llenó algunos bordos y, como siempre, confirmó que en Aguascalientes tenemos dos temporadas oficiales: sequía y calles convertidas en sucursales de Xochimilco. Pero bueno, algo es algo.

Y justamente por eso, vecinos del norte de la ciudad —sí, del norte, no del “olvidado oriente” que tanto usan en discursos de campaña— decidieron bloquear vialidades porque llevaban semanas sin agua. Imagínese el atrevimiento: ciudadanos exigiendo que salga agua de la llave después de pagar recibos puntuales. Una provocación intolerable para el nuevo manual de urbanidad gubernamental.

Porque rápido salió el subsecretario Manolo Cortina a recordar que existe algo llamado Código Penal. Y textual, para que luego no digan que uno exagera: “de 6 meses a 4 años de prisión”. Así, con ese tonito entre prefecto de secundaria y cobrador de Elektra. No por robar, no por desfalcar, no por ordeñar pozos públicos durante décadas… sino por protestar.

Y ahí es donde el PAN hidrocálido empieza a parecer más un club de administradores de crisis nerviosas que un partido político. Andan apanicados. Ya uno no sabe si es hambre, miedo o la edad. En la desesperación por no perder el hueso, olvidan algo elemental: el agua no distingue colores partidistas. También sus familias, amigos y votantes abren la llave y sale puro aire premium.

Y mientras el “cachorro del bienestar panucho” intenta apagar incendios heredados por administraciones azules, tricolores y de cualquier color con presupuesto, valdría la pena revisar qué pasó durante años en CCAPAMA. Porque mire usted qué casualidad tan curiosa: muchos exfuncionarios del agua hoy viven bastante mejor que los pozos. Hay bombas que, según el papel, se cambiaron veinte veces. Lástima que en la realidad parecían reliquias del Porfiriato.

Pero no, aquí la prioridad es detener jóvenes.

Y de ahí brincamos elegantemente —como chapulín electoral en temporada alta— al caso de la regidora panista de las cartulinas. Porque hay que reconocerle algo a Marta: con cartulinas de tres pesos, plumón Bic y ortografía creativa, logró exhibir el verdadero tamaño político de varios funcionarios. Para que la cuña apriete…

La señora entendió algo fundamental de la política contemporánea: hoy el escándalo vale más que la propuesta. El método Fernández Noroña aplicado versión Costco local. Y les volvió a arruinar la fiesta con el anuncio de la compra de La Pona.

Aunque el momento estelar no fue ese. No. El momento sublime ocurrió cuando a Kike Malo se le quedó abierto el micrófono y soltó el ya histórico: “¡Saz, cabrona!”. Una joya del folclor político hidrocálido. Frase que hace diez años habría quedado como anécdota de café… pero hoy, en tiempos donde hasta respirar fuerte puede interpretarse como violencia política de género, podría terminar en seminario, protocolo y conferencia de prensa con fondo morado.

Pregúntenle a Alférez.

Y ojo: lo de La Pona, bien. Ojalá el espacio termine sirviendo para algo más útil que tomarse fotos ecológicas en campaña.

Pero lo verdaderamente delicado viene después.

Los casos de Carlos Darío y los otros dos jóvenes detenidos recientemente empiezan a dibujar un patrón preocupante. En el primero, la presión social y de colectivos obligó a las autoridades a recordar que su trabajo no es fabricar culpables, sino procurar justicia. En el segundo caso —jóvenes acusados de robo tras una riña donde aparecen nombres vinculados al círculo cercano del poder— las irregularidades en la detención levantan demasiadas preguntas.

Y no, esto no es “hartazgo articulado por Morena”, como dijo hace unas semanas Arámbula intentando explicar el descontento social como si fuera complot de “guasap”. Ojalá la oposición local tuviera semejante nivel de organización. Si esos compas no se ponen de acuerdo ni para organizar una peda.

Ahí tiene usted a los clanes de Aldo y Nora peleándose por el trono antes de que Gil siquiera deje la silla. Política hidrocálida en estado puro: pleitos de cantina con presupuesto público.

Mientras tanto, “la amiga”, feliz.

Pero ya hablando en serio —porque incluso el sarcasmo necesita pausas para respirar— sí preocupa el rumbo que está tomando el ejercicio del poder en Aguascalientes. Hay señales de soberbia, cerrazón y desconexión social. Y cuando un gobierno empieza a responder con amenazas penales a ciudadanos sin agua, normalmente significa que dejó de escuchar hace tiempo.

Lo más triste es que muchos empresarios, notables, rotarios, clubes fifís y opinadores de sobremesa lo comentan en corto… pero públicamente guardan un silencio digno de monasterio medieval.

Y así, poco a poco, el PAN local parece ahogarse no por falta de agua… sino por exceso de poder.

Al tiempo.

 

Aquí dejo esta roca.

 

Empújela usted.

Yo vuelvo, como siempre.

 

 

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