Con la primera reunión bilateral formal entre México y Estados Unidos rumbo a la revisión del T-MEC, el proceso entró a una fase donde cada palabra y posición empiezan a contar. El encuentro se realizó en la Ciudad de México y se pusieron sobre la mesa temas como reglas de origen del sector automotriz, acero, aluminio y seguridad económica regional.
El primer saldo positivo es que hubo orden porque México llegó con una ruta, Estados Unidos puso sobre la mesa sus prioridades y se confirmaron nuevas rondas de revisión. La siguiente será el 16 y 17 de junio en Washington. Después vendrá otra en la Ciudad de México, durante la semana del 20 de julio, pero hay que decir que estamos en el inicio de una conversación larga, compleja y decisiva.
Por eso conviene leer este momento con prudencia sabiendo que, en una negociación comercial, las primeras reuniones sirven para escuchar, medir posiciones, identificar diferencias y preparar los argumentos que se expondrán posteriormente. La cautela al compartir públicamente detalles específicos, cuando se administra bien, también protege los intereses del país y este es el caso.
En el Senado se ha planteado que los grupos parlamentarios participen directamente en las reuniones de revisión. La preocupación es legítima porque el T-MEC tiene efectos en todo México pero conviene recordar que la Constitución establece que la conducción de la política exterior y la celebración de tratados corresponden exclusivamente al Poder Ejecutivo Federal. Al Senado le toca analizar la política exterior y aprobar los tratados internacionales o sus modificaciones, cuando sean sometidos a su consideración y no antes.
Eso no significa que el Senado sea un espectador de lo que ocurre. Por el contrario, debe escuchar a sectores productivos, abrir espacios de diálogo, recoger inquietudes de los estados y dar seguimiento político a un proceso que tendrá consecuencias nacionales porque acompañar con responsabilidad también es defender el interés de México.
Lo que ocurra en las siguientes rondas deberá observarse con atención y sin estridencias. La primera reunión dejó claro que el país necesita una estrategia paciente, capaz de escuchar, ordenar prioridades y defender sus márgenes de decisión.
Lo que hoy se conversa entre gobiernos terminará influyendo en la tranquilidad de San Luis Potosí para tomar decisiones en fábricas, talleres, empresas familiares y hogares. Por eso, acompañar esta revisión con responsabilidad también es cuidar el futuro cotidiano de nuestro estado.