La seguridad vial nunca será una exageración

Así como va

Las recientes modificaciones a la Ley de Movilidad en Aguascalientes han abierto un debate necesario y urgente sobre la seguridad vial, particularmente en torno al uso de motocicletas por menores de edad.    Más allá de la incomodidad que estas medidas puedan generar en algunos sectores de la población, la realidad es que llegan en un momento en el que los accidentes que involucran a motocicletas, representan la principal causa de atención hospitalaria en las áreas de urgencias, y una de las principales causas de muerte entre adolescentes y jóvenes.   Con las nuevas disposiciones, la autoridad busca fortalecer la seguridad vial mediante acciones concretas: que los motociclistas tengan su documentación en regla, reforzar medidas de identificación y, sobre todo, impedir que menores de edad obtengan licencia de conducir. Esta medida puede parecer estricta, pero responde a una problemática que desde hace años se salió de control.   Lamentablemente, en Aguascalientes ya normalizamos ver a adolescentes conduciendo motocicletas como si fueran juguetes y no vehículos de alto riesgo. Muchos padres de familia entregan una moto a sus hijos bajo el argumento de “la necesidad”, “la urgencia” o “la practicidad”, sin dimensionar el peligro que eso implica. Una motocicleta mal manejada puede convertirse en una sentencia de muerte.   Hace unos días, acudí al C4 por motivos relacionados con un accidente del que fui víctima —pero esa es otra historia y motivo de otra reflexión—, ahí, conversé con una joven madre que esperaba recuperar del corralón la motocicleta de su hijo menor de edad. El vehículo había sido asegurado por la autoridad vial, precisamente porque el joven es menor de edad.    Lo que más me llamó la atención fue la preocupación de la madre: “¿Y ahora qué vamos a hacer si se ofrece una emergencia? Ya no puede ir mi hijo a ningún lado”.   La frase, retrata con crudeza la poca conciencia social que existe sobre este tema. Se ha vuelto tan común delegar responsabilidades de adultos a adolescentes, que hasta pareciera lógico poner a su disposición una motocicleta. Pero no lo es. Una moto en manos de un menor sin experiencia, sin madurez y muchas veces sin equipo de protección, es prácticamente como entregarle una pistola: quizá no se dispare hoy, quizá no ocurra mañana, pero el riesgo está siempre presente.   Por eso, de poco servirá que las autoridades y los gobiernos, impulsen leyes y restricciones para proteger la vida de los menores, si desde casa no existe corresponsabilidad. Ninguna reforma será suficiente mientras haya padres y madres dispuestos a ignorar el peligro por comodidad o costumbre.   La seguridad vial no puede seguir viéndose como una exageración de las autoridades. Cada casco que no se usa, cada menor que conduce sin permiso y cada padre que lo permite, es una apuesta irresponsable contra la vida. Y lamentablemente, las estadísticas demuestran que esa apuesta se está perdiendo todos los días.
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