Ventana Internacional
En los últimos días las relaciones internacionales de México se han convertido en un escenario en el que se demuestra que el discurso de la soberanía no es suficiente para paliar las intervenciones que vienen de fuera.
No basta con decirlo, el “vamos a defender la soberanía” debe empezar por casa. Hacer lo que se tiene que hacer para no permitir vulnerabilidades que permitan a otros, presionar o recrear narrativas que sirvan a sus intereses particulares y agendas políticas. Hacer política interna con política externa es contrario al espíritu de la diplomacia en su estado más puro.
Dos casos muy analizados en estos días: el de el gobernador de Sinaloa, ahora en licencia Rocha Moya y la visita de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, han forzado a la presidenta de México a hacer discursos en ese sentido, pero no es suficiente.
En el primer caso, el debate se centra en la petición de extradición pedida por Estados Unidos a México, del ciudadano Rocha Moya por una corte de distrito de Nueva York y hecha pública por el Departamento de Justicia de Estados Unidos, al implicar que él y otros de su gobierno, han colaborado con diversos narcotraficantes, entre ellos, al parecer, los chapitos, que son ahora los testigos protegidos que, al parecer, destapan el asunto.
El tema no es menor, se dice que habrán otros destapes de la narcopolítica en México, claro, es año electoral en Estados Unidos y claro que al presidente Trump, no le han salido bien los asuntos con la guerra en Irán. La intervención en este caso se debería de ver como cooperación al más alto nivel. Estados Unidos informa sobre el estado de la cuestión en México y México coopera con la extradición o entrega de los delincuentes, de hecho han sido 92 mexicanos enviados al otro lado de la frontera. Pero es más difícil cuando se trata de aliados políticos del partido gobernante. La extradición requiere pruebas, según el tratado que tienen México y Estados Unidos desde los 80, pero el mensaje de Estados Unidos ha sido claro, van por los políticos también.
De alguna manera el tema ha calado en la opinión pública mexicana, que según una encuesta del periódico Reforma del 6 de mayo, el 57% de los encuestadas estarían de acuerdo con la extradición del ciudadano Rocha, el 62% no cree que sea inocente y el 55% no confía en las investigaciones de su propio gobierno, le creen más a los dichos de los testigos protegidos.
En el segundo caso, la visita a México de la presidenta de la comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, responde más a la política interna española. Una narrativa provocadora, que incluso la lleva a decir México con j que nos hace preguntarnos, ¿por qué una presidenta de una comunidad, Madrid, que puede venir de visita con una agenda más pragmática se enreda en discursos históricos muy polémicos? Al retomar el tema de Hernán Cortez y la conquista de México, se posiciona como la portavoz de la derecha, no solo de su país, España, si no de la derecha iberoamericana. Clara respuesta al encuentro de izquierdas progresistas en Barcelona, llevado a cabo en semanas anteriores y en el cual, se reencauza la relación entre los gobiernos de Pedro Sánchez y Claudia Sheinbaum. Dardos políticos de una y otra parte, secuestro de la Historia de una y otra parte, discursos hacia el interior de una y otra parte, que no dejan más que la sensación en la ciudadania, de ser espectadores de un juego perverso entre ideologías, que se clavan cuchillos a expensas de nuestros sentidos.
Y sí, la defensa de la soberanía y la no intervención han sido y son los pilares de nuestra política exterior. Se asumieron como instrumento de defensa de amenazas expansionistas, militares, verbales, arancelarias, entre otras. Esa defensa, cuando se hace en política exterior para otros pueblos, como en los procesos de descolonización de los países africanos o asiáticos en el siglo XX, le granjearon a México un lugar importante en el multilateralismo universal.
Las dos caras de la moneda principista, la que se utiliza en los foros internacionales para la defensa del vulnerable, o su utilización en la defensa de la patria, que en los casos aquí brevemente mencionados, sería innecesario si se hiciera la chamba. En el primero, no haber dejado que la bola del crimen organizado creciera como creció. Y en el segundo, utilizar la Historia para abrir viejas heridas y buscar reivindicaciones tardías, solo han enmarcado a la defensa de la soberanía y al principio de la no intervención, en una banalidad narrativa que los debilita como instrumento de la política exterior mexicana.