Si falta la comprensión, es porque no hay entendimiento. Y todo, porque cada quien ve la vida desde su propio ángulo, y no desde donde está el otro.
Cada uno tiene su personal punto de vista. Por eso, nuestra mirada está limitada por un punto, este, desde donde nos encontramos.
Más aún, el egoísmo, nos ciega, hasta hacernos pensar, que el punto de vista ajeno, no es tan real ni tan cierto, como nuestro criterio.
Y, con una actitud así, será imposible que podamos entendernos.
Algunos están juntos, pero no están unidos. Hay quienes se juntan con un interés personal; más no, por el bien común.
Y, cuando esto suceda, estará faltando la comprensión, y por tanto el entendimiento.
Algo así, se dio en tiempos de Babel, ahí, los hombres se juntaron, para librarse de un segundo diluvio, y retar a Dios.
Pero, cuando el Señor es rechazado, viene la división, entre los hombres. Y, estos acaban confundidos; y al hablar distinto idioma, se acabó la comprensión, y tuvieron que dispersarse.
Hoy, celebramos la llegada del Espíritu Santo, y descubrimos que donde hay un solo Espíritu, es posible restablecer la comunicación, y llegar a entendernos.
Así lo dice el libro de los Hechos: “…se llenaron todos del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otros idiomas, según el espíritu los inducía a expresarse. En esos días había en Jerusalén judíos devotos, venidos de todas partes del mundo. Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio”. (Hecho.2).
Si reina la unidad, gracias a la presencia del Espíritu, es entonces que se restablece la unión, y viene la comprensión.
Si todos buscamos al mismo Dios, y tenemos un mismo espíritu, es posible que recuperemos el amor.
Y, dónde hay amor, también hay una manera de entenderse; y así, lograr la comprensión.
Pidamos pues, que venga a nosotros el Espíritu Santo, y que nos devuelva la unidad perdida.
Que se recupere el amor, para que todos hablemos un mismo idioma. Y así, volvamos la comprensión.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
Evangelio
Evangelio según san Juan: 20, 19-23
Al anochecer del día de la resurrección, estando cerradas las puertas de la casa donde se hallaban los discípulos, por miedo a los judíos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz esté con ustedes”. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Cuando los discípulos vieron al Señor, se llenaron de alegría.
De nuevo les dijo Jesús: “La paz esté con ustedes. Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Después de decir esto, sopló sobre ellos y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdonar”.
Palabra del Señor.