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Urgen especialistas a legislar pantallas digitales

Ante exceso de exposición de niños y jóvenes a pantallas digitales, especialistas sugieren regulación, alfabetización y acciones colectivas.   "No es un problema individual, sino una situación colectiva que estamos produciendo entre todos", advierte Carlos Contreras Ibáñez, investigador en Psicología Social de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM).   "Los padres tenemos que ver que las compañías están lucrando con el daño en nuestros hijos e hijas".   Es indispensable encarar este problema de manera colectiva y exigir, a quien toma decisiones, que regule y legisle para frenar tal lucro, además de incrementar la inversión en salud, insta el académico de la unidad Iztapalapa.   Nadia González García, adscrita al Laboratorio de Investigación en Neurociencias del Hospital Infantil de México Federico Gómez (HIMFG), también destaca la importancia de considerar el abuso de pantallas como un asunto de salud pública que implique, entre otras medidas, alfabetización digital, es decir educar socialmente, como se hace en el tema de nutrición.   "Hoy todos sabemos que los ultraprocesados están mal, los puedes consumir o no, pero hay una conciencia en las personas de que están mal.   "Alfabetizar digitalmente significa que todos podamos saber que ciertos contenidos no alimentan sanamente a nuestro cerebro", explica.   Aconseja también una "poda de algoritmo", y evitar consultar sistemáticamente el mismo tipo de contenido.   "Cualquier cosa que consumas, el algoritmo te va a llevar a consumir más y más de eso y pareciera que lo que tú piensas es lo que predomina, y no es así".   Este enganche, que reditúa económicamente a las plataformas, resulta particularmente peligroso con sitios que promueven discursos de odio, por ejemplo los relativos a la machosfera o manosfera, previene González García.   Como sucede en todas la épocas, agrega, las jóvenes y los jóvenes se interesan por la pareja y por los amigos, pero en la actualidad, al recurrir a las redes sociales, por ejemplo TikTok, el algoritmo los conduce a comunidades en línea que reivindican masculinidades que no concuerdan con la reivindicación de los derechos femeninos.   "Eso ha llevado a que en Inglaterra, por ejemplo, se den cuenta que los adolescentes son menos defensores de los derechos de las mujeres. Están convencidos de que les han ido quitando derechos, porque el algoritmo los hace consumir ese tipo de contenido".     La gran rendición Desde la introducción al mercado de los teléfonos inteligentes o smartphones aumentaron los problemas de salud mental, sobre todo ansiedad, depresión, desórdenes en la alimentación, ideación suicida e intento de suicidio, señala González García.   En contraste, disminuyen las capacidades de atención, de retención y de resolución de problemas, anota por su parte Contreras Ibáñez.   "Nuestras capacidades están mucho más reducidas o están reduciéndose por el acceso a herramientas tan sencillas como las que permiten hacer cálculos con el celular o cosas incluso más complejas que requieren 'pensar' con la Inteligencia Artificial".   Se ha denominado the great surrender o la gran rendición a ese fenómeno, también aplicable a los adultos, que consiste en ceder a una máquina las capacidades cognitivas.   "También los adultos se ven afectados por la violencia que está en las pantallas y también están enganchados: vemos a muchas personas apostando en línea, consumiendo pornografía o series u otras formas de enganche similares a las de los niños o los jóvenes".   Estos consumos problemáticos se manifiestan cada vez más en el cuerpo de las personas, destaca.   "Los médicos refieren cada vez más problemas de tipo musculoesquelético, porque estamos jorobados, trabajando en pantallas, en celulares, incluso vamos en el Metro y no vemos lo que está pasando alrededor.   "También padece nuestro sistema inmune: todo lo que el cerebro está viendo en los videos lo interpreta como una potencial amenaza e incrementa los niveles de estrés y de ansiedad; no se está durmiendo suficiente ni se está durmiendo bien, se tienen pesadillas a partir de lo que uno ve en los videos. El cuerpo está hablando, está gritando que esto no está bien".     Ansiedad por el futuro Adicionalmente, las juventudes lidian con expectativas de futuro que propician ansiedad, observa Contreras Ibáñez.   "Están sintiendo que tienen más retos: las guerras, los problemas de la globalización, la entrada de la Inteligencia Artificial al mercado de trabajo, etcétera, lo están viendo como retos para los que se sienten poco preparados".   La UNESCO incluso ha reportado, dice, más ansiedad y preocupación en estas generaciones que en las previas.   Mientras que los más jóvenes de 13 a 18 años reconocen retos mayúsculos, pero consideran que tienen capacidad para afrontarlos, los mayores (de 18 a 23 años) se sienten más impotentes frente a ellos.   El apego a los dispositivos electrónicos y los vínculos a través de ellos se relaciona, además, con un desapego previo a núcleos familiares, escolares o de amistades, indica.   Cada vez más ausentes de las calles para protegerlos de la violencia y sin espacios alternativos de convivencia, niños y jóvenes se refugian entonces en las pantallas.     Prohibir el enganche La prohibición centrada en los consumidores no funcionará, advierte Contreras Ibáñez, pero sí la prohibición a las compañías para que no enganchen a jóvenes o niños a través de ciertos algoritmos o a las instituciones para que no cedan a empresas datos de los ciudadanos o de su condición de salud.   "La prohibición tiene que estar en las entidades que están obligadas a cumplir normas, no en los consumidores, no en los ciudadanos, que en principio tendrían también que ponerse de acuerdo sobre las normas, como establecer -o no- en el salón de clases horarios o para los aparatos".   Insta, además, a que se produzca investigación en el País sobre el tema.   "La investigación científica la necesitamos para solucionar justo estos problemas sociales".      
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