El fin de la educación primaria marca para millones de niñas en Afganistán el cierre definitivo de su etapa escolar. Desde que los talibanes llegaron al poder en agosto de 2021, el régimen ha prohibido a las mujeres continuar sus estudios más allá del sexto grado.
Con este inicio de curso, se cumplen cuatro años y medio de restricciones, en lo que supone ya el quinto año escolar consecutivo perdido para toda una generación de estudiantes.
"Aprobé sexto grado y pasé a séptimo, pero lamentablemente el séptimo grado no existe para nosotras", dijo a EFE Muzhda Rahimi, una estudiante de 13 años en Kabul. "Después de esto, me quedaré en casa".
Lo que parecería inimaginable en cualquier otro lugar se ha convertido en una dolorosa realidad en Afganistán, donde muchas niñas ahora esperan suspender sus exámenes sólo para poder permanecer en la escuela un año más.
"Puede sonar extraño para el mundo, pero yo no quería graduarme de sexto grado", dijo Muzhda. "Incluso les dije a mis profesores que quería suspender. Nuestros profesores no estuvieron de acuerdo, me dijeron que reprobar no era una solución", añadió. "Pero estar privada de educación tampoco es vida".
Para Muzhda, el aula representaba mucho más que libros de texto y exámenes. Era un lugar donde imaginaba convertirse en alguien en el futuro: médica, profesora, quizás periodista. Ahora, dice, su futuro se siente suspendido en la incertidumbre.
Para las familias con suficientes medios económicos, los seminarios religiosos, que operan con autorización del Ministerio de Asuntos Religiosos del Gobierno de facto talibán, se han convertido en una de las pocas vías restantes para mantener a sus hijas conectadas con la educación.
Estas instituciones son vistas a menudo por los padres como un puente frágil entre la restricción y la aspiración, una forma, aunque limitada, de preservar el vínculo de sus hijas con el aprendizaje y sus esperanzas futuras.
"Yo quería ser una científica que pudiera ayudar a mi país", dijo Lima, una estudiante de 13 años en Kabul que asiste a un seminario con su hermana menor. "Ahora solo se me permite estudiar en un seminario religioso, pero sigo tratando de aferrarme a mi sueño llevando mis libros de estudio conmigo".
Decidida a no abandonar sus ambiciones, la familia de Lima ha contratado a un profesor particular para ayudarla a continuar estudiando.
"A veces no llevamos nuestros libros escolares con nosotros, solo algunos libros del seminario", dijo Lima. "Dejamos nuestros libros reales en el seminario para que nadie sospeche en el camino".
Para las niñas que ya estaban en grados superiores cuando cerraron las escuelas, el destino es quedarse en casa. Sharifa, ahora de 17 años, ha pasado casi cuatro años y medio sin ir a clase después de que su escuela cerrara tras la decisión de los talibanes.
"Sabes lo difícil que es esperar", relata a EFE Sharifa. "Cada año pensamos que tal vez este año será diferente, pero ahora parece una ilusión".
El jueves, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA) renovó sus llamamientos a los talibanes para que revoquen la prohibición.
"Cuatro años y medio después, una generación de niñas afganas sigue sin ir a la escuela (...) La UNAMA insta a la revocación inmediata de la prohibición. La educación es clave para los empleos, la innovación y un futuro estable para Afganistán", señaló la UNAMA en una publicación en X.
En septiembre de 2021, las escuelas secundarias reabrieron solo para niños, mientras las niñas quedaron fuera de la escuela secundaria de manera indefinida.
La UNESCO y UNICEF, en una declaración conjunta el pasado enero, afirmaron que 2,2 millones de niñas adolescentes han sido excluidas de asistir a la escuela secundaria desde la imposición del Emirato Islámico.
Afganistán, un país ya castigado por décadas de guerra, pobreza e inestabilidad, sigue siendo el único país del mundo donde las niñas tienen oficialmente prohibida la educación más allá de la escuela primaria.