Como vimos en los últimos dos artículos, en 1979 el poeta Octavio Paz publicó un ensayo titulado “Posiciones y Contraposiciones: México y Estados Unidos” donde contrastó las experiencias de desarrollo de los dos países, destacando que mientras que EUA es hijo de la Reforma, que marcó el arranque de la modernidad en Occidente, por parte de España México es descendiente de la Contrarreforma. Una características importante de la modernidad en Occidente es su espíritu crítico, incluyendo la autocrítica, y éste ha sido un factor importante detrás de los ya centenarios dinamismo y obsesión con el futuro de EUA. Conscientes de esto, desde nuestra independencia de España varios de nuestros dirigentes han experimentado con diversos marcos institucionales para tratar de compensar nuestras características culturales que parecen ser incompatibles con la modernidad, pero con resultados que con frecuencia se han quedado cortos de los sueños originales. Tres lecciones hemos aprendido: es mucho más fácil escribir planes que cambiar la cultura; los planes deben ser consonantes con la cultura; y la modernidad no está libre de dificultades, especialmente éticas y morales. La Cristiada, una costosa guerra de tres años entre un gobierno que buscaba quebrar el oscurantismo y el fanatismo religioso y un pueblo que se sintió agraviado en su fe, es un ejemplo bueno. Hoy prácticamente totalmente olvidada, su inicio cumplirá su primer centenario el próximo 1 de agosto. Con este artículo empezaremos una serie sobre la historia y la economía moral de la Cristiada.
Las Ciencias Sociales modernas, incluida la Economía, nacieron en el siglo XVIII, y originalmente fueron llamadas Filosofía Moral por la siguiente misión doble: volver más científico el estudio del hombre, y más moral la ciencia. Con el paso del tiempo el rigor científico se volvió mucho más importante a costa de las consideraciones éticas y morales, y, como lo muestra el economista Alvin Roth en su nuevo Moral Economics (publicado en mayo de 2026), el análisis económico sufrió.
Roth motiva su nuevo libro con la historia de los últimos días de Daniel Kahneman (1934-2024), uno de los padres de Behavioral Economics. Kahneman dejó por última vez su hogar en Nueva York en 2024 para pasar el que sería su último cumpleaños junto con su familia en París, de donde se trasladó a Zúrich, en donde un doctor lo auxilió para poner fin a su vida. A través de un amigo periodista supimos, sin detalles, del deseo de Kahneman de evitar lo que parecía sería un largo y penoso declive. Tampoco se conocen detalles sobre el final de sus restos. Dos años más tarde, Roth se pregunta por qué Kahneman no se pudo despedir de este mundo desde su hogar o desde el de su familia, y la razón es que el suicidio asistido es ilegal tanto en EUA como en Francia. ¿Por qué es ilegal? Muy probablemente por ancestrales razones religiosas, hoy, en medio de una significativa secularidad de las sociedades americana y francesa, prácticamente totalmente desconocidas. Entonces Roth se pregunta si no valdría la pena una revaloración social del suicidio asistido.
Habiendo dedicado toda su vida al estudio de la toma de decisiones, seguramente Kahneman estaba perfectamente consciente de lo que quería, y al final lo logró, no sólo asistido por un profesional, sino además de una manera perfectamente legal. ¿Qué ganaron socialmente EUA y Francia de que este suicidio no se haya llevado a cabo en su suelo?, ¿Qué perdió socialmente Suiza facilitándolo?, ¿Más importante, qué perdieron Kahneman y sus seres queridos salvándose de una agonía? No son preguntas fáciles de responder.¿No hubiera sido, al menos desde un punto de vista económico, mejor que Kahneman hubiera podido completar su paso por este mundo desde su hogar o cerca de su familia? Preguntado de otra manera, ¿Podrían EUA y Francia contar con mejores mercados de suicidios asistidos? Responder esta pregunta empieza por definir “mejores”, y es ésta, concluye Roth, una buena oportunidad para apreciar la grandeza de los primeros filósofos morales: ¿Cuándo debería ser la eficiencia económica un criterio suficiente para valorar los mercados?, ¿Cuándo deberían ser necesarios criterios éticos y morales?
En su ensayo de 1927 “The Future of an Illusion”, el gran Sigmund Freud argumentó que no pocas de las respuestas más satisfactorias a las preguntas más interesantes e importantes de la vida provienen de las religiones (a las que Freud llama “ilusiones”): “lo verdaderamente ilusorio es esperar de la Ciencia lo que sabemos que no puede dar”. En este sentido, rescatar del olvido la Economía Moral debería resultar un juego ganar-ganar. En el caso del suicidio asistido, por ejemplo, si concluyéramos que no hay daños colectivos y sí beneficios particulares, seguramente se desarrollarían buenos mercados. En caso contrario, el análisis económico se enriquecería con sólidos principios éticos y morales olvidados pero sabiamente preservados a través del inconsciente colectivo de las tradiciones. Y esto nos lleva a nuestra segunda historia: el trágico conflicto entre el Estado y la Iglesia en México entre 1926 y 1940 conocido como la Cristiada… que empezaremos a recordar y analizar en los siguientes artículos siguiendo al historiador Jean Meyer porque por ahora hemos agotado nuestra dotación semanal de 800 palabras.