Ockman, Hanlon y Peter en Aguascalientes

Desde el Lunar Azul

Excelente lunes post feria, estimado lector. Suponemos que anda usted sobreviviendo entre el suero, el omeprazol y el empeño de la pantalla, porque ni el Monte de Piedad se salvó del espíritu de la transformación y ahí lo tienen: en huelga. Otro “logro histórico” de la 4T, en este país donde todo se inaugura… menos la sensatez.

 

Pero vámonos rápido, que la cruz pase pronto.

Aguascalientes sigue siendo una tierra noble, chambeadora y aguantadora. El problema no es la tierra. El problema son varios de los que cobran por administrarla. Porque mire que este gobierno de Doña Tere Primera ha tenido aciertos, sí, pero también un catálogo bastante amplio de funcionarios que parecen seleccionados en casting de “¿Cómo complicar lo sencillo?”.

Empezamos con Toño “el enamorao”, secretario de Gobierno, que cada vez confirma más el Principio de Peter: todos ascienden hasta alcanzar su nivel de incompetencia. Resulta que tras el desaguisado en la visita de Doña Isabel Primera —la reina de una parte de los gachupines hidrocálidos—, en vez de asumir responsabilidades, salió con la vieja confiable: culpar a Morena de un supuesto compló.

¿Morena en Aguascalientes organizando algo coordinado? Hombre, si las tres gavillas guindas locales no se ponen de acuerdo ni para dividir una cuenta de tacos. Aquí, en el único rincón del país donde hasta Claudia Sheinbaum perdió frente a Xóchitl, venir a vender fantasmas ya parece deporte olímpico.

 

Y es ahí donde uno se pregunta: ¿de verdad nadie le dice a Palacio que ya no todo se arregla inventando enemigos? Porque mientras Arambula anda viendo molinos de viento, los problemas reales siguen creciendo: agua, seguridad, movilidad y un desgaste político que ya se siente hasta en las sobremesas familiares.

 

Por cierto, hablando de agua: el dato duro. Según datos del INEGI y la CONAGUA, Aguascalientes es uno de los estados con mayor estrés hídrico del país; más del 70% del acuífero del Valle de Aguascalientes presenta sobreexplotación. Y mientras la gente pasa semanas sin agua en algunas colonias, la brillante ocurrencia desde Seguridad Pública fue amenazar con cárcel a quienes bloqueen vialidades para protestar.

Ahí apareció el buen Poncharelo, secretario de Seguridad, queriendo jugar al sheriff de cantina. Y claro, su chayotero especial —carísimo de París— le pone la cáscara para que se resbale solito. Porque amenazar con prisión de uno a cuatro años a ciudadanos desesperados por falta de agua no es autoridad; es desconexión total de la realidad.

Entonces surge la duda legítima: si cerrar calles amerita cárcel, ¿cuántos funcionarios tendrían que haber terminado detenidos durante el operativo faraónico de la visita real? Porque cerraron avenidas, templos y hasta parecía estado de sitio. O esas obstrucciones sí eran “premium”.

Y alguien avísele al delegado federal de Gobernación —si es que sigue cobrando y respirando por aquí— que cerrar iglesias para controlar logística también tiene sus bemoles legales. Nomás para que despierte.

 

Luego viene el caso del buen Platino, hoy fiscal. Dicen quienes lo conocen que es hombre de buen trato, quizá demasiado. Porque también le aventaron otra papa caliente: la famosa camionetota blindada con placas de Jalisco “atacada” por ciudadanos furiosos armados con… botellas de PET y desesperación hidrica.

Terrorismo hidrocálido versión Costco.

De verdad hay que tener creatividad para presentar a vecinos sin agua como amenaza táctica contra vehículos blindados de varias toneladas. Ya nada más faltó que les aplicaran protocolo antimisiles.

 

Y mientras tanto, Doña Tere sigue atrapada en esa burbuja tóxica de aplaudidores profesionales que le juran que todo va excelente mientras la calle cuenta otra historia.

Gobernar no es administrar eventos ni operar percepción en Facebook. Gobernar implica escuchar incluso cuando incomoda. Y el problema de los gobiernos que dejan de escuchar es que terminan creyendo sus propias conferencias.

Aún hay tiempo de corregir. Pero para eso se necesita menos soberbia y más calle. Menos propagandistas de nómina y más diálogo con quienes sí padecen la realidad cotidiana.

Porque la represión nunca arregla la falta de agua. Ni el enojo social. Ni el desgaste político.

Y recuerden amiguitos: las pieles delgadas son para la farándula, no para el servicio público.

 

Aquí dejo esta roca.

 

Empújela usted.

Yo vuelvo, como siempre.

 

 

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