Esta pregunta hace ruido en mi cabeza: ¿Cuántas dinámicas destructivas hemos hecho parte de nuestra sociedad?
Polarización de géneros, lucha entre gobierno y sociedad, violencia en casa normalizada, machismo e indiferencia emocional, educar por género, desconfianza en las relaciones humanas e inseguridad en cada calle del país.
Crecí cuestionando ciertos “aprendizajes” sociales que, al analizarlas solo nos alejan de lo que debería de ocuparnos realmente.
Cuestionando por qué hablar de emociones parece debilidad. Por qué hacemos parte de nuestras vidas la violencia. Por qué el arte dejó de verse como una necesidad humana y se convirtió en un lujo. Por qué educarnos emocionalmente nunca fue prioridad. Y sobre todo, por qué la educación entre hombres y mujeres es tan diferente, sin darnos las mismas herramientas para enfrentar la vida.
Estos problemas, los he vivido de cerca, y puedo decirte que: El sistema Gubernamental en México vive una contradicción dolorosa: en el discurso promete igualdad, protección y derechos; en la realidad, se experimenta inaccesible, de privilegios y profundamente desigual.
Pero, ¿sabes qué es lo más preocupante?
Que nosotros somos quienes lo han construido. Somos quienes lo hemos permitido, y hemos adoptado estas dinámicas tan destructivas.
Y aquí, es donde comienza la Política: En cómo resolvemos conflictos. En cómo tratamos a quien piensa distinto. En cómo construimos comunidad y en qué proponemos para enfrentar los conflictos sociales.
Soy Isabel Castañeda, y escribo esta primera columna con la intención de abrir conversación. No desde la superioridad moral ni desde el “tener todas las respuestas”, sino desde la profunda necesidad de reflexionar juntos sobre el tipo de sociedad que estamos viviendo.
Porque mientras algunas mujeres luchan por sobrevivir violencia, abandono o abuso, agotadas emocionalmente y sin recursos económicos, hay hombres que aprendieron a relacionarse desde ideas que los dañan y nos dañan, sin educación ni apoyo emocional, empatía y machismo como fórmula en su educación.
Y si no aprendemos a romper ideas heredadas juntos, seguiremos viéndonos como enemigos en lugar de como equipo, 4.5 millones de mujeres seguirán criando hijos sin pareja, seguiran siendo 700 denuncias diarias por violencia familiar, más de 29 mil hombres seguirán muriendo anualmente por alcoholismo, seguiremos contando 10 feminicidios y 20 suicidios de hombres día con día.
Creo profundamente en la educación, pero no solamente en la académica. Creo en una educación que enseñe inteligencia emocional, empatía, pensamiento crítico, sensibilidad artística y humanidad. Una educación sin género. Sin cajas. Sin la obligación absurda de convertirnos en versiones rígidas de lo que “debería” ser un hombre o una mujer.
Esta columna nace desde la inquietud, desde la observación y desde el deseo genuino de transformar conversaciones en nuestra ciudad, Aguascalientes. No pretendo convencerte de todo. Pero sí invitarte a cuestionar conmigo.
Aquí vamos a hablar de emociones, justicia, política, relaciones humanas, violencia, arte, educación y sociedad.
Vamos a incomodarnos un poco. Y ojalá, también, nos encontremos juntos.