¿Lo dije o lo pensé?
Se habla mucho de la dignidad del magisterio, pero no se habla de todos los docentes en el mismo sentido. Cada año, cuando llega la negociación salarial, queda más claro que hay maestros con mayor visibilidad que otros. Los docentes agrupados en el SNTE tienen una interlocución nacional, aparecen en los anuncios oficiales y forman parte de una negociación reconocida públicamente y, para este año, recibieron un 9% de incremento salarial. En cambio, los docentes de las Instituciones Públicas de Educación Superior suelen quedar en una zona gris, sosteniendo universidades, institutos tecnológicos, normales, politécnicas y centros públicos, pero no recibimos el mismo trato, la misma atención o la misma prioridad presupuestal.Como muestra, basta señalar el incremento salarial del 4%, muy por debajo del otorgado al magisterio de educación básica.
El Gobierno anuncia incrementos para el magisterio nacional y el debate público se concentra casi siempre en educación básica. Luego viene la CNTE, inconforme con el aumento, con demandas en materia salarial, laboral y de pensiones, y amenaza con paros, plantones y movilizaciones. Algunas de sus demandas pueden ser legítimas, sobre todo cuando se habla de pensiones dignas y condiciones laborales justas. Pero también es necesario señalar que la amenaza permanente de paro no puede convertirse en el único camino para que el Estado escuche. Si la presión callejera es la única vía eficaz, entonces el sistema está premiando al que bloquea más, no necesariamente al que tiene más razón.
Y mientras eso ocurre, los docentes de las IPES enfrentamos otro tipo de abandono. De entrada, se nos exige más preparación académica. Se asignan cargas académicas pesadas, grupos numerosos, investigación, tutorías, gestión, acreditaciones, vinculación, extensión, actualización constante y, además, la exigencia de producir resultados medibles. No sólo damos clase, formamos profesionistas, generamos conocimiento, atendemos estudiantes con trayectorias cada vez más complejas y sostenemos instituciones que muchas veces operan con presupuestos insuficientes. Aun así, nuestras condiciones salariales suelen tratarse como un asunto secundario, sujeto a topes, negociaciones locales y restricciones que nadie explica con transparencia.
El trato diferenciado es evidente. Para unos hay mensaje nacional, reconocimiento público y negociación política de alto nivel. Para otros hay paciencia, espera, dispersión institucional y respuestas administrativas. Como si el docente universitario tuviera menos derecho a la recuperación salarial. Como si su trabajo pesara menos porque no siempre aparece en marchas multitudinarias o porque sus sindicatos no tienen la misma fuerza de presión nacional.
La educación pública no puede dividir a sus docentes en categorías de importancia política. Si el país necesita buenos maestros en educación básica, también necesita buenos profesores en educación superior. Sin IPES fuertes no hay profesionistas bien formados, no hay investigación pertinente, no hay innovación pública, no hay desarrollo regional ni movilidad social sostenida.
Por eso, la discusión no debería centrarseen si la CNTE para o no para, o si el SNTE acepta o no acepta. El punto es ¿porqué la federación sigue midiendo con distinta vara a quienes cumplen una función pública semejante? Los docentes de las IPES no pedimos privilegios,pedimos que nuestro trabajo sea reconocido con justicia, presupuesto y reglas claras. Porque defender la educación pública también implica defender a quienes la sostienen todos los días, en todos los niveles educativos.