La Cristiada y Economía MoralIII: la Segunda: 1929-1940

Behavioral Economics

Este es el tercero en una serie de artículos sobre Economía Moral y la Cristiada, un trágico eimportante conflicto entre el Estado y la Iglesia en México que duró casi 15 años, que este año cumple 100 años de haber iniciado, y con magníficas lecciones de Economía Moral especialmente valiosas en estos tiempos en que economistas tan prominentes como AlvinRoth, quien recibió su Nobel de Economía en 2012, están pugnando por una recuperación del espíritu original de la Economía como filosofía moral: espíritu científico, perfectamente vivo, y moral, muy olvidado. Pero antes de analizarla económicamente, necesitamos conocer la historia de la Cristiada, que dividimos en dos: la Primera Cristiada y la Segunda [sin “Cristiada”]. El artículo anterior trató sobre la primera parte; en éste, además de algunos detalles de la Primera Cristiadaque omitimos en el anterior, contaremos la Segunda.

Como conflicto en la tierra entre el Estado y la religión, la Cristiada dista de ser un evento histórico extraordinario, empezando por el famoso aforismo de Jesús “al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. Aún más,la Cristiada también dista de ser la primera (y última) rivalidad importante entre el Estado y la Iglesia en México, empezando por la mucho másconocida Reforma del siglo XIX. ¿Qué nos parece, pues, especialde la Cristiada? Su carácter, estudiado en el artículo anterior, de guerra autónoma:como si fuera un juego de ajedrez entre dos élites, el Estado y la Iglesia, con el pueblocomo peonesvoluntarios pero difíciles de predecir. El gran historiador de la Cristiada Jean Meyer llama “grandeza mexicana” a este interesante“voluntariado impredecible”.

En la Primera Cristiadael puebloentero se levantó súbitamente, entre fines de julio y principios de agosto de 1926,como movido invisiblemente por Jesús y la Virgen mismos después de haber sido separados de sus fieles con la suspensión de los oficios por parte de la Iglesia mexicana sin el visto bueno de Roma, y con el cierre de los templos por el Estado. Similarmente, cuando a mediados de 1929finalmente los templos fueron devueltos por el gobierno a los clérigos, Jesús y María volvieron a los altares, y las campanas volvieron a repicar, el pueblo se olvidó totalmente del conflicto también de manerasúbita.El inter fue unestancamientode tres años perder-perder para todos: (1) los cristeros simplemente no podían vencer al gobierno; (2) pero sin el apoyo del pueblo, el gobierno tampoco resultócapaz de acabar con los improvisados guerrilleros; y (3) el pueblo, quien ni entendía ni parecía interesarle lo que estaba pasando, sólo veía al cielo cerrado junto con los templos. La salida de este empantanamiento, relativamente sencilla y rápida, requirió la intervención de un tercero.

A mediados de 1929el embajador americanopropuso (1) no la cancelación, pero sí la suspensión de las leyes anticlericales; (2) perdón para los guerrilleros; y (3) restitución de los templos a los curas yreanudación de los cultos por parte de la Iglesia:relativamente simple, ¿No? Naturalmente, el Estado y la Iglesia rápidamente aceptaron la propuesta. Para el pueblo, por otro lado, junto con las de los templos, las puertas del cielo se volvieron a abrir, sin darnada a cambio. Sin embargo, 100 años más tarde siguen sin parecernos ni simple ni naturalpor qué el Estado y la Iglesia no pudieron llegaral acuerdo anterior solos, y cómo un estancamiento donde todos estaban perdiendo se pudo extender 3 años. Pero antes de buscar respuestas económico-morales, contemos la segunda parte de la historia,la Segunda [así, sin “Cristiada”], relativamente más sencilla.

Aunque oficialmente la presidencia de Plutarco Elías Calles (1924-1928)terminóantes del final de la Primera Cristiada,para fines prácticos retuvo el poder otros seis años,conocidos como el “Maximato”: Emilio Portes Gil (1928-1930), Pascual Ortiz Rubio (1930-1932), y Abelardo Rodríguez (1932-1934). Por si necesitáramos todavía más misterios, tras la caída de Ortiz Rubio, el gobierno se olvidó de los acuerdos de 1929 y reemprendió la persecución religiosa.Esta se extendió hasta 1938, cuando Lázaro Cárdenas, elegido presidente en 1934 y quien se había liberado del yugo de Calles en 1935, procuró una armonía pragmática entre los poderes. A diferencia de la Primera Cristiada, la Segunda no fue una guerra autónoma, resultando así menos complicada para el gobierno:para fines prácticos el conflicto se limitó a las élites Estado-Iglesia, porque aunque Roma condenó la violación de los acuerdos de 1929, prohibiólevantamientos yayuda a los levantados, arrastrando así a la opinión pública ahora contra los cristeros. De hecho, en palabras de Meyer, la nueva guerrilla no se atrevió a completar la “Segunda Cristiada”, sólo la “Segunda”, precisamente por esta prohibición.

Además de en la historia de la Cristiada, laimportancia del apoyo de la sociedad para el éxito de laspolíticas de los gobiernosse encuentraen el corazón de la Economía Moral…como veremosen elpróximo artículoporque ya hemos alcanzado nuestrolímite semanal de 800 palabras.

 

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