El declive de una figura pública como Arturo Ávila no puede leerse como una campaña de los adversarios del oficialismo, eso es seguir el discurso polarizante en que el vocero del morenismo es un maestro; tampoco es resultado de sus relaciones personales, eso es leer por encima las razones que Carlos Loret de Mola expuso en su columna: que ya le había llenado el buche de piedritas a la Precisa con A con su protagonismo desaforado; la desgracia de Arturo Ávila es multicausal y se puede resumir en una sola palabra: karma.
Nadie puede negar el talento propagandístico de Arturo Ávila, pero esa capacidad no la supo convertir en victorias electorales ni en iniciativas aprobadas en la Cámara de Diputados, lo más que consiguió fue presencia mediática. Al vocero lo vemos hasta en la sopa justificando lo que se le ordene, manipulando las estadísticas, callando a sus adversarios, haciéndose la víctima, lo que tampoco pudo transformar en presencia territorial, nomás le alcanzó para inflar su ego y creerse merecedor de una candidatura en donde rindieran más efectos las bardas que lo promueven pero que él no mandó a pintar, la alcaldía Cuauhtémoc o el gobierno de Aguascalientes.
Espuma
La espuma de la Santa Feria se le subió a Arturo Ávila y terminó por provocar su caída. No hay duda de que el vocero tiene oportunidad de recuperarse, pero sólo si mantiene la cabeza fría, no como todas las veces que trató de quitarse el mote de Cero Votos; y lo que hasta ahora se ve, es que tiene que aprender a respirar y cambiar la cerveza por té de valeriana, porque le siguen saltando las venas en la frente cuando mencionan la columna de Carlos Loret de Mola… suerte con eso.
Suerte también para quienes se vieron afectados por la espuma de Arturo Ávila acá en Aguascalientes. Con el despido de Luisa María Alcalde de la dirigencia nacional de Morena, aparejado con el declive del vocero, lo que hasta hace un par de días se portaba como estrellita en la frente para reclamar alguna candidatura en Aguascalientes, hoy se vuelve una carga en las aspiraciones del puñado de arturistas que le prendieron su veladora.
Hoy ya no hay duda que, para la gubernatura, se fortaleció la maestra Nora Ruvalcaba y, prácticamente, no hay quien le compita la candidatura, bueno, sí, ahí están levantadas las manos de Salma Luévano y Ricardo Rodríguez Vargas (no se ría, por favor), quienes están haciendo su luchita, una destapándose en programas de radio y apareciendo en cuanta foto pueda para abrogarse inversiones que aún están por llegar; el otro creyéndose el cuento de que en Morena no se trata de quién sea más conocido, sino quien tenga competitividad y que pueda ejercer un buen gobierno (ni modo, ya ríase) .
Lastres
El único estorbo que tiene Nora Ruvalcaba en este momento es su esposo, el discapacitado Fernando Alférez que se empeña en ser el Gerardo Fernández Noroña de Aguascalientes. El último numerito fue saltarse el protocolo de seguridad del Congreso, con la misma enjundia que cuando Noroña orinaba en una coladera para no pagar por un baño y con argumentos similares a cuando el senador se negó a pagar el impuesto de un juguito, así de ramplón el argumento de Alférez Barbosa al negarse al registro porque el Palacio Legislativo es un “edificio público”... Tan lelo Fernando Alférez, cuando podía haber alegado que no vio el punto de control, a ver cuántas piedritas más acumula en el bolso de Nora Ruvalcaba.
Así como el aspirante a Primer Damo es un lastre, igual funciona Arturo Ávila para las aspiraciones de la diputada Ana Gómez, a quien hasta hace poco se le incluía en la lista de suspirantes a la alcaldía capitalina nomás por contar con el visto bueno del vocero morenita. Caso contrario de la también diputada Alejandra Peña, quien a últimas fechas intenta deslindarse del Cero Iniciativas, pero quién sabe si le alcance para dar pelea a los consentidos de Nora Ruvalcaba, como Gilberto Gutiérrez, a quien le juega en contra que lleva demasiado tiempo jugando a ser maceta de pasillo, quesque porque calladito se ve más bonito.
Allá en el Rancho Grande
Ante las escasas posibilidades de que los afectos de Nora Ruvalcaba puedan beneficiar a Gilberto Gutiérrez con algo más que una pluri en el Congreso local, no falta quien voltee hacia la pareja Ivón González y Aldo Ruiz, como beneficiarios del descenso en las simpatías de Arturo Ávila. Desde siempre en las encuestas pero con nulas posibilidades, Aldo Ruiz podría conformarse con lanzarse por la alcaldía capitalina en vez de la gubernatura y así dejar de estar dando lata a Nora Ruvalcaba. Con el inconveniente de que de ser así, se vendría un dramón campirano como los de antes.
Para ir por la presidencia municipal de Aguascalientes, el caballerango del Bienestar tendría que enfrentar a su esposa, la expriista regidora lleva un buen rato intentando posicionarse como la indicada en Morena para suceder en el puesto a Leonardo Montañez Castro, sin mucho éxito, para ser sinceros; como están las cosas, no queremos imaginar cómo será la discusión de quién va a asaltar Palacio Chico, aunque en una de esas, Ivón González le compra un pony a Aldo Ruiz y el neocharro queda satisfecho. Ya se verá.
Karma
Entre bardas que nadie pintó, candidaturas que nadie pidió y lealtades que duran lo que un jaripeo, se va acomodando el tablero. Lo que ayer parecía estructura hoy estorba; lo que se presumía como cercanía, ahora pesa como evidencia. Todos creen jugar su propio juego, pero terminan en el espectáculo de alguien más. Al final, ya no importa quién gritó más fuerte o salió más en la foto, sino quién entendió a tiempo que la propaganda no sustituye al territorio ni el protagonismo construye destino. A Arturo Ávila le alcanzó para hacerse visible, no para hacerse imprescindible. Esa es la diferencia entre subir… y sostenerse.
Moraleja: El poder prestado infla; el poder construido sostiene. Todo lo demás… cobra factura.
Aquí dejo esta roca.
Luego la empujamos. H
oy toca Santa Feria.
El lunes volvemos. Como siempre.