'Inteligencia artificial y mentes diversas: ¿aliadas o atajos peligrosos?'

Opinión

En los últimos años, la inteligencia artificial ha dejado de ser una promesa lejana para convertirse en una presencia cotidiana. Hoy, niños, adolescentes y adultos interactúan con sistemas capaces de responder, resolver, explicar y hasta anticipar necesidades en cuestión de segundos.

 

La pregunta ya no es si debemos usarla… sino cómo.

En el ámbito educativo, su potencial es enorme. Para personas con TDAH, por ejemplo, puede representar una herramienta de organización, apoyo en la atención y estructuración de tareas. En el caso del espectro autista, puede facilitar procesos de comunicación, anticipación de rutinas y acceso a información de manera clara y directa.

 

Sin embargo, toda herramienta poderosa exige una mirada crítica.

La inteligencia artificial no solo responde… también acelera. Y en una cultura que ya padece la urgencia de lo inmediato, su uso sin mediación puede profundizar un problema silencioso: la dificultad para sostener la espera, el esfuerzo y la construcción del pensamiento.

 

Particularmente en niños y jóvenes con estilos de procesamiento distintos, como ocurre en la neurodivergencia, el riesgo no está en la herramienta en sí… sino en el uso que hacemos de ella.

 

¿Estamos acompañando procesos… o sustituyéndolos?

Un niño con TDAH no necesita únicamente respuestas rápidas; necesita aprender a organizar su mundo interno. Una persona dentro del espectro autista no solo requiere claridad externa; necesita espacios seguros donde pueda construir sentido a su manera.

 

La tecnología puede apoyar… pero no puede vincular.

Y sin vínculo, no hay aprendizaje profundo.

 

Aquí se encuentra el desafío de una nueva educación: integrar la inteligencia artificial sin renunciar a lo esencialmente humano. No se trata de rechazarla, sino de ubicarla en su lugar. Como herramienta, no como sustituto.

 

Porque el desarrollo no ocurre en la inmediatez de una respuesta automática…ocurre en el intervalo, en la pausa, en la posibilidad de pensar.

 

Tal vez la pregunta más importante no sea qué tan inteligente es la tecnología… sino qué estamos dejando de desarrollar en nosotros cuando todo se vuelve instantáneo.

En este cruce entre mente, tecnología y educación, emerge una necesidad urgente: volver a mirar al ser humano en su complejidad, en su diferencia, en su ritmo.

 

Próximamente, estas reflexiones formarán parte de un trabajo más amplio donde se abordará el TDAH no como un problema a corregir, sino como una forma de estar en el mundo que necesita ser comprendida desde una mirada más humana, relacional y ética.

 

Porque, al final, no se trata de competir con la inteligencia artificial…sino de no olvidar lo que nos hace profundamente humanos.

 

Dr. José Mauricio López López

Psicólogo Clínico | Psicoanalista | Doctor en Educación

 

 

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