Bajo presión
Por donde se le vea, la manifestación de Morena en Chihuahua fue un fracaso y el discurso con que el oficialismo trata de minimizar los hechos sólo profundiza el daño que el partido está causando por intentar imponer el discurso por sobre la realidad.
Morena no logró reunir a los cientos de miles de chihuahuenses que aseguró Arturo Ávila iban a exigir juicio político a la gobernadora María Eugenia Campos.
En la primera manifestación que encabezaba Ariadna Montiel como presidenta de Morena, la organización falló miserablemente en la organización de la marcha. Además de la logística, es necesario contabilizar la suma de negativos que trajo la presencia de Andy López Beltrán, una de las figuras con mayores negativos dentro del partido, encuestas recientes sobre posibles candidatos presidenciales establecen que el hijo de López Obrador es quien acumula mayores números de rechazo ciudadano.
De acuerdo a la encuesta de CRIPESO en Chihuahua, Morena mantiene una ventaja sobre Acción Nacional en la intención de voto para la gubernatura (43.67% contra 37.07%), sin embargo, los tres posibles candidatos de ese partido: Andrea Chávez Treviño, Cruz Pérez Cuéllar y Ariadna Montiel Reyes no lograron sacar a las calles a la militancia que tanto presumen; a meses de la contienda la ventaja del partido oficial sobre Acción Nacional no se ve difícil de remontar.
A bote pronto, el oficialismo intentó modificar la narrativa mostrando un desconocimiento de la historia política de Chihuahua, minimizando las razones por las que el pueblo de Chihuahua suele tomar las calles ni lo que motiva la participación ciudadana.
También se puso en marcha la maquinaria de la victimización, montones de medios aliados y voceros acusando al gobierno de Maru Campos de boicotear la manifestación, de ejercer violencia y violar derechos.
Días después del fracaso, la gobernadora de Chihuahua realizó una gira de entrevistas en medios nacionales, en todos los espacios de Radiofórmula, desde Ciro Gómez Leyva hasta Joaquín López-Dóriga, con los grandes medios de circulación nacional y hasta con El País.
Las respuestas erráticas y confusas de Maru Campos le dieron otro sentido a la respuesta mediática del morenismo, más que victimizarse se enfocaron en señalar las pifias de la gobernadora de Chihuahua, la acusaron de confesar que había violado la ley, incluso, para emularla a Felipe Calderón, en más de un medio amable con la Cuarta Transformación se insinuó que había asistido borracha a las entrevistas, eso sin dejar de subrayar el carácter autoritario de la mandataria.
La respuesta de Morena no ha funcionado, es difícil borrar el fracaso de la manifestación del fin de semana y, lo más grave, no han logrado instalar en el centro de la discusión que la intervención de agentes de la CIA en un operativo en Chihuahua tiene la misma gravedad que las acusaciones de Estados Unidos por colaborar con el narco en contra del gobernador Rubén Rocha Moya y otros funcionarios de Sinaloa.
Lo que Morena no acaba de entender es que lo ocurrido en Chihuahua y llamar a defender la soberanía por esa presunta intervención extranjera, no forma parte de las preocupaciones del ciudadano de a pie, mientras que la colusión de los gobiernos con el crimen organizado y su relación con la seguridad es el asunto en el que más piensan los mexicanos. Entre envolverte en la bandera como Juan Escutia y la angustia por el cobro de piso o no poder salir a las calles sin el miedo de ser violentado, es evidente qué tema ocupa más a la gente común.
Incapaz de rectificar cuando se trata de establecer una narrativa, Morena continuará empujando ese discurso de la defensa de la soberanía, repartiendo certificados de traidores a la patria a todo aquel que no se quiera poner el chaleco guinda, sin ver que así le están dando armas a sus adversarios, porque en el afán de victimizarse, el partido oficial está impulsando a Maru Campos como figura nacional que puede encabezar a la oposición en el 2027
No importa lo erráticas que sean las respuestas de Maru Campos en las entrevistas, lo que Morena está logrando al colocar el reflector en Maru Campos repitiendo monótona que está combatiendo al crimen organizado y por eso la persigue el gobierno federal es concentrar la atención en una gobernadora, que ya va de salida, pero representando una causa que es la principal preocupación de los mexicanos.
La oposición sin argumentos para combatir el avance de Morena en todo el territorio nacional, no va a desaprovechar la ocasión, no necesariamente para impulsar la carrera de Maru Campos hacia la candidatura presidencial, sino para golpear al oficialismo mediante el uso de la lucha contra la inseguridad como campaña; si la Cuarta Transformación llegó al poder gracias al descontento de la población con las prácticas corruptas de los regímenes anteriores, ahora está dejando en manos de sus adversarios el tema del combate al crimen organizado como discurso en torno al cual se puede organizar.
Morena no advierte el riesgo de la estrategia que ha elegido. En lugar de disputar el tema de la inseguridad con resultados, estadísticas o una narrativa capaz de responder al miedo cotidiano de la población, decide refugiarse en el discurso de la soberanía vulnerada y la persecución política. El problema es que esa bandera sirve para cohesionar a la militancia, pero difícilmente conecta con una ciudadanía que vive preocupada por la violencia, las desapariciones, el cobro de piso y la expansión del crimen organizado.
La apuesta es todavía más equivocada cuando intentan equiparar Chihuahua con Sinaloa. No son casos comparables. En Chihuahua, Morena busca construir una narrativa alrededor de una presunta intervención extranjera y convertir a Maru Campos en símbolo del entreguismo opositor; en Sinaloa, en cambio, el debate está marcado por algo mucho más grave, la violencia cotidiana, las sospechas de vínculos entre el poder político y las estructuras criminales, bajo la presión permanente de las agencias y tribunales de Estados Unidos. Ahí los tiempos ya no los dicta la propaganda de la Cuarta Transformación ni las conferencias mañaneras, los marca Washington.
Mientras Morena insiste en envolverse en la bandera y repartir acusaciones de traición a la patria, está dejando libre el terreno más sensible para cualquier elección: la seguridad. La oposición carece de proyecto, liderazgo y discurso económico, pero no necesita demasiado cuando el oficialismo le está entregando, por incapacidad o soberbia, la posibilidad de encarnar el reclamo social más extendido del país. Porque si algo puede erosionar a Morena hacia el 2027 no será la defensa abstracta de la soberanía, sino la percepción de que el gobierno perdió el control frente al crimen organizado.
Coda. Morena puede seguir alegando la invasión extranjera y la patria en peligro, mientras millones de mexicanos siguen mirando la misma escena cotidiana: violencia, miedo e impunidad. En política, tarde o temprano, la realidad siempre termina derrotando al discurso.
@aldan