40 millones en frijoles y una foto para el 2027

Desde el Lunar Azul

Buen martes, estimados lectores de este rincón azul, grillero y ahora también frijolero.

Terminó la Feria Nacional de San Marcos y, aunque algunos todavía siguen buscando el after, hay una conclusión inevitable: el modelo ya se agotó. Mucha producción, mucha selfie, mucho influencer importado y poca esencia. La verbena más importante del país necesita regresar a lo que era antes de convertirse en un parque temático de patrocinadores y políticos en campaña. Y sí, también se extrañó la fiesta brava, aunque a algunos les dé urticaria admitirlo.

Pero vámonos al plato fuerte: los frijoles electorales.

Mientras en el palco gubernamental de la última corrida desfilaban las caras largas de la élite azul, Leo Montañez, Toño Martín del Campo, la Gober, Luis Alberto Villarreal y su niño azul zacatecano, el presidente municipal Miguel Varela. Mientras en Zacatecas las cosas estaban bastante menos elegantes. Allá, policías estatales desalojaban con macana, gas y fuerza pública a campesinos, maestros y estudiantes que protestaban por el desastre del precio del frijol. Una postal muy mexicana: los políticos brindando y el campo sobreviviendo.

Y ojo al dato duro: Zacatecas produce alrededor del 35% del frijol nacional, según cifras de la Secretaría de Agricultura. Pero sus productores siguen atrapados entre coyotes, intermediarios y gobiernos que los recuerdan únicamente cuando hay elecciones o crisis mediática.

Casualmente, en medio del incendio político apareció la genial idea de comprar 20 mil toneladas de frijol zacatecano. Un gesto “solidario” que, haciendo cuentas rápidas, representa entre 40 y 50 millones de pesos. Milagrosamente sí hubo dinero. Porque podrá no haber recursos para carreteras, seguridad o medicinas, pero para apagar fuegos electorales siempre aparece un monedero mágico. Casi siempre patrocinado por el contribuyente.  ¿ O Banorte, acaso ?

Y claro, el gobierno zacatecano respondió como responden todos los gobiernos cuando las cosas salen mal: culpando al vecino. Rodrigo Reyes secretario de gobierno de Zacatecas acusó al gobierno aguascalentense y al alcalde Miguel Varela de alentar las protestas. Ya sabe usted: cuando no hay resultados, siempre aparece el “complot”. Después de lo de Ayuso, uno pensaría que ya habían aprendido a no pelearse gratis con medio mundo, pero parece que en política la soberbia también se recicla.

Porque aquí nadie gobierna pensando en seis años; todos gobiernan pensando en el 2027.

Y precisamente hablando del 2027, la fotografía del pasado 10 de mayo dejó más lecturas que una encuesta cuchareada. Ahí aparecieron los suspirantes al Gobierno del Estado junto a la gobernadora. Bueno… y también el personaje incómodo de la foto: ese operador que llegó como gerente externo, que cobra como ejecutivo de trasnacional y que probablemente en octubre del 27 estará empacando maletas rumbo a San Miguel o a la Ciudad de México.

Eso sí: cuando se vaya dejará vacantes suficientes para organizar una feria del empleo panista. Porque entre amigos, asesores, recomendados y operadores, aquello parece más bolsa de trabajo que administración pública.

La que sí se ve preocupada es la todavía número uno. Y razones no le faltan. Las visitas españolas salieron más caras políticamente de lo esperado, varios proyectos siguen atorados y el desgaste comienza a notarse. Ya lo decía su antecesor: “el tiempo se acaba”. Y en política, cuando el reloj empieza a sonar, hasta los aliados se convierten en auditores.

Mientras tanto, el “caballo negro” que cobra como secretario de gobierno, sigue sin relinchar. Para negro está muy claro y para caballo anda demasiado hormiga. Las encuestas apenas le regalan el margen de error, pero en Palacio todavía fantaseaban con que le quitara puntos al bigotón. Ni una ni otra. ¿Quiza por eso ya se habla de que la Gober tiene un plan B?

Y luego está Leo. Honestamente, más que estrategas necesita vacaciones. Basta verle el rostro: trae un desgaste que parece haber salido de doce rounds con Chávez en sus mejores tiempos. Si la política ya es un deporte de alto riesgo, alguien debería decirle que dormir también cuenta como estrategia electoral.

Porque lo que viene no será una campaña: será una guerra de sucesión con factura adelantada.

Y apenas estamos calentando los frijoles.

 

Aquí dejo esta roca.

Empújela usted.

Yo vuelvo, como siempre.

 

 

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