El Zócalo epicentro histórico del poder popular mexicano amaneció el 31 de mayo vestido para el FIFA Fan Fest del Mundial 2026. La primera presidenta en la historia de México fue, sin que nadie lo planeara así, desplazada del corazón simbólico de la República por el fútbol. Dos años de gobierno. Un discurso de 65 minutos. Y el símbolo más revelador del informe de Claudia Sheinbaum no estuvo en sus palabras: estuvo en el escenario que no pudo usar.
El informe, titulado "Honestidad, resultados, amor al pueblo y a la patria", reunió a 130 mil personas en el Monumento a la Revolución y se transmitió simultáneamente en plazas de las 32 entidades. La liturgia patriótica funcionó: pobreza laboral en mínimo histórico desde 2005, reducción del 49% en homicidios dolosos, jornada laboral de 40 horas. Y para las mujeres, el dato estrella: 3 millones de beneficiarias de la Pensión Mujeres Bienestar, ese programa que en palabras de la presidenta reconoce el trabajo de las cuidadoras.
¿Reconoce? Con 3,100 pesos bimestrales. Mil quinientos cincuenta pesos al mes para valorar décadas de trabajo no remunerado. No es política de género: es un recibo de consolación entregado a los 60 años por una deuda que comenzó a los 20.
Que la primera presidenta de México haya nombrado el trabajo de cuidados es, en efecto, un avance. Que lo haya reducido a una pensión focalizada en mujeres adultas mayores revela el techo conceptual que persiste incluso en su discurso: se sigue pensando el cuidado como problema de viejitas, no como infraestructura económica del país.
En marzo presente ante el Senado de la República el Foro “Sin Cuidados No Hay Economía: Infraestructura invisible y sostenibilidad del desarrollo” de éste importante evento surge el proyecto de la Ley del Sistema Nacional de Cuidados como infraestructura económica estratégica y que deje de ser visto como una responsabilidad individual (de las mujeres) o familiar. Aun falta mucho por hacer despues de escuchar a la presidenta con “A” en el tema de los cuidados.
Y tambien mientras tanto, la Ley General de Feminicidio reforma constitucional de abril de 2026, pendiente de ratificación en los congresos locales, no existió en el informe. Ni una sola mención al tema de la Secretaría de las Mujeres. El mismo silencio de siempre, ahora con escenario nuevo, ahora con una mujer en el poder.
La presidenta presentó una narrativa donde México aparece como una nación asediada por intereses externos, medios críticos y adversarios que añoran privilegios perdidos; para mí una mujer administradora de una continuidad histórica que no pretende gobernar seis años, sino consolidar un proyecto generacional.
Sus simpatizantes celebran la primera presidenta como heroína de la Cuarta Transformación; sus adversarios la acusan de propaganda socialista y de deteriorar la relación con EE.UU. blindandose con masas obedientes.
Quizá por eso el informe dejó una sensación curiosa: la de un gobierno que domina cada vez mejor el lenguaje emocional del poder, mientras el país sigue esperando respuestas concretas a preguntas incómodas: los informes ya no informan, ahora performan y El Zócalo seguirá ocupado hasta que termine el Mundial y todo habrá que esperar, La agenda de género, también.