Desde el Lunar Azul
Pues nada, estimados lectores: martes, último de feria, con sueño cortesía de la Banda el Mexicano, los Cumbia Kings y El Duelo. Pero a lo que nos truje, comentocracia.
Ayer en Aguascalientes el agua —esa entelequia— volvió a ser protagonista. O la falta de ella, que es lo mismo pero peor. Para los iletrados del “méjico” con “j” —ese que tanto gusta a Isabel Díaz Ayuso cuando se refiere a los “indios mejicanos”— aquí seguimos siendo mexas, con “X” y con sed.
La escena: vecinos de la colonia España, semanas sin una gota, calor que rebasa los 30 grados, y como respuesta institucional… antimotines. Porque ya se sabe: cuando falta el agua, sobra la policía. Ahí apareció el Ing. Vallín, director del elefante llamado MIAA, intentando calmar ánimos que previamente fueron calentados por la fuerza pública. En los videos —que no mienten— termina resguardado detrás de escudos, no tanto por la furia ciudadana como por la torpeza oficial.
Aquí conviene poner números sobre la mesa: según datos del propio INEGI, más del 20% de los hogares en México enfrenta interrupciones frecuentes en el suministro de agua potable. En Aguascalientes, el problema no es menor: el acuífero del Valle de Aguascalientes presenta un déficit estimado superior a los 200 millones de metros cúbicos anuales según CONAGUA. Traducido: estamos exprimiendo más agua de la que la naturaleza puede reponer. Y eso no se arregla con escudos.
El problema de MIAA ya rebasó al municipio. Y cuando una política pública se convierte en incendio, lo peor que puede hacer la autoridad es fingir que es humo. Da la impresión de que Leo ya tiró la toalla, más ocupado en rendir pleitesía a la visitante ilustre que en garantizar un servicio básico. Porque sí, mientras las tuberías están secas, las alfombras rojas están bien hidratadas.
Y hablando de rumbo perdido, la visita de Doña Isabel merece capítulo aparte. Porque lo suyo no sera visita: sera corte real. Diputados azules convertidos en lacayos tardíos de la corona, el Teatro Morelos —símbolo de soberanía— convertido en salón de selfies para una política extranjera que ha llamado a México “narcoestado” y ha insultado directamente a Claudia Sheinbaum.
Aquí hay una contradicción digna de estudio en ciencia política: por un lado, la gobernadora presume cercanía con el gobierno federal; por otro, abre la puerta a una figura que descalifica a ese mismo gobierno. Es el equivalente diplomático de invitar al enemigo a la mesa… y darle la cabecera.
En términos comparativos, Ayuso es a Madrid lo que la jefa de gobierno es a la CDMX: una figura relevante, sí, pero lejos de ser estadista global. Sin embargo, en Aguascalientes se le tratara como emperatriz. ¿Por qué? Quizá la respuesta esté en esa brújula panista que parece imantada hacia intereses externos, o en la necesidad de construir narrativa opositora con cualquier rostro disponible, aunque venga en vuelo internacional. O la necesidad de que les den descuentos en los prediales de las propiedades que han comprado en el lujoso barrio madrileño de Salamanca. Ju nous, diria Trump.Son preguntas.
Eso sí, fuera de ciertos círculos, la visita no prende. Ni la dirigencia nacional del PAN, ni la Iglesia, ni amplios sectores sociales compraron la puesta en escena de la Malinche. El entusiasmo quedó reducido a personajes como Ricardo Salinas Pliego y la influencer que despacha en la Cuauhtémoc, orgullosa de ser llamada la “Ayuso mexa”. El resto, silencio. O peor: indiferencia.
Mientras tanto, el ciudadano de a pie sigue haciendo filas para pipas, almacenando en cubetas y preguntándose en qué momento el derecho humano al agua, reconocido por la ONU desde 2010, se convirtió en privilegio.
Pero no se distraiga, que luego vienen a vendernos espejitos.
Aquí dejo esta roca.
Empújela usted.
Yo vuelvo, como siempre.