Hace unos días, en Aguascalientes, ese pequeño estado que aprendió a medirse más en exportaciones que en territorio, volvió a encenderse una alerta que muchos ya veían venir. Desde hace décadas, Nissan convirtió a la entidad en uno de sus bastiones productivos tras su llegada desde Morelos. No solo trajo plantas, trajo identidad económica. Más allá de la Feria de San Marcos y los deshilados, la industria automotriz se volvió el motor real de la región. Ahí no solo trabajan hidrocálidos, sino miles de personas de estados vecinos.
Por eso es tema. Porque lo que recientemente se hizo público, aunque ya se sabia, confirma que algo se está moviendo. Nissan reportó pérdidas nacionales y globales por miles de millones de dólares en su último ejercicio, y en México los márgenes han venido presionándose. El cierre de la histórica planta CIVAC en Morelos, con más de 3 mil trabajadores afectados, fue un aviso.
La industria automotriz lleva años sobreviviendo a crisis encadenadas. La pandemia fue solo la más visible. Desde antes, ya se hablaba de la revolución 4.0, de la electrificación y del fin de los motores de combustión. El relato era claro, gasolina y diésel serían reemplazados por sistemas eléctricos. Y sí, el proceso arrancó con fuerza. Pero la realidad (como casi siempre) matizó el entusiasmo.
Los vehículos eléctricos enfrentaron costos elevados, infraestructura insuficiente y dependencia de minerales estratégicos. Eso obligó a las armadoras a recalibrar, hoy el mercado es híbrido, en todos los sentidos. Mientras tanto, China no dudó. Se adelantó varias generaciones en baterías, producción y costos. Hoy controla cerca del 60% del mercado global de baterías, según la International Energy Agency. Occidente, entre regulaciones y complacencias, reaccionó tarde.
Y en medio de esa transición, México enfrenta un frente adicional, el geopolítico.
Con Trump (again) en el poder, el proteccionismo ya no solo fue discurso, ahora es política pública. Aranceles de hasta 25% al sector automotriz han comenzado a tensar la relación comercial. No es menor si se considera que cerca del 80% de las exportaciones automotrices mexicanas tienen como destino Estados Unidos.
El resultado es una tormenta perfecta, disrupción tecnológica, competencia asiática y presión comercial desde el principal socio.
En cifras, el mensaje es claro. México sigue siendo un actor relevante (séptimo productor mundial de automoviles), pero el ritmo se desacelera. En los primeros meses de 2026, la producción automotriz mostró estancamiento, mientras algunas armadoras, incluida Nissan, registraron caídas importantes en volumen. El motor sigue encendido, pero ya no acelera igual.
Durante décadas, el modelo mexicano descansó en tres ventajas, mano de obra competitiva, cercanía con Estados Unidos y estabilidad comercial. Hoy, las tres están bajo presión. No se trata solo de si Nissan se queda o se va. Se trata de si México tiene una estrategia industrial para lo que viene.
Porque lo que está en juego no son plantas, sino capacidades. No son empleos, sino el tipo de empleos que sobrevivirán a esta transición.
¿Hacia dónde ir? Seguramente gobiernos, empresas y sindicatos ya trabajan en rutas de ajuste. Pero la certidumbre es limitada. Hoy, quien logra planear a cinco o diez años puede considerarse afortunado. Aquellos tiempos donde se vendían planes de desarrollo a 50 años hoy suenan a ficción tecnocrática.
Y mientras tanto, seguimos en la vieja costumbre, mirar alrededor para encontrar culpables en lugar de construir soluciones. Sindicatos del siglo pasado que durante décadas administraron inercias, gobiernos que reaccionan tarde y sectores empresariales que apostaron por la comodidad del modelo.
Cierro con una idea simple, poco se podrá hacer si seguimos actuando como espectadores de la crisis. La única salida real pasa por la coordinación, la serenidad y una visión integral.
Porque si este es el primer coletazo, lo que viene no será menor.
En esta nueva era, no gana el que tiene la razón. Gana el que entiende primero que el mundo ya cambió. Darwin nos lo advirtió hace tiempo.