Fútbol, negocio y memoria

Desde el Segundo Piso

A siete semanas del Mundial 2026, el primero con 48 selecciones y 104 partidos,el país llega con el motor económico apenas encendido, el INEGI reportó en su IOAE de marzo un crecimiento prácticamente nulo. Entre tanto, la agenda pública sigue atrapada en la refriega cotidiana de la mañanera contra los “comentócratas de la oposición”. En medio de ese ruido, apareció un recordatorio luminoso de lo esencial.

El 19 de abril de 1989, antes de la semifinal de Copa UEFA entre el Napoli y el  Bayern Munich, Diego Armando Maradona salió a “calentar” y convirtió la cancha en escenario al ritmo de “Live is Life”. No entrenó, jugó con la pelota como si le hablara. Ahí caben dos verdades incómodas, el genio es irreverente y el juego, cuando es auténtico, no necesita permiso.

Lo digo desde la memoria del llano,con esa carrera truncada por “la rodilla” que nos alcanzó a muchos. El fútbol era calle, tiempo elástico y comunidad. Hoy, las redes nos conectan sin tocarnos; y las calles, antes invadidas por ejércitos de niños, se vaciaron. No es nostalgia hueca, es dato duro y contexto. En México, más del 60% de los menores declara hacer menos actividad física de la recomendada (OMS), y la inseguridad urbana figura entre las principales razones para no usar espacios públicos. La ecuación es clara, menos calle, menos juego; más pantalla, menos comunidad.

El Mundial llega con cifras que marean; la derrama global estimada por la FIFA supera los 11 mil millones de dólares; pero la distribución importa. México albergará 13 de 104 partidos (apenas 12.5%), mientras que Estados Unidos concentrará la mayoría de encuentros y la final. No es casualidad, es el centro de gravedad del negocio. La industria del deporte en México ronda 2% del PIB, pero su estructura es frágil, concentración de derechos, estadios concesionados y una Liga MX que abolió el ascenso/descenso, reduciendo la meritocracia competitiva.

Ahí se cruza lo deportivo con lo político. La conversación pública (oficialismo vs. Oposición) simplifica, pero el fenómeno es más hondo, captura de rentas, regulación laxa y una política urbana que no protege el espacio común. Mientras debatimos narrativas, el fútbol del barrio se privatiza en academias, el talento se filtra por capacidad de pago y el espectáculo se empaqueta para televisión. Lo que se perdió no es sólo romanticismo, es capital social.

No todo está escrito. El Mundial puede ser palanca si se usa para reactivar canchas, iluminar barrios y volver a poner la pelota en la calle. Políticas públicas concretas, con inversión en infraestructura barrial, horarios seguros, ligas escolares y transparencia en el uso de recursos vinculados al evento. Menos renders, más porterías. Mas afición, menos comercialización.

Ese Maradona, impertinente, caótico, sublime,nos recuerda que el fútbol, antes que industria, es juego. Si 2026 no logra devolverle algo de esa verdada nuestras ciudades, será un torneo rentable y culturalmente pobre. Porque como dijo Diego Armando Maradona “La pelota no se mancha.”

 

Autor: Ricardo Heredia Duarte

 

 

 

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