Transeúnte
Más allá de los datos oficiales acerca de la educación en México tengo la percepción que la educación en nuestro país atraviesa por una crisis que sin duda se ha ido agudizando aún más de la pandemia a la fecha.
Debo confesar que no me agrada que me ayuden la misa los monaguillos en las misas matutinas de entre semana. Siempre que los veo mi pregunta hacia ellos es la misma: ¿no tuvieron clase? Su respuesta es: no, hoy tampoco hubo clases.
Los motivos por los que no tienen clase son variados: consejo técnico, puentes por fechas cívicas, ausencia de los maestros entre otros tantos motivos que no dejan de llamar la atención.
Sin ser padre de familia a mí me preocupa la educación de los niños y jóvenes. Estoy convencido que en las aulas las personas nos podemos desarrollar de una manera integral. La escuela no sólo ayuda a las personas a adquirir conocimientos, sino también debe ofrecer la posibilidad de que quien esté en ella se desenvuelva de manera positiva en el ámbito relacional.
Por mis monaguillos me doy cuenta de la deficiencia de la educación y cómo esta labor que debiera ser muy importante y prioritaria en cualquier país lamentablemente es tomada a la ligera.
Nuevamente lo repito, más allá de las cifras oficiales la ligereza con la que se toma la educación se nota. Basta escuchar leer a un niño o intentar que estos realicen una simple operación matemática. La triste realidad es que muchos niños que en segundo grado de primaria sabían leer de -corridito- hoy con demasiado esfuerzo deletrean lo que intentan leer. Sino me creen hagan el experimento y estoy seguro de que se alarmarán igual que yo.
Recientemente la polémica se levantó en el país entero por una declaración del secretario de Educación: el calendario escolar se concluiría antes. Los motivos: el mundial y el calor.
Estoy cierto de que estos motivos no daban para aceptar una propuesta de esta magnitud.
La necesidad e importancia de la escuela debe estar en el corazón de cada persona. Lamentablemente muchos han encontrado en la escuela por motivación la de percibir un apoyo económico que no siempre emplean para su propio estudio. En la parroquia algunos jóvenes me cuentan que utilizan ese dinero para comprarse ropa o para cualquier actividad de carácter lúdico. El apoyo no lo emplean para cuestiones académicas.
¿Qué hemos hecho de la educación?¿Realmente estamos convencidos de la importancia de la educación?
¿Creemos que la educación es realmente una puerta de acceso a un pensamiento crítico?
¿Seguiremos permitiendo que un tema prioritario se politice?
La educación nos enseña a pensar. Estos gobiernos: ¿nos quieren pensantes?
Una ciudadanía con pensamiento crítico, con alta comprensión lectora y con capacidad de análisis es, por definición, una ciudadanía exigente, incómoda para cualquier poder político. Cuando el sistema educativo se precariza, se normaliza el rezago y se sustituye la calidad por el asistencialismo, el resultado es una sociedad más dependiente y menos propensa a cuestionar las decisiones de quienes gobiernan.
Feliz domingo a todos