Otredad y modernidad II: el México de nuestros días: ¿Regresión o evolución?

Behavioral Economics.

Kenneth Arrow es uno de mis economistas favoritos del siglo XX, y una razón importante es la historia de su Teorema de Imposibilidad. A saber, trabajando como consultor para el gobierno de EUA en temas de seguridad nacional al finalizar la Segunda Guerra Mundial, un filósofo le preguntó el significado preciso de “nación” en la frase “defender los intereses de la nación”. Arrow le respondió que su pregunta ya había sido resuelta por los economistas, y ofreció al filósofo prepararle una síntesis. Entonces Arrow se dio cuenta de lo poco satisfactorio de las soluciones existentes, y el resultado fue su famoso resultado de imposibilidad: políticas nacionales que dejen satisfechos a todos son, bueno, imposibles. Esta historia viene a colación porque aunque personalmente me incomodan e inquietan varios de los cambios sociales, económicos, y morales que estamos experimentando en estos tiempos en México (y en el mundo en general), no me atrevería a calificarlos incondicionalmente como “retrocesos”. En el artículo anterior contamos que en 1979 Octavio Paz publicó un ensayo titulado “Posiciones y Contraposiciones: México y Estados Unidos”. En esta contraposición de dos experiencias de desarrollo contrastantes, Paz destacó que mientras que EUA nació viendo hacia el futuro con los dos ojos, México lo hicimos con un ojo al futuro y otro al pasado. En el artículo anterior introdujimos el ensayo, y ahora nos ocuparemos de tres lecciones de desarrollo derivadas por Paz de tres siglos de historia en que se basa mi confianza de que, en el gran esquema de las cosas, los tantos cambios y la tanta incertidumbre que caracterizan al México de nuestros días no son errores sino propiedades que históricamente han caracterizado el desarrollo en Occidente.   Tres siglos, tres lecciones: siglo XVIII, los cambios que trascienden requieren tiempo; siglo XIX, los cambios que trascienden requieren consonancia con el pasado; siglo XX, en Occidente históricamente modernidad y cambio han sido sinónimos, pero modernidad y progreso no. Vayamos a los detalles.   EUA es un descendiente civilizatorio de la Reforma y de Inglaterra, México lo es de la Contrarreforma y de España. La Reforma significó para Occidente el inicio de su modernidad, una de cuyas características más importantes ha sido, y sigue siendo, un espíritu crítico que nunca duerme, que lleva a cambio perpetuo y a tener la mira en el futuro siempre. En contraste, si bien pecaríamos de ingenuidad si consideráramos a la Contrarreforma de España como sinónimo de resistencia contra la crítica y obsesión con el pasado, ciertamente fueron parte importante de la historia. En el caso de México, además, hay que agregar una pluralidad de pasados, no sólo vivos, sino también todavía combatiendo dentro de nuestra alma.   Al menos desde las vísperas de nuestra independencia de España, a fines del siglo XVIII, nuestras clases dirigentes han estado conscientes de nuestras “cadenas civilizatorias hacia la inmovilidad y el atraso”, y, una vez independizados, hubo cambios de leyes. Pero nuestras realidades sociales, económicas, y culturales resultaron más difíciles de cambiar, y el progreso no fue el esperado. Lección de desarrollo #1: si las cosas que valen la pena fueran fáciles, cualquiera las haría.   Afortunadamente la enormidad del reto no acabó con nuestros sueños de modernidad, y en el siglo XIX dirigimos nuestra mirada hacia Inglaterra, Francia, y EUA, y abrazamos los principios de liberalismo y democracia. De nueva cuenta, el progreso se quedó corto de las expectativas. Lección de desarrollo #2: los cambios deben estar en consonancia con el pasado, cada quien debe encontrar su propio camino hacia la modernidad. “Dificilísimo… pero no imposible”, agregó Paz.   “Octavio Paz”, ha dicho el escritor Hugo Hiriart, “tenía el don rarísimo en casi todo tiempo y lugar de comprender a profundidad el presente”, y con el beneficio de poder ver hacia atrás, para 1979 ya parecía vislumbrar las crisis de Rusia de fines del siglo XX y las crisis de EUA de principios del XXI (incluyendo las actuales): “hoy [1979] Inglaterra, Francia, y EUA dudan, vacilan, y no encuentran su camino: la enfermedad de Occidente, más que social y económica, es moral”. Lección de desarrollo #3: modernidad no implica progreso… pero ayuda.   ¿Y ahora?, ¿Hacia dónde deberíamos mirar? “Cada vez que una sociedad se encuentra en crisis, vuelve instintivamente los ojos hacia sus orígenes y busca en ellos ya que no respuestas, signos, indicaciones”, dijo Paz en 1979. Yo estoy convencido de que, en medio de numerosos pasos hacia adelante y no menos pasos hacia atrás, el saldo neto de tres siglos de experimentos de desarrollo entre los siglos XVIII y XX ha sido positivo, y que nuestros abuelos nos dejaron la siguiente indicación: a ellos nunca los paralizaron ni la enormidad de los retos ni darse cuenta de la imposibilidad de vivir para poder disfrutar todos los frutos de sus ideas y esfuerzos, y lo mínimo que esperan de nosotros es que tampoco nos rindamos ante las no pocas dificultades que estamos experimentando en estos tiempos, y que nos esforcemos no sólo por nosotros sino además, y tal vez más importante, por nuestros hijos.  
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