La medicina con perspectiva de género

Intersecciones en clave de género

El funcionario del gobierno de Aguascalientes Rubén Galaviz Tristán, secretario de Salud recientemente incurrió en una declaración que sólo puede recibirse con una sonrisa congelada y la ceja levantada.

En el marco de una campaña para la detección oportuna del hipotiroidismo, recurrió a una analogía que, hay que reconocerlo, nadie más había usado en la historia de la medicina pública mexicana: la princesa Fiona de Shrek. "Éste es el síndrome de Fiona", declaró ante medios de comunicación, "aumento de peso, tiene problemas estéticos y hay importantes cambios en la apariencia física. Éste es el problema de reflejarse en la imagen de Fiona". El personaje, para quien no recuerde, es una princesa que se convierte en ogra. Ogra verde. Por las noches.

La creatividad comunicativa hay que reconocérsela. La precisión clínica, es la que nos ocupa.

Unas 750 millones de personas en el mundo tienen algún trastorno de tiroides, de las cuales un 60% lo desconoce, según datos de la OMS la Organización Mundial de la Salud.

El hipotiroidismo es una enfermedad en la que la glándula tiroides produce hormonas por debajo de lo que el organismo necesita, lo que ralentiza prácticamente todos los sistemas del cuerpo. Sus síntomas clínicos documentados incluyen: fatiga profunda y somnolencia, deterioro de la memoria y dificultad para concentrarse, depresión, alteraciones menstruales e infertilidad, dolor articular y muscular, bradicardia, intolerancia al frío, estreñimiento, caída de cabello, piel seca, y en casos severos, riesgo cardiovascular y coma mixedematoso.

El aumento de peso; ese detalle que el secretario encontró tan cinematográfico, es apenas uno de los síntomas, pero obviamente  no es el más urgente. Es, en todo caso, consecuencia de la desaceleración metabólica. Pero mencionarlo primero, y enmarcarlo como "problema estético" junto a Fiona la ogra, revela con cierta elocuencia involuntaria qué es lo que el funcionario considera relevante cuando habla de la salud de las mujeres.

Porque de las mujeres se trata. El hipotiroidismo es diez veces más frecuente en mujeres que en hombres, según la literatura endocrinológica internacional. En México, la prevalencia de hipotiroidismo primario es del 1%, y llega hasta el 8% en su forma subclínica. El Instituto Nacional de Perinatología lo documenta como la segunda causa de infertilidad femenina en el país. Aguascalientes, señala el propio secretario, tiene tasas de incidencia superiores al promedio nacional y eso habría que investigarlo mejor.

 

Quiero ser justa. La intención de la campaña era loable: romper un récord Guinness de tamizajes para promover la detección oportuna del hipotiroidismo en la Feria Nacional de San Marcos, en alianza con la farmacéutica Merck México. Detectar una enfermedad que el 60% de quienes la padecen desconoce tener es, objetivamente, una buena idea de salud pública. Nadie niega eso.

El problema no es la campaña. El problema es la narrativa que la acompaña.

Cuando un servidor público reduce una enfermedad crónica y sistémica —que afecta la fertilidad, la salud mental, la función cardíaca y la calidad de vida de millones de mujeres— a "problemas estéticos" ilustrados con una ogra de animación, no está simplificando por pedagogía. Está revelando el lente con el que lee la salud femenina: el del espejo.

La depresión que provoca el hipotiroidismo no aparece en la analogía. La infertilidad, tampoco. El deterioro cognitivo, menos. Solo el peso. Solo la apariencia. Solo Fiona.

Este sesgo no es inocente, aunque tampoco sea necesariamente malicioso: es cultural.

Es el mismo sesgo que hace que los síntomas de enfermedades femeninas sean atribuidos históricamente al estrés, al carácter o al descuido estético, mientras que los mismos síntomas en hombres se investigan con más urgencia clínica. Es el sesgo que hace que a una mujer con fatiga crónica se le recomiende dormir más, y a un hombre con los mismos síntomas se le pidan los estudios necesarios.

La medicina con perspectiva de género no es un capricho ideológico. Es una herramienta de diagnóstico. Las enfermedades se manifiestan de manera diferente según el sexo biológico, y comunicarlas ignorando esa diferencia o peor, reduciéndola a un chiste estético tiene consecuencias reales: mujeres que no se identifican con los síntomas descritos, que tardan más en buscar atención, que reciben diagnósticos tardíos, o simplemente no asistirán a recibir atención médica porque se sentirán minimizadas al ser comparadas con un personaje caricaturesco no agraciado.

 

Hay algo más que vale la pena nombrar: la alianza de esta campaña con una farmacéutica de alcance global obliga a que el mensaje sea doblemente cuidadoso. Cuando el Estado y la industria farmacéutica comparten presídium y micrófonos, la calidad de la información pública no es solo una cortesía médica, es una obligación ética. Las mujeres que acuden a hacerse el tamizaje merecen saber qué están buscando, por qué importa, y qué consecuencias tiene no tratarlo. No merecen una analogía con una princesa animada.

El hipotiroidismo tiene tratamiento eficaz, seguimiento sencillo y altos niveles de control con los fármacos adecuados. Esa es la buena noticia que debió encabezar la conferencia. Que miles de mujeres en Aguascalientes podrían estar viviendo con fatiga, depresión, o infertilidad sin saber que una glándula del tamaño de una mariposa en su cuello tiene la respuesta, esa es la urgencia que debió darle nombre a la campaña.

En cambio, les dieron a Fiona.

Porque en política de salud, las palabras no son ornamento. Son diagnóstico. Y este diagnóstico comunicacional necesita revisión urgente.

Me imagino a las mujeres que fueron a hacerse el tamizaje durante la Feria Nacional de San Marcos. Mujeres que cargaron con años de cansancio sin explicación, que les dijeron que era el estrés; que lloraron sin saber por qué, que les dijeron que eran "muy sensibles"; que no podían embarazarse, que les dijeron que esperaran un poco más. A esas mujeres, el secretario les dijo que tenían el síndrome de la ogra.

Con todo el respeto institucional que le corresponde al cargo: podemos hacerlo mejor. Mucho mejor. La salud pública merece un lenguaje que esté a la altura del padecimiento, no de la taquilla cinematográfica. Y las mujeres de Aguascalientes: las 9,000 que el propio secretario estima con hipotiroidismo clínico en la entidad, merecen que quien vela por su salud sepa lo que les duele, más allá de cómo se ven en el espejo.

Porque el hipotiroidismo no es Fiona. Es la mujer que trabaja, que cuida, que sostiene, que siente un agotamiento que no le creen, y que merece un diagnóstico —y un discurso— a la altura de lo que siente y vive.

 

Gwendolyne Negrete Sánchez · "Jefa de Jefas"Fundadora y Presidenta Nacional de Mujeres Jefas de Familia A.C. Country Chair G100 México | Coordinadora, Mujeres Líderes de las Américas

 

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