Volver al pasado… los azules que no entienden que no entienden

Desde el Lunar Azul

Buen miercoles, estimadas lectoras y lectores de este rincón azulado.

Dicen que la historia no se repite… pero en México le encanta hacer remakes baratos. Y el PAN nacional parece empeñado en filmar otra vez la misma tragedia política, nomás que ahora con menos talento y peores actores secundarios.

Todavía mareados por aquella borrachera de poder del calderonismo, los azules insisten en reciclar a los mismos personajes que utilizaron al partido como franquicia personal. Antes el cuento era “salvar a México del PRI”; luego acabaron abrazados al PRIMOR empresarial; y ahora creen que entre Salinas Pliego, Elon Musk, Donald Trump y un ejército de bots en X van a reconstruir una oposición competitiva.

No entendieron nada.

 

El gran error del PRIAN fue dejar de construir ciudadanía para convertirse en agencia de colocaciones de consultores. Se olvidaron de la calle, de la base, de la militancia real, esa que hizo posible la ola de Fox y sostuvo —aunque sea con alfileres— a Calderón. Después entregaron el partido al PRI sin ofrecer resistencia y sacrificaron a Josefina Vázquez Mota como quien entrega una ofrenda a los dioses del pragmatismo.

Hoy repiten la fórmula: encerrarse en una burbuja digital donde cada “like” cuesta más que un kilo de rib eye y donde los estrategas venden humo premium en cómodas mensualidades.

Creen además que Trump vendrá a rescatarlos, como si México fuera sucursal de “México S.A.” administrada desde Mar-a-Lago. A estas alturas, hay panistas que todavía piensan que Washington distingue entre aliados y empleados.

Y mientras tanto, en Chihuahua, Maru Campos terminó convertida en ariete político de una batalla mucho más grande que ella. La gobernadora enfrenta semanas particularmente complejas tras la polémica por la presencia de agentes estadounidenses en operativos de seguridad y los citatorios de la FGR.

El PAN salió en bloque a defenderla y Jorge Romero acusó persecución política. Pero el problema de fondo no es jurídico: es político. Porque mientras los operadores de escritorio juegan a la resistencia heroica desde Madrid o alguna terraza europea con Aperol Spritz en mano, quien pone el rostro, el desgaste y el riesgo es Maru.

Y sí, no hay que ser psiquiatra ni lector de tarot para notar que la mandataria chihuahuense no atraviesa precisamente su mejor momento animico, personal y politico.

Pero aterricemos en nuestro rancho azul.

Aguascalientes también empieza a oler a naftalina partidista. Tan agotado luce el PAN local que volvió a aparecer “El Mosco” Reyes. Sí, leyó usted bien. El hombre que hace 30 años le arrebató la alcaldía a los rojos.

Y ojo: el ingeniero ni siquiera era panista originalmente. Lo reclutaron porque representaba ciudadanía, hartazgo y ruptura. Ganó en gran medida por el desastre del agua potable, justo cuando el salinismo tecnocrático metía demasiado la mano en Aguascalientes y comenzaba esta larga transición donde el estado perdió brújula política y ganó administradores de percepción.

Ahora reaparece registrándose en la APP de Jorge Romero. Y eso no habla tanto de la fuerza del Mosco… sino del agotamiento del partido.

Porque salieron del control de “los cuatro fantásticos” para entrar al control de “TJ y la legión extranjera”. Cambiaron de capataz, no de sistema.

Y mientras Jorge Romero intenta sobrevivir al fantasma eterno del llamado “Cártel Inmobiliario” de la Benito Juárez —tema que Morena le recuerda cada tercer día—en Aguascalientes ya comenzaron a moverse otros perfiles.

Ahí está el doctor Galaviz, que se registró como aspirante ciudadano a la gubernatura. Más prudente y con más colmillo, entendió que la coyuntura podría abrirse precisamente por la cerrazón local. Lo hizo además usando la famosa APP que aquí han saboteado sistemáticamente porque algunos siguen creyendo que en Aguascalientes sólo truena un tipo de chicharrón.

Error.

Porque en política los liderazgos no son hereditarios. Pregúntenle a MOS o a LARF cuánto duró la ilusión de controlar eternamente al PAN local.

Hoy los márgenes se estrechan. Trump quiere mano dura, Morena quiere consolidación total y la oposición parece atrapada entre consultores caros, egos regionales y nostalgia calderonista.

México vuelve a parecerse peligrosamente a esos momentos históricos donde las élites locales se dividían mientras los intereses extranjeros celebraban desde la grada.

Y aun así, nuestros modernos tlaxcaltecas siguen convencidos de que pelear entre ellos es estrategia.

 

Aquí dejo esta roca.

 

Empújela usted.

Yo vuelvo, como siempre.

 

 

 

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