McMafia: el elefante global

Desde el Segundo Piso

En otras ocasiones hemos abordado el tráfico ilícito internacional, desde la mítica Compañía de Indias Orientales hasta las prácticas de los imperios europeos que, mediante patentes de corso, institucionalizaron el saqueo. Aquello no era desorden, era geopolítica con licencia para delinquir. Hoy, aunque con traje distinto, el fenómeno persiste.

Resulta imposible no ver el elefante en la sala. Se pasea por Venezuela, Honduras, “Nueva Yol”(conejo malo dix it) y el Pacífico mexicano. Las redes criminales contemporáneas replican aquella lógica imperial, control de rutas, captura de rentas y expansión territorial sin respeto por fronteras.

Como documenta “McMafia: El Crimen Sin Fronteras” (Misha Glenny) el crimen organizado dejó de ser local para convertirse en una red transnacional articulada. Glenny lo sintetiza con precisión, “el crimen organizado ha seguido la misma ruta que la globalización”. A su vez, otra obra: “Ilícito” de Moises Naim, plantea una idea contundente, “cada nueva prohibición crea una nueva oportunidad de negocio ilícito”. No es retórica; es estructura de mercado.

Los datos son igual de elocuentes. Diversos reportes de seguridad internacional coinciden en que organizaciones criminales mexicanas tienen hoy presencia en más de 90 países. No hablamos solo de narcotráfico, hablamos de tráfico de armas, personas, combustibles, minerales y hasta cadenas logísticas completas infiltradas; Felipe Calderón, lo ha detallado en sus disertaciones. Es una economía paralela que, según estimaciones del Banco Interamericano de Desarrollo, mueve cientos de miles de millones de dólares anuales a escala global.

La implicación es incómoda, su capacidad de corromper autoridades no es un efecto colateral, es una condición operativa. Sin esa lubricación institucional, simplemente no podrían funcionar.

Aterrizando en México, los recientes señalamientos contra el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros funcionarios, sumados al incidente en Chihuahua donde murieron dos agentes vinculados a la CIA en operaciones con autoridades locales, evidencian una tensión estructural.Cooperación opaca frente a crimen globalizado.

No es un tema menor. La historia de la CIA en América Latina, incluido el episodio del Escándalo Irán-Contras, donde se acusa a la CIA de haberle abierto las puertas de la globalización, a los carteles colombianos.Dejó precedentes de intervenciones que, lejos de contener, reconfiguraron mercados ilícitos. La lección es diafana, la opacidad en seguridad internacional suele tener costos diferidos.

Aquí entra un concepto clave. El poder hoy es más fácil de obtener, más difícil de usar y más sencillo de perder. Aplicado al crimen organizado, esto explica por qué estructuras fragmentadas pueden desafiar a Estados completos. Y también por qué los gobiernos, aun con capacidades formales superiores, parecen rebasados.

En el servicio público existe una reglainfalible, la transparencia no es virtud, es mecanismo de supervivencia. Si no hay nada que ocultar, ¿por qué no abrir expedientes, comparecer ante los senados de ambos países y detallar qué hacían agentes extranjeros en territorio nacional y bajo qué marco legal operaban?

Porque sin transparencia, lo que hoy parece una escaramuza diplomática puede escalar a crisis de confianza. Y sin confianza, no hay cooperación eficaz.

Si Estados Unidos busca contener el consumo de drogas interno (que sigue siendo el principal motor del mercado) y México recuperar condiciones mínimas de seguridad para la inversión y la vida cotidiana, la respuesta no puede ser unilateral. Se requiere una arquitectura binacional de justicia, con inteligencia compartida, controles legislativos y trazabilidad operativa. No más zonas grises. Como advirtió Octavio Paz: “la corrupción es la forma moderna de la servidumbre”.

El elefante no solo está en la sala. Lleva años sentado a la mesa. La pregunta no es si lo vemos. La pregunta es quién se atreve a encender la luz.

Autor: Ricardo Heredia Duarte

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