Gobernar o administrar el ruido: la crisis del “mandado”, no del índice agregado

Desde el Segundo Piso

El filósofo español José Antonio Marina distingue dos formas de entender la política, la que ejerce el poder y la que resuelve problemas. La primera prescinde de la moral; la segunda la tiene como fundamento. A veces pareciera que México lleva decadas atrapado en la primera, sin que parezca importarnos demasiado.

La clase política ha convertido el gobernar en una sucesión de precampañas. Cada conferencia es posicionamiento, cada crisis es cálculo de rentabilidad electoral. Gobernadores con la mirada puesta en la continuidad del fuero, alcaldes que ya piensan en la gubernatura, legisladores diseñando su siguiente candidatura. El país real, mientras tanto, se percibe que avanza por inercia.

Y la inercia tiene costos.

El más sensible hoy es el de la canasta básica. La inflación oficial reporta cifras "controlables", pero basta ir al mercado, como la presidenta le pidio al Secretario de Hacienda hace poco, para encontrar otra contabilidad, el jitomate, el huevo, la tortilla, el limón, el chile. Esos productos no mienten. No tienen vocero, no tienen conferencia mañanera. Son indicadores políticos más honestos que cualquier índice institucional.

Lo que hay detrás no es un fenómeno solo monetario. Es la acumulación de omisionesy temas estructurales, sequías no atendidas, deterioro hídrico ignorado, campo abandonado tecnológicamente, cadenas de distribución controladas por unos pocos ( Maseca, Minsa, Oxxo, Walmart entre otros).

El campo produce menos, cuesta más y depende cada vez más del exterior. El cambio climático dejó de ser advertencia “woke” para convertirse en amenaza económica directa. Pero el debate público prefiere las encuestas, los pleitos partidistas y la siguiente elección. Así, el numero de seguidores o “likes”, sustituyó a la administración pública y la propaganda terminó por reemplazar la estrategia de Estado.Y me refiero a todos los gobiernos, incluyendo a los locales.

Lo mismo aplica a la educación. El país discute ideologías en los libros de texto mientras millones de estudiantes acumulan rezago severo en comprensión lectora y matemáticas. No estamos formando capital humano para la economía del siglo XXI; estamos produciendo generaciones destinadas a la precariedad. Pero eso no genera “likes”.

Y está, finalmente, la inseguridad que no aparece en las estadísticas del triunfo. La extorsión comercial, cobro de piso, robo al transporte, mercados infiltrados. Las centrales de abasto se han convertido en zonas dominadas por el crimen organizado. Costos ocultos que alguien siempre termina pagando, invariablemente el que menos puede hacerlo, el consumidor final.

Porque al final todo se entrevera. La inflación no es solo un tema monetario, también es criminal, logístico y oligopólico. Unas cuantas cadenas controlan la distribución, la intermediación y los márgenes. Y algo grave es que cuando los costos suben, el consumidor lo resiente de inmediato; cuando bajan, las ganancias privadas tardan en ajustarse. Ese asimétrico reparto es, también, una forma de poder.

La pregunta que queda suspendida, es una muy antigua de la ciencia política¿quién gobierna realmente?

Porque gobernar no solo es ganar elecciones. Gobernar es garantizar agua, alimentos, seguridad, educación y movilidad social. Todo lo demás es marketing disfrazado de proyecto político. Y ojo, que ese “índice emocional” del “chivo” o mandado para la casa no entiende de encuestas de popularidad; por más “likes” y simpatía que genere un gobernante. Al tiempo.

 

Autor: Ricardo Heredia Duarte

 

 

 

 

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