Desde el Lunar Azul
Buen viernes farsante, día de asueto emocional para los “godines” y de reflexión obligada para quienes todavía creen que la democracia mexicana funciona con gasolina premium y no con puro vapor institucional.
Hoy toca ponerse el traje de analista, abogado electoral de cantina y ciudadano que todavía paga impuestos. Porque esta semana, en las cálidas y surrealistas tierras hidrocálidas, el Instituto Estatal Electoral de Aguascalientes decidió aventarse una jugada digna de tesis de posgrado en ingeniería social electoral.
Los siete consejeros del OPLE local —que rondan percepciones superiores a los 70 mil pesos mensuales y cuya presencia pública suele ser más discreta que la de un testigo protegido— determinaron que en ciertos municipios donde jamás ha gobernado una mujer, ahora los partidos tendrán que postular, sí o sí, a una candidata mujer o a un hombre autopercibido como mujer. Todos, menos los partidos de nueva creación. Porque en México hasta la igualdad tiene cláusulas de excepción.
La pregunta no es si la medida tiene una intención legítima. La discusión real es otra: ¿por qué ahora?, ¿por qué así?, ¿y quién decidió que el árbitro electoral debía convertirse también en arquitecto del tablero político?
Y mientras acá el OPLE juega al corrector histórico de la democracia regional, en la capital del país el INE anda metido en otro episodio de tragicomedia institucional. Morena impulsa una propuesta para que el Instituto cree una Comisión de Verificación de Integridad en Candidaturas. Traducido al español de barrio: quieren que el INE investigue si los candidatos tienen vínculos sospechosos antes de competir.
La genialidad es tan absurda que hasta Guadalupe Taddei, presidenta del INE y normalmente alineada con la narrativa oficial, salió a poner freno diciendo algo elemental: el INE no puede ser “juez y parte” de las elecciones.
Y tiene razón.
Porque una cosa es organizar elecciones y otra muy distinta convertirse en ministerio público electoral, policía moral o detector humano de narcopolíticos. Para eso existen —o deberían existir— fiscalías, unidades de inteligencia financiera y secretarías de seguridad. Aunque viendo cómo operan algunas, quizá ya entendemos por qué quieren aventarle también ese paquete al INE.
En realidad, todo esto parece más una estrategia preventiva de Morena para lavarse las manos rumbo a 2027. Porque cuando aparezcan más casos estilo Rocha Moya o candidatos incómodamente cercanos a ciertos grupos “empresariales de alto riesgo”, el oficialismo podrá decir: “nosotros sí los revisamos”. Aunque nadie sepa exactamente quién revisa a los revisores.
Y ahí es donde ambos temas —el local y el federal— se conectan como cables pelones.
¿Para qué sirven realmente los OPLES, el INE y los partidos políticos?
Es pregunta seria.
Porque mientras el INE organiza elecciones cada vez más complejas, con menos presupuesto y más responsabilidades, el sistema político le sigue cargando funciones como si fuera mula institucional. El propio Instituto advirtió hace unas semanas que el proceso electoral de 2027 podría colapsar logísticamente por la acumulación de elecciones federales, locales y judiciales.
Pero eso sí: dinero nunca falta para las prerrogativas partidistas.
Solo en 2026, los partidos políticos nacionales recibirán más de 7 mil 737 millones de pesos de financiamiento público.Siete mil setecientos treinta y siete millones para estructuras que muchas veces ni militan, ni forman cuadros, ni representan ciudadanos. Son franquicias electorales con presupuesto garantizado.
Y en Aguascalientes la cosa no canta mal las rancheras.
Los representantes partidistas ante el OPLE parecen alumnos obligados a entrar a una clase que no quieren tomar. Ayer varios ni siquiera se presentaron. Y aunque no tengan voto, tienen voz. O tenían. Porque muchos comitesestatales ya ni eso ejercen.
El PAN estatal no mueve una ceja sin revisar antes qué opina el área jurídica de Gobierno del Estado. Morena vive entre conferencias, pleitos internos y fuegos artificiales mediáticos, pero jurídicamente dispara más cohetes que resultados. Movimiento Ciudadano sigue practicando el noble arte de la invisibilidad estratégica. El PRI… bueno, el PRI sigue respirando gracias a soporte artificial azul.
Y mientras tanto, las prerrogativas siguen llegando puntuales, casi religiosas.
Quizá por eso la necesidadde discutir una reforma profunda al sistema de partidos. Menos burocracia electoral. Menos cacicazgos disfrazados de democracia interna. Menos partidos satélite viviendo del erario. Y más facilidades reales para candidaturas ciudadanas independientes, sin que tengan que atravesar un viacrucis jurídico diseñado para proteger monopolios políticos.
Porque seamos honestos: nuestro sistema electoral lleva años secuestrado por grupos, tribus y liderazgos que se reciclan entre cargos, cuotas y pactos.
Y el ciudadano… ese que financia toda esta maquinaria… apenas aparece cada tres años para validar el espectáculo.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo, como siempre.