Opresiones

Bajo presión

El 8 de mayo fue detenido en Aguascalientes Carlos Darío, después de haber participado en las manifestaciones en contra de la presencia de Isabel Díaz Ayuso. En rueda de prensa, su madre y familiares narraron que se le tuvo tres días incomunicado. El joven ya fue vinculado a proceso y se le acusa de posesión y distribución de drogas.

El 18 de mayo, en el Cabildo de Aguascalientes, la regidora Martha Márquez volvió a interrumpir la sesión para acusar al secretario del Ayuntamiento, Enrique García López, de ser un opresor por declarar en entrevista que podría ser sancionada por haber interrumpido la sesión solemne en que se entregó la Medalla Aguascalientes 450 Años de Orden, Progreso y Libertad a Isabel Díaz Ayuso.

De acuerdo al testimonio de sus familiares, Carlos Dario fue detenido dos días después de manifestarse, pacíficamente, en contra de la visita de la la presidenta de la comunidad Madrid, agentes ministeriales sin identificarse y sin orden de aprehensión lo detuvieron con un uso excesivo de la fuerza. En la audiencia del 13 de mayo, la Fiscalía lo acusó de delitos contra la salud, cuando originalmente fue detenido por daños a la propiedad, el delito cambió porque, de acuerdo a los agentes, al interrogar a dos personas con actitud sospechosa, les dijeron que iban a comprar droga y que Carlos Darío era quien la vendía.

El nuevo exabrupto de Martha Márquez tenía como propósito que se cambiara el acta de la sesión solemne para asentar que se le “aventó, se me amedrentó, se me silenció, se me apagó el micrófono”. Entre abucheos del resto de los regidores, pegó una cartulina señalando: “Galo Opresor”.

Carlos Darío es militante de la Juventud Comunista de México y reconocido activista en diversas causas sociales, sus compañeros y familiares han organizado una jornada de acciones para su liberación, que van desde volanteos en diferentes partes de la ciudad, una asamblea de colectivos, activistas y defensores de los derechos humanos y una marcha el domingo 24 de mayo que irá de la Clínica 1 a la Exedra.

Isabel Díaz Ayuso interrumpió su viaje argumentando que se enfrentó a un “peligro extremo” y acusó al gobierno de Claudia Sheinbaum de boicotear sus eventos institucionales y económicos. En el pleno de la Asamblea de Madrid, la presidenta de Madrid declaró que “México no existió hasta que llegaron los españoles” y  retó públicamente a la mandataria mexicana a explicar qué hay en el predio ubicado en la calle República de Guatemala número 24, el Huey Tzompantli, una estructura ceremonial mexica utilizada para la exhibición de cráneos humanos ofrendados en rituales religiosos. Falsas acusaciones  y un intento banal por generar polémica. Actitudes y declaraciones que en nada honran el servilismo con que los funcionarios de Aguascalientes la homenajearon.

Martha Márquez capitalizó la visita de la presidenta de Madrid, interrumpir la sesión solemne, así como la de gritarle opresor a Quique Galo, a semanas de la definición de candidaturas para la elección 2027 la regidora presenta sus arranques como una muestra de valor, dice representar al verdadero Aguascalientes, levantar la voz por quienes no tienen agua y sufren la corrupción, se asume como perseguida del gobierno de Teresa Jiménez Esquivel, haciendo a un lado que rompió el protocolo y sus intervenciones fueron sólo ocurrencias.

Sobre el caso de Carlos Darío ya existe queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos para revisar el actuar de los policías ministeriales, su madre demanda una respuesta por parte de las autoridades de Aguascalientes y que se garantice la seguridad del detenido y sus familiares. Hoy sigue privado de su libertad en el CERESO varonil.

¿Es Aguascalientes un estado opresor? Depende de quién hable y, sobre todo, de quién padezca el poder.

No lo fue para Isabel Díaz Ayuso, homenajeada entre aplausos oficiales, protegida por un aparato político dispuesto a convertir su visita en acto de sumisión provinciana. Tampoco parece serlo para Martha Márquez, quien convirtió sus interrupciones y desplantes en una rentable narrativa de persecución política, amplificada por cámaras, micrófonos y redes sociales. La regidora grita “opresión” mientras ocupa el centro del escenario y capitaliza cada confrontación como propaganda rumbo al 2027.

Pero para Carlos Darío la historia es otra. No hubo micrófonos abiertos ni defensa institucional. Hubo detención, incomunicación, acusaciones cambiantes y silencio. Un activista preso mientras el gobierno de Teresa Jiménez evita explicar qué ocurrió, cómo ocurrió y por qué un joven que se manifestó contra una figura política extranjera terminó acusado de delitos contra la salud.

Ahí está la diferencia entre la narrativa y el poder real. A unos la supuesta opresión les sirve para construir personaje político; a otros los deja encerrados en un CERESO. Mientras unos convierten el agravio en espectáculo, sobre el caso de Carlos Darío lo único verdaderamente escandaloso sigue siendo el silencio de las autoridades.

 

Coda. En Aguascalientes manifestarse sigue siendo un acto de riesgo desigual: si tienes cargo público, la protesta puede darte reflectores, entrevistas y posicionamiento político; si eres ciudadano, puede darte una carpeta de investigación, incomunicación y una celda. Aquí la libertad de expresión también parece administrarse por jerarquías.

 

@aldan

 

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