Bajo presión
¿Quién será el candidato del PAN a la gubernatura de Aguascalientes en 2027?
La respuesta todavía no la tienen en Palacio de Gobierno… pero ya se la preguntamos a la Inteligencia Artificial.
A ocho inteligencias artificiales distintas. La pregunta fue directa: ¿Quién va a ganar la candidatura a la gubernatura de Aguascalientes en la elección del 2027, Leonardo Montañez o Antonio Martín del Campo?
Las respuestas dejaron un empate técnico digno de encuesta pero con algoritmos.
OpenAI con ChatGPT, Anthropic con Claude, Meta AI y Perplexity prefirieron lavarse las manos y mantenerse imparciales.
Alexa respondió directa “No tengo respuesta para esa pregunta”.
Siri hizo lo que mejor sabe hacer cuando algo se pone incómodo: negarse a responder.
Hubo dos excepciones:
Grok, la inteligencia artificial impulsada por Elon Musk, se inclinó abiertamente por Antonio Martín del Campo y lo colocó como el futuro candidato panista.
Mientras que Gemini, la IA de Google, le dio una ligera ventaja a Leonardo Montañez.
Empate de máquinas.
Empate de algoritmos.
Empate azul.
Y aunque todo esto parece un juego de redes sociales, el fondo político es real: el ambiente dentro del PAN está cada vez más caliente y cualquier movimiento de quienes encabezan las encuestas para suceder a Teresa Jiménez puede convertirse en el paso decisivo… o en el error que los saque de la contienda.
Faltan meses para la definición oficial, pero la guerra por la candidatura ya empezó. Y ahora hasta la Inteligencia Artificial entró al juego.
La entrada de este texto fue creado con ayuda de una IA, se introdujeron los datos de la consulta y se le pidió que elaborara una nota con potencial viral. Al texto la IA agregó que el truco estaba no en la “nota tecnológica”, sino en convertir a la IA en árbitro del pleito interno de Acción Nacional y que se debía escribir con tono ligero, ritmo rápido y remates que inviten a que la gente discuta en comentarios.
No hay periodismo en ese texto, detrás está una persona que lee la coyuntura e intenta sacar provecho de ella.
Ante el cambio de hábitos de los lectores de noticias, para satisfacer la costumbre de informarse a través de redes sociales, mediante notas brevísimas y de preferencia emitidas por alguien joven, no relacionado con las figuras tradicionales que conducen un noticiero o forman parte de lo que llamamos comentocracia, con el texto elaborado sobre Antonio Martín del Campo y Leonardo Montañez se le puede pedir a la IA que lo transforme en un guión para material audiovisual, con estrategia para las diferentes redes.
Se le puede modificar el tono, de la mano de la IA, se consigue una nota sarcástica e irónica, provocadora o bien alargarla agregando fuentes y antecedentes; a una simple ocurrencia se le puede sacar mucho jugo para simular que hay un grupo de personas trabajando en la creación de contenidos, sin necesidad de personas reales, la IA también puede generar avatares que hablen por nosotros, todo depende de las habilidades técnicas que se hayan desarrollado.
Los datos que se proporcionaron a la IA pueden ser falsos, no importa, la inteligencia está para ayudarnos a desarrollar el contenido en la dirección que uno quiera. No hay ética periodística, no se verifican los datos, sólo el interés por crear contenido que pueda atraer al lector.
Hay visiones sumamente pesimistas sobre el uso de la IA, según estas voces el apocalipsis tecnológico está cada vez más cerca por el desarrollo independiente y autónomo, ese que algún día terminará por volverse en contra de los seres humanos; de lo que se habla poco es de la responsabilidad de los humanos en el uso de estas herramientas.
La discusión sobre la Inteligencia Artificial suele concentrarse en la herramienta y no en quien la utiliza. Se habla de algoritmos capaces de reemplazar empleos, de máquinas que aprenden solas o de programas capaces de simular emociones, pero el verdadero problema no es tecnológico sino humano. La IA no inventa por sí sola una campaña de desinformación, no decide manipular una conversación pública ni escoge deliberadamente el escándalo sobre los hechos. Detrás de cada contenido viral hay una persona que entendió que el enojo, la polarización y la mentira generan más clics que la información verificada.
La lógica de las plataformas empuja justamente hacia allá. Importa más la velocidad que la precisión, más el impacto que el contexto. En ese ecosistema el generador de contenido ya no busca informar sino retener la atención unos segundos más. La Inteligencia Artificial vuelve más barato y más rápido este proceso: permite fabricar titulares alarmistas, videos falsos, entrevistas inexistentes, fotografías manipuladas y hasta debates políticos completos construidos desde la ficción. Nunca había sido tan sencillo producir la apariencia de una noticia sin hacer periodismo.
El riesgo no está solamente en que circulen datos falsos, sino en que la conversación pública termine organizada alrededor de esas falsedades. Una mentira repetida mediante cientos de cuentas automatizadas, videos cortos y contenidos emocionales puede terminar influyendo más que una investigación seria. El problema se agrava porque buena parte del público ya no distingue entre información, propaganda, entretenimiento y manipulación. Todo aparece mezclado en el mismo flujo infinito de redes sociales, donde la credibilidad se mide por reproducciones y no por evidencia.
Por eso la discusión ética ya no puede limitarse a preguntarnos qué tan avanzada será la Inteligencia Artificial, sino qué tan irresponsables estamos dispuestos a ser quienes la utilizamos. La IA puede servir para investigar mejor, ordenar datos, traducir documentos o ampliar capacidades creativas; también puede convertirse en la herramienta perfecta para degradar el debate público y convertir la política en un simple espectáculo de engagement. El problema nunca fue la máquina. El problema sigue siendo la facilidad con que algunos están dispuestos a sacrificar la verdad con tal de conseguir audiencia.
Las aristas de esta discusión son múltiples, una de ellas se relaciona con la participación de la ciudadanía en los asuntos políticos, en el caso de esta nota sobre los candidatos a la gubernatura de Aguascalientes, la ausencia de un criterio periodístico, la prevalencia de la necesidad de ganar la atención por encima del interés de informar, al final, provoca desinterés del lector por este tipo de notas.
La facilidad con que se multiplican este tipo de contenidos aunado a lo sencillo que es tergiversar la información para beneficiar a uno de los candidatos, termina por prostituir la función del informador para transformarlo en vendedor de ilusiones. El público, harto de este contenido, finaliza llevando su atención a otro lado, a mentiras más bondadosas y que no se relacionan con sus posibilidades de desarrollo.
La tragedia no es que existan políticos dispuestos a pagar por estas estrategias, de esos siempre ha habido. La novedad es la aparición de “periodistas” que ya no venden información sino paquetes de engagement: polémica artificial, tendencias prefabricadas y notas diseñadas para inflar egos o destruir adversarios. Ya no investigan, optimizan métricas. Ya no verifican datos, calibran reacciones. Cambiaron la libreta por el tablero de analítica y la ética por el algoritmo.
Coda. Vendedores de percepción a los que la Inteligencia Artificial puede escribirles el contenido, generarles las imágenes y hasta simularles la audiencia. Para el periodismo, lo único verdaderamente prescindible… eran ellos.
@aldan